Esta semana CINEAR suma a su sección de estrenos «Lina de Lima», una película chilena dirigida por María Paz González que apuesta a un formato jugado para representar la intimidad de una empleada doméstica.

Se acercan las Fiestas y Lina (Magaly Solier), que trabaja para una familia acomodada de Chile, se prepara para volver a Perú a pasar fin de año junto a su hijo adolescente. Desde los primeros minutos nos encontramos con un film partido en dos registros: por un lado, un retrato de ficción que se acerca al tono de documental de observación y, por otra parte, se nos presentan intervenciones abruptas de números musicales con un espíritu totalmente opuesto.

Sobre los momentos musicales podemos añadir que su puesta no es ni lo suficientemente modesta para empalmar con el resto de la película ni tampoco tan interesante como para destacar su despliegue audiovisual, por lo cual es difícil entender la funcionalidad de esta llamativa idea.

Con aire de Cleo

En lo que refiere a empleadas domésticas, mejor conocidas como «la chica que ayuda en casa», pocas veces la pantalla grande les dio un lugar distinto del de la torpeza, el acento grueso, lo descolorido y la cabeza gacha. Sin embargo, hace poco apareció Cleo (Yalitza Aparicio) que en «Roma» de Alfonso Cuarón mostraba la cara de los deseos soslayados y doblegados por las familias empleadoras.

Hablamos entonces con «Roma» de esas mujeres que se convierten en protectoras de los intereses de hogares que no son suyos, de la crianza de niños, mientras los propios quizás están lejos y que, en esa ecuación, ellas viven una ilusión de familia en la que se finge que son un miembro más pero en donde realmente no se les permite la libertad de ser personas con opiniones y deseos.

En «Lina de Lima» hay algo de esto, el núcleo de la película pone el foco en el deseo y, sin embargo, el registro casi documental se presenta como una llanura espiralada, que se traduce en una narración sin progresión y que vuelve sobre una única premisa una y otra vez.

Además, lo plano de la historia traduce la intención de sutileza en algo con gusto a poco y la propuesta de contraste deviene en una contradicción de ideas.