Charlamos con el icónico locutor, periodista y escritor Julio Lagos, quien nos cuenta cómo fueron sus inicios, la importancia del público y la gente para el periodismo, su trayectoria y sus proyectos.

“El motorcito de nosotros es la curiosidad y eso se manifiesta desde chico, y más si recibís estímulos, mas allá de lo que puedas traer de fábrica. Mi papá trabajaba en el diario El Mundo, y el diario como objeto estaba en mi casa todos los días, y yo ya lo miraba aun sin saber leer”, describe con una sonrisa Lagos.

“En el diario El Mundo salía uno que escribía en primera persona y le dije a mi papá: ‘Quiero escribir en el diario y ver a ese que escribe en la contratapa’. Tantas veces se lo dije que fue a hablar y lo autorizaron a llevarme, pero no fui como hijo del corrector sino como aspirante. Esperé un rato largo y el señor ese me atendió y le dije: ‘En este diario nadie escribe bien, usted tampoco’. Y el tipo en lugar de echarme me dijo: ‘Venga y escriba usted’. Y así fue que escribí mi primera nota, que fue horrible. Ese tipo era Bernardo Neustadt, y fue él que me dio la primera oportunidad y siempre le voy a agradecer porque siempre es bueno dar oportunidades“, recuerda con mucha nostalgia y orgullo el escritor sobre aquella experiencia con el polémico y legendario periodista, conductor de Tiempo Nuevo, primer programa periodístico de opinión política en televisión.

Años más tarde, en la vida del deslumbrante Julio, decidió rumbear por la ruta del deporte, no solo haciendo relatos sino también probando sus “dotes” en un cuadro: “Ya siendo adolescente, se había puesto de moda el relato deportivo a lo Pepe Peña y Dante Panzeri y, en ese entonces, me llegué a probar en las inferiores de Boca Juniors. El entrenador, José “Pepe” D’Amico, con dos palabras definió mi destino: ‘Andate, pibe’. Y a partir de eso taché la doble y quise ser periodista deportivo y dejar los botines”, relata risueño el locutor.

En medio de la charla, reflexiona sobre un término no muy escuchado pero interesantísimo de conocer para aquel que ignora su significado: suscitar. Y él lo define así: “Vivir de lo que uno ama es un milagro providencial. Hay un filósofo (que fue el primero en traer la medicina china a la Argentina) que una vez me dijo: ‘La palabra fundamental es suscitar, que significa tratar de encontrar aquello que está en el otro medio oculto y hacer que crezca y se desarrolle. Cuando suscitás, le das la libertad de que siga creciendo a tu prójimo y cree su propio destino, de adentro para afuera”.

Radio Municipal dio inicio a su largo desempeño en radio y él recuerda su paso por allí con mucho cariño y agradecimiento: “En la época que estuve, trabajaban Aníbal Troilo, Astor Piazzolla, Edmundo Rivero, Atahualpa Yupanqui, Jorge Luis Borges, Ernesto Sábato. Fue una vacuna de cultura extraordinaria que no termina nunca, lo absorbés como esponja. En esos años te pedían que para estar frente a un micrófono tenías que ser locutor, fui al ISER, di el examen de ingreso y me bocharon. Esperé un año, volví a rendir y entré y ahí tuve grandes compañeros como Fernando Bravo, que hoy es un entrañable amigo”.

En cuanto al alcance de los medios, clásicos y alternativos o por internet, Lagos considera que «nosotros tenemos la suerte de estar en este momento en donde lo importante es la comunicación, más allá del elemento, más allá del instrumento. Un día aprendiste a escribir, otro día a hablar, otro a sacar una foto y ninguno de esos saberes se olvida y se van complementando. El trabajo del periodista no tiene límites hoy. A mí siempre me interesa tener más público porque lo cuantitativo, cuando es muy cuantitativo, se convierte en cualitativo”. “Yo creo cada vez más en la comunicación, sobre todo porque vivimos en un país extraordinario pero que está desintegrado e incomunicado. Nosotros tenemos una arruga demográfica en el área metropolitana… ¿qué elementos pueden integrar? Yo creo en dos: el ferrocarril y la radio”, asegura el locutor y prestigioso periodista desde su vasta experiencia en la labor.

Respecto a su experiencia de aquel 7 de junio de 1980 en el primer vuelo transpolar hecho por Aerolíneas Argentinas, relata y se cuestiona: “¿En qué lugar está la Argentina? De acuerdo al planisferio, Argentina está abajo a la izquierda pero eso es una arbitrariedad. Si mirás el país poniéndote en el punto cenital, Oriente no está tan lejos. Hasta que Mario Luis Olleza, el loco Olleza, fue el primero que dijo: ‘Hay que pensar en el vuelo transpolar’ y lo hizo por primera vez él. Llegó en un avioncito al Polo Sur. El primer vuelo de aerolíneas lo transmití por radio, desde el avión, en pocas horas llegamos a Oakland y por primera vez estaba la palabra Argentina en el aeropuerto. Es inolvidable”.

En 1967 escribió su primer libro «Qué hacés, Buenos Aires», un libro de fotos de la provincia, con el prólogo escrito por el gran Aníbal Troilo. Más tarde, salió «En vivo y en directo», que es un libro de reportajes a grandes figuras como Pablo Neruda, «Cacho» Fontana y Arturo Frondizi, entre otros. Entre algunas de sus obras, también se encuentra «Corazón de radio», que muchas facultades utilizan como libro de texto en sus programas. Sobre sus últimas creaciones se pueden encontrar en cualquier librería del país «El misterio del estadio Ebro» y «Estuve allí».

Sobre los medios más conocidos (canales de televisión, programas de radio y periódicos) considera que están muy politizados y monopolizados y aconseja: “Mirar por arriba del horizonte qué nos plantean: sus sumarios y contenidos son un poco aburridos, siempre se habla de lo mismo y hay un elenco estable de 50 personas de los que siempre se habla pero a mí, como periodista, lo que me interesa y tiene que importar es el público, no los famosos”. Y agrega con firmeza: “Hoy en día la radio está invadida por la política, lamentablemente, por eso uno termina haciendo podcast pero se pierde la magia del vivo. Me interesa reflejar las economías regionales de cada lugar donde yo puedo llegar a través de esta comunicación, por ejemplo, y suscitar en aquel que no conozco la posibilidad de que me cuente”.

En cuanto a sus proyectos futuros, relata que su “ilusión” “es hacer un programa al mediodía, para concentrar el público que está almorzando, ya que es el momento de la pausa, la gente baja un cambio, y en nuestro huso horario estaríamos en la mañana de los Estados Unidos con mucho público latino, y para el oeste está Europa y justo cuando cae la tarde. Yo quiero ser ese locutor que trabaja para una audiencia monumental en cualquier lugar del mundo”.

El maestro del periodismo, además de transmitir a la perfección sus anécdotas y permitirnos viajar con sus relatos a cada rincón del país, a cada redacción y cada estudio de radio que tuvo la suerte de tenerlo deambulando por ahí, porta la bandera más importante de todas: la humildad de los grandes. Por eso, cierra la charla con una reflexión que no hace más que afirmar ese mástil imaginario e izar esa bandera aún más alta: “Yo doy gracias todo el tiempo, y no es conformismo. «Agradezco, por ejemplo, ser argentino, porque gracias a mi sociedad, a mi pueblo, el pibe que era yo sentado en el umbral de la casa de mis viejos en el Pasaje de las Ciencias en el barrio de Parque Chacabuco, puede tener el honor de estar hablando con ustedes. No es mérito mío, es mérito de la sociedad a la que pertenezco. Por eso hoy y siempre, viva Argentina”.