Los «homenajes» llegan los días que se cumple un nuevo aniversario de la muerte de una persona. Sin embargo, creo que es momento de romper con todo eso y festejar el día de los nacimientos o, por lo menos, hacerlo en el caso de José Alberto Iglesias, más conocido como «Tanguito», «Donovan», «Susano» o «Ramsés VII».
El pibe nació el 16 de septiembre de 1946 en una humilde casa de la localidad de Caseros, sin saber que se convertiría en unos años en el «Hombre Restante», sin saber que el destino lo iba a obligar a superar el caos de la guerra para quedarse en la tierra para ver qué pasaba y llorar. Por suerte, la melancolía se volcó a una guitarra y a una voz ronca, de buen falsete y honestidad brutal. Cosas del destino hicieron que se convierta en el primer mito y leyenda de la patria rockera.
El pequeño José bailaba las primeras canciones en el patio de su casa, componía y se negaba a empezar el secundario, incluso uno de sus profesores le recomendó a la madre que lo mande a estudiar música, porque lo único que hacía era componer canciones. Evidentemente, no le gustaba estudiar y por eso se ganaba la vida como vendedor callejero. Hasta que vio en el diario un anuncio de Los Dukes y, con 16 años, se presentó con un tema llamado «Mi Pancha» y quedó como la voz de ese grupo. Además, interpretó una canción de Palito Ortega: «Decí por qué no querés».
«Mi Pancha»

«Decí por qué no querés»

Los DukesEn «Tanguito, la verdadera historia» de Víctor Pintos, uno de los fundadores de esa banda contó que José había quedado por «su voz ronca y un personaje», además del sentido comercial que le había encontrado. El largo y ondulado camino a La Cueva llegó por una presentación en Flores, un show que deslumbró al manager de Los Gatos, padres del rock nacional con Litto Nebbia a la cabeza. Aquel bar subterráneo de la calle Pueyrredón había sido la guarida de bohemios y trasnochados músicos que hablaban de las melodías que llegaban de Estados Unidos o Inglaterra, todos admiradores de Elvis Presley y los Beatles. Tanguito se codeaba, zapaba y tomaba algunos tragos con Moris, Billy Bond, Sandro y Javier Martínez (Manal), entre otros próceres de la guitarra. Diciembre de 1966 lo tuvo en un show con el padre de Antonio Birabent y con algunos números propios, cuando salía con una media de mujer en la cabeza, se vestía bien extraño y sanateaba un Elvis criollo.
Tanguito calleLa primavera del 67 florecía entre el amor libre, los colores y las canciones, con una orda de juventud que llevaba dentro el deseo de libertad y la expresión sin censuras. El boca a boca corrió que iba a hacerse una reunión para manifestar el anhelo de satisfacción, organizada por Pipo Lernoud, Hernan Pujó y Mario Rabey en Plaza San Martín y las canciones de Tanguito, él como centro de la escena, como el rey de los hippies: una gran convención de melenudos que eran corridos por la policía por órdenes de Onganía. Jóvenes con caras pintadas, leyendas, vinchas, remeras llenas de colores, pacifistas y, entre ellos, músicos como Pappo, que rompía una viola criolla con acordes de Jimmy Hendrix. También estaba el baterista Pomo Lorenzo o Moris, que había conseguido que vaya la prensa. Desde ese día, aquel 21 de septiembre, nacía el hippismo en la Argentina dominada por el terror y el odio de los dictadores.
Allá por 1968, Tanguito grabó los dos simples «La Princesa Dorada» y «El Hombre Restante», escritas y compuestas por Pipo Lernoud y Javier Martínez, ambas una declaración de amor y paz, aunque un fracaso desde el punto de vista comercial.
Ramsés VII parecía ser un nombre confuso, aunque fue bautizado así por un músico que solía escucharlo y le decía que abusaba de los acordes con séptima.
«La Princesa Dorada» y «El Hombre Restante»

«Tanguito» no tenía formación, sabía pocos acordes, abusaba de aquellos con 7°, pero sabía intercalarlos. Su casa estaba entre La Cueva de la Avenida Pueyrredón, La Perla de Once o bien Plaza San Martín y Plaza Francia, donde podía cantarle a sus reinas hippies como en la «Princesa Dorada», las chicas que enloquecían con el morocho que agarraba la guitarra con la camisa abierta y proponía un mundo distinto, sincero y libre, en un país que no sabía qué era la libertad.
La Perla«La Balsa» surgió como uno de sus tantos divagues. Una de las tantas noches que eran echados de La Cueva, Tango y otros músicos iban a parar a La Perla, en Pueyrredón y Rivadavia, un lugar que atendía hasta largas horas de la noche y con un baño que tenía y tiene una acústica fantástica. Como no los dejaban tocar la guitarra en el bar, se escondían entre los inodoros y, cuando Litto Nebbia entró al baño como cualquiera de nosotros (no seguiré con la descripción), escuchó la voz del príncipe hippie que vociferaba «estoy muy solo y triste acá en este mundo de mierda… «. El líder de Los Gatos quedó asombrado, pero le dijo que con esas palabras poco felices nadie le pasaría el tema en las radios, por eso se quedaron juntos a terminarla.
El músico Alberto Ramón García, alias Pajarito Zaguri, contó en una entrevista que llegó a La Perla, le preguntó al mozo dónde estaban los muchachos y le dijo «no me digas, los echamos, armaron un quilombo bárbaro, gritaban que se querían ir a naufragar a la mierda». A pesar de esa hilarante anécdota, así salió uno de los himnos de nuestro corazón. Hoy día uno puede pasar por la esquina donde está el bar, con menúes que tienen las canciones de Tanguito y Los Gatos y, por supuesto, ver la placa que lo declara como lugar de interés cultural, donde se compuso «La Balsa».
«La Balsa»

«Amor de Primavera» era un poema de uno de sus amigos, Hernán Pujó, pero fue Tanguito quien le puso acordes y la hizo canción. Este tema fue elogiado por Luis Alberto Spinetta, tanto que lo interpretó en su disco «Exactas».
Tanguito2«Yo recuerdo que él estaba sentado en el cordón de la vereda y cantaba Diamantes de espuma, y le pedíamos que salga de ahí porque lo iba a pisar un colectivo… era medio loco este muchacho, pero tengo la imagen de él con una lluvia, el atardecer y se subía al capot de un auto y cantaba Amor de Primavera», contó en un añeja entrevista uno de los músicos más ilustres de nuestro país y que ya no está físicamente entre nosotros. «El tipo cantó «Abre el barril, de lluvia, toma una copa y el hombre de cristal volverá a vibrar», ¡eso es poesía!», elogió el Flaco, para hablar sobre la comunicación de una chica con su pareja en la línea directa al infinito.
«Amor de Primavera»

La versión de Luis Alberto Spinetta

Dos amigos de Tanguito contaron algunas de sus andanzas en una entrevista. Román «Rulo» Rodríguez aseguraba que en sus últimos años Tanguito estaba pasado de pastillas, se tomaba un taxi desde Caseros y dejaba al tachero de garpe en la puerta de un boliche, y por esos hechos iba en cana, aunque nunca hizo algo jodido. Siempre caía preso por acumulación de antecedentes». Otro de sus compinches, Gabriel Vogelman, contó en esa misma nota que Ramsés VII «no tenía un mango para una gaseosa y ya no cantaba bien, tenía un show y dejaba un tema por la mitad o se bajaba del escenario y eso a la gente le chocó, a decir verdad él cantaba entre amigos, en una plaza o en la calle».
Una de las pocas entrevistas que dio el músico de Caseros fue para la revista «Así» en enero de 1968. Sobre sus detenciones y problemas con la policía, Ramsés VII contaba que los oficiales se enojaban con él por llevar el pelo largo, sentarse en una plaza y cantar. «Hasta me acusaron de participar en una marcha comunista», dijo en la nota. En ese reportaje confirmó que su pseudónimo vino por una gastada de alguien del público, como él era rockero le tiraban que le encantaba el tango y le quedó «Tanguito», y tanto le enojaba que le dijo ofuscado al periodista: «Y mire, ahora ya no me lo puedo sacar más de encima». Una de las anécdotas más llamativas fue sobre una detención en la comisaría 19°, cuando Tanguito aseguró que estaba tras las rejas cantando «Averiguación de antecedentes», una canción basada en un hippie que estaba harto que la policía lo meta preso por motivos menores e incomprensibles. «No sé si tenía algo pegadizo, pero hasta los canas de la comisaría se pusieron a cantarla y tararearla», y al poco tiempo tomó su guitarra, se puso a tocar y se fue a caminar por plaza Francia.
La detención de Tanguito en febrero del 71 fue confirmada por el diario La Razón, que publicaba en sus líneas que «José Alberto Iglesias presentaba evidentes muestras de haber hecho uso de drogas». A los pocos días, fue acusado por la policía de integrar una banda que quería comercializar marihuana y fue internado en el neuropsiquiátrico Borda, donde sufrió electro shock que iban minando su creatividad y su ser. El periodista Víctor Pintos confirmó que el músico estuvo al menos 5 noches internado, que se escapó y que cayó del tren a la altura del Puente Pacífico, en Palermo.
La muerte de Tanguito no es para festejar, por eso es mejor tener en cuenta la fecha de nacimiento de un joven que, sin darse cuenta, llevó grandeza a la gente en sus mensajes porque estaban llenos de ideas, como el amor, el pacifismo, la posibilidad de irse a un mundo mejor. Ojalá esté contento en alguna nube, con su guitarra destartalada, a puro canto de verdades que nadie se animó a decir, para hacer sentir que somos más que empleados de oficina y que esté más que feliz, donde quiera que se haya ido a naufragar.
«Yo Soy Ramsés», compilado remasterizado en 2009

«Tango feroz», solo una película
La obra que tuvo como protagonistas a Fernán Mirás y a Cecilia Dopazo en 1993, fue una historia para una película, no sé si representa lo que realmente pasó con Tanguito. Incluso, Litto Nebbia se negó a participar y mucho menos a incluir a «La Balsa». Como verán, José Alberto Iglesias no era un joven idealista que luchaba contra las injusticias, sino que era un ser que quería ser.
«Elegimos el personaje porque queríamos mostrar cómo surgió el mito, a pesar de que esta sociedad destruye mitos, y también mostrar la historia de un joven que quería cambiar las cosas en base a su música», dijo Marcelo Piñeyro, el director de la película.
«El amor es más fuerte» es el gran hit del disco. Además, el álbum tiene temas de Moris como «El Oso» y otras canciones internacionales de los 60.
La película fue un éxito de los 90, marcó a una generación y estuvo bien en el final, con el desenlace oscuro de la cárcel, los electro shock y la escena del tren que se acerca en una pose subjetiva. Tal vez lo mejor que refleja es remarcar cómo vencer prejuicios y el orden establecido con el amor, gran idea que nunca deberá morir.
El final: «Todo no se compra, todo no se vende … soy capaz de soñar sueños»

El disco de la película