Todo comenzó el viernes 19 de julio por la tarde, cuando conocimos a través de los diversos medios de comunicación la desaparición de la mujer de 38 años.
Su familia se encargó de transmitir la desesperación de no conocer el paradero de Susana Leiva, madre de 2 chiquitos de diez y un año. Ella salió ese viernes de su domicilio en la localidad bonaerense de Temperley para dirigirse a su trabajo en el barrio porteño de Recoleta.
Susana LeivaSegún Alberto Ponce, esposo y padre del hijo más pequeño de Leiva, Susana se retiró de la casa que compartían en la calle Blanco Encalada al 200 (en el sur del Conurbano bonaerense), alrededor de las 8 de la mañana. Sin embargo, Susana nunca llegó a la vivienda en la que trabajaba como empleada doméstica y eso fue lo que llamó la atención de su jefa, quien explicó que la mujer era muy trabajadora y cumplidora. Asimismo, aseguró que los días en que Susana asistía siempre llevaba a su hijo más pequeño.
Por la tarde del 19 de julio, al denunciarse la desaparición de la mujer, las hermanas Leiva se encargaron de acusar sin titubeos a su propio cuñado, quien se encontraba muy tranquilo mientras ellas se encontraban en búsqueda de Susana por los distintos hospitales y morgues. Angelina Leiva fue quien, frente a los medios televisivos y radiales que cubrían la desaparición de su hermana, acusó a Ponce de ser demasiado celoso y que, a raíz de esto, Susana había barajado la idea de separarse de él, algo que no tenía muy contento a su marido. Un dato curioso (que se conoció durante el transcurrir de las horas) y que hizo sospechar a las hermanas de la víctima es que en la casa estaba el celular de Susana y su hijo menor, a quien llevaba todas partes. Además, Alberto Ponce (que ejerce como encargado de un edificio en la Ciudad de Buenos Aires) aseguró: «no fui a trabajar porque me iba a quedar con los chicos. Me dolía mucho la cintura, iba a pedir un médico».
Durante el fin de semana posterior a la desaparición de Susana Leiva, toda la familia se encargó de buscar, de seguir cada indicio que apareciera para encontrar a la joven con vida. Asimismo, su marido el sábado a la mañana radicó ante la policía el pedido de averiguación de paradero de Susana.
Susana LeivaEl miércoles 24, tras 5 días de no tener pistas sobre el paradero de Leiva, policías de la Departamental de Lomas de Zamora y de la división Canes allanaron la vivienda ubicada en Blanco Encalada (en Temperley) por orden del fiscal de ese distrito, Héctor Toneguzzo. A la hora de entrar se encontraron con que el esposo de Leiva no se hallaba en el domicilio y, al inspeccionar el terreno que ocupa la casa, uno de los perros de la policía se dirigió al pozo ciego ubicado en el jardín posterior de la vivienda. En ese lugar se encontró el cuerpo de Susana Leiva y, a partir de allí, se ordenó el pedido de captura para el esposo de la mujer fallecida.
Menos de 12 horas después del trágico hallazgo, Alberto Ponce fue apresado en el barrio porteño de Constitución por la Policía Federal, ya que el sospechoso del asesinato de Leiva fue reconocido por transeúntes que circulaban por allí y dieron aviso a los efectivos.
En el momento de la detención, al hombre de 40 años se le incautó marihuana y fue detenido en la Seccional 16 hasta que se dispuso el traslado a la provincia de Buenos Aires. Horas más tarde de ser detenido, trascendió a través de fuentes de las fuerzas de seguridad que Alberto Ponce habría dicho “yo no quería llegar a esto” y “se me fue la mano, no quería matarla”.
Luego de la autopsia que se le realizó al cuerpo de Leiva se determinó que previo a la muerte le infringieron 4 puntazos que produjeron hemorragia interna, tenía marcas de quemadura de cigarrillo y arañazos en su cuerpo. Sin embargo, Susana Leiva murió por un paro cardiorrespiratorio a causa de un estrangulamiento manual.
Alberto PoncesMenos de 24 horas antes del macabro encuentro del cuerpo de la mujer de 38 años en el pozo séptico de la casa, el marido, y hoy único acusado de matar a Leiva,  dijo a los medios televisivos: «Yo estoy esperando acá, tengo el bebé ahí adentro. La verdad no sabemos más qué hacer», además de asegurar que “yo sentí que me dijo chau, papi, me voy, y se fue», algo que los investigadores no creyeron, ya que opinaban que Leiva jamás habría salido de su domicilio. Lo último fue comprobado en la autopsia, que determinó como hora de defunción de Susana Beatriz Leiva las 2 de la madrugada del mismo viernes.
A la hora de declarar frente al fiscal Toneguzzo, aunque se especulaba con que repitiera la presunta autoincriminación, Ponce prefirió seguir los consejos de su defensor y negarse a declarar. Por el momento, el imputado en el caso sigue detenido con la caratula “homicidio calificado” con la imagen de femicidio que, a partir de la reforma del Inciso 1 del Artículo 80 del Código Penal, impone prisión perpetua por el hecho de matar a la persona con quien mantiene o ha mantenido una relación de pareja.
Susana LeivaEste caso en el que la víctima tiene nombre y apellido y es conocido por todos no es un hecho aislado, ya que en nuestro país cada 35 horas (según un estudio realizado por Asociación Civil La Casa el Encuentro durante los últimos 5 años) muere una mujer a causa de violencia de género y suman (desde 2008) 1.236. El femicidio es “el asesinato cometido por un hombre hacia una mujer a quien considera de su propiedad». Además, existen otro tipos de víctimas: las colaterales. En esta categoría se agrupan los 703 hijos que se quedaron sin madre, de los cuales 460 eran menores de edad.

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