En América Latina 12,5 millones de niños, niñas y adolescentes de 5 a 17 años estaban en condición de trabajo infantil, y el 77% de ellos realizaron trabajos peligrosos, según la Organización Internacional del Trabajo (IPEC) en su informe de 2013. Sin duda alguna, esta cifra viene en aumento dadas las condiciones económicas que afrontan varios países de Latinoamérica, incluida la Argentina. Prevenir y erradicar el trabajo infantil implica revisar las ideas y conceptos sostenidos de generación en generación en la sociedad y que invisibilizan la problemática. Muchos de estos conceptos están construidos tan fuertemente que los naturalizamos y siguen vigentes a pesar de ver el maltrato frente a nuestros ojos y en los rostros de los niños. Con motivo del Día Internacional de Lucha contra el Maltrato Infantil este 26 de abril, entrevistamos al líder de «Mirame a la Cara», organización que trabaja por erradicar el trabajo en los subtes de la capital argentina.

Despertar, recordar, visibilizar, madurar

Esto le ocurrió a Javier Carballo en el 2012, cuando hizo un clic en su pensamiento y comenzó una lucha que continúa hoy desde el aislamiento. «Mirame a la Cara» es la organización sin fines de lucro que encabeza y busca denunciar y erradicar el trabajo infantil y la explotación en el sistema subterráneo y la calle. Con su voz baja pero franca, nos cuenta por medio de mensajes de Instagram la historia que lo llevó a la lucha que continúa desde algún lugar de la Ciudad de Buenos Aires. A pesar de afrontar varios problemas de salud, sigue trabajando para su organización y hoy nos invita a una campaña para donación de ropa y alimentos. También visibiliza la violencia hacia la infancia y la xenofobia que se intensificó con la pandemia desde nuestras cuentas en redes sociales y poner en agenda la importancia de continuar ayudando a que se erradique esta violencia.

Un rap para los niños

«Hace 8 años viajaba en la línea D del subte hasta 9 de Julio porque vivía en Agüero y Santa Fe. Ese día tenía que grabar unos temas. Siempre salía a bardear a todo el mundo mientras rapeaba porque no me caía bien la gente de Capital, yo soy de Zona Oeste. Me escudaba en el rap para no decir las cosas de frente y me creía un héroe que generaba dinero para mi familia. Me crucé con un chico que trabajaba en el subte y lo miré. Ese día volví a mi casa y comencé a recordar todo lo que me pasó de chico, que junté monedas en la calle, la cagada a palos y todo lo que esconde la violencia en un menor. Unos días después me volví a encontrar al mismo chico y me dijo: ‘¡Eh, rapero, rapeame!’. Yo agaché la cabeza y después le dije ‘si querés te rapeo pero mirame a la cara’. Cuando me miró, estaba golpeado. Entre rimas comencé a preguntarle de dónde era y en dónde estaba para que lo pudiera encontrar. Ahí me dijo que estaba en Pueyrredón, que la familia estaba ahí. Así que fuí, lo encaré y me pelee con el padre. Después de eso me agarraron entre tres y me golpearon y me tiraron a la vía. Recuerdo que me dijeron que me iban a matar. Se armó un quilombo, estaban todos, vendedores ambulantes, músicos callejeros, todo el mundo mirando», recuerda Javier con voz entrecortada.

Para el ministro de Trabajo durante la gestión de Mauricio Macri, Jorge Triaca, la erradicación sostenida del trabajo infantil y la protección del trabajo adolescente son metas de cumplimiento indispensable en la agenda 2030, y en particular para los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Además, aseguraba que no se podrá erradicar la pobreza en todas sus formas mientras exista trabajo infantil y falta de oportunidades para los adolescentes. Algo que Javier Carballo tiene claro y conoció a lo largo de su lucha. Se lee lindo en el papel que lo sostiene, pero en la práctica los niños continúan como víctimas de explotación y maltrato.

Rimas para cambiar

«Comencé a ir de hostel en hostel y conociendo gente, abogados y fiscales. Y uno recuerdo que me dijo que es cuestión de sangre, si te guardás plata estás explotando menores. Y como me di cuenta que no podía ganar porque me cagaban a palos a cada rato, comencé a rapear para denunciarlos. Comencé a hablar con los pibes de la plaza, con gente muy disfuncional. En un tiempo me decían que era como el Rey David, porque estaba en medio de todo el ejército de drogadictos y vagos. Ahora me dicen Sauru, como San Pablo. Bueno, este no es más que un cuento, lo importante es el mensaje», dice Javier con una sonrisa atenuada.

Según el IPEC, el término “trabajo infantil” suele definirse como todo trabajo que priva a los menores de su niñez, su potencial y su dignidad, y que es perjudicial para su desarrollo físico y psicológico. En las formas más extremas de trabajo infantil, los niños son sometidos a situaciones de esclavitud, separados de su familia, expuestos a graves peligros y enfermedades y/o abandonados a su suerte en la calle de grandes ciudades (con frecuencia a una edad muy temprana). Esto fue lo que reconoció Javier y lo impulsó a conocer el trasfondo de lo que pasaba en el subte de la línea D.

«A través de la rima pude llegar a mucha gente. Antes de comenzar la cuarentena logramos que queden solo tres chicos trabajando en el subte. Nunca gané, nunca pude cuidar a los que quise. Sí pude evitar que haya nuevos y más menores trabajando en el subte D. Yo creo que no hay un lugar donde llegar, creo que todos podemos proteger a un menor. Hay que ser adulto en una sociedad en la que la mayoría es conformista e individual, obtusa y no tiene la capacidad de madurar, no es un trabajo fácil para mí pero sé que no es imposible. Hice un video institucional que está en «Mírame a la cara» y dejé muy claro mediante un rap que, aunque yo muera, no va a haber niños bajo tierra trabajando en Argentina. No más niños en el subte en Capital y esto va a habilitar que en las provincias sea ley que no se pueda joder a un menor. Si no lo quiere hacer la ley, lo va a hacer el vago, el warrior, el tío o la tía. Espero llegar a cambiar mi país y vos me ayudes a cambiar el tuyo», me dice Javier, convencido que Colombia padece el mismo flagelo y yo puedo con mis letras ayudar a cambiar la situación.

Apoya la campaña

El propósito de la campaña que inicia Javier Carballo es viralizar por redes sociales la lucha contra el maltrato y la explotación infantil. Mediante un video que subamos a nuestros feed de instagram, verbalizamos la necesidad de cambiar esta realidad que devora infancias, golpea menores y se incrementa con el aislamiento de víctimas con victimarios. Con el simple gesto de buscar en nuestros armarios ropa que no utilicemos y la podamos donar, también estamos ayudando. Donando alimentos o compartiendo la iniciativa podemos poner en agenda y desplazar las noticias de farándula que invaden las redes y sacan de foco lo verdaderamente importante. Con el #decasaayuda y mencionando a @miramealacara_, podés ayudar a que la campaña llegue a miles de personas desde tu Instagram. Javier continúa su lucha desde el Aislamiento Social Preventivo Obligatorio, pero con la convicción de que la red hecha durante ocho años hoy sea la que lo ayude a seguir desde casa para cambiar la infancia de miles de niños en Argentina y, por qué no, del mundo.

Compartimos el video institucional antes mencionado para que conozcas el trabajo de «Mirame a la Cara» a través de este link.