«El Picasso de Persia» (2013) es un interesante documental dirigido por Mitra Farahani que nos presenta la compleja figura del artista iraní Bahman Mohassess, un hombre que se exilió en Italia después de la «revolución Islámica» en 1979.

La película está construida a partir de una serie de encuentros en los que la directora visita la casa de Mohassess, una habitación de hotel en la que se encuentra recluido voluntariamente impulsado por su inconformidad con el avance del mundo contemporáneo. Así conocemos la grandeza de su talento y su rechazo ante los conceptos de fama y de trascendencia. Una obra que nos hace reflexionar sobre la figura de las mentes creadoras y sobre los sistemas y estructuras de validación.

Un legado escurridizo y las «contradicciones» del artista

Para muchos, Bahman Mohassess era un artista desconocido hasta el estreno de esta película, por lo que resulta más relevante la propuesta de Farahani. Gracias a ella, podemos adentrarnos en la historia de un genio que abarcó diferentes medios como la pintura, la escultura y el collage. Mohassess no alcanzó mayor visibilidad -entre otras cosas- por la necesidad imperiosa que tenía el pintor por destruir sus propias creaciones. Algo que no dejaba de producirle gracia durante las entrevistas en el documental.

Sin embargo, algunos de sus trabajos lograron sobrevivir y pertenecen a colecciones privadas, siendo adquiridas por elevados precios. De esta forma, lo convierten en un artista sin demasiada fama pero respetado y valorado por una élite ávida de propuestas inteligentes y singulares, tal y como lo es su obra. Precisamente dentro de este contexto (el mercado del arte y sus maneras de comercialización), se introducen en el film dos jóvenes mecenas. Ambos admiran el trabajo de Mohassess, muestran interés por conocerlo y comisionar una pintura. Situación en la que el artista evidencia la alta valoración que tiene de su trabajo y de su tiempo. Una postura que contrasta con aquella a la que no le interesan las banalidades del reconocimiento, pero sí el intercambio con aquellos que valoran sus creaciones de manera auténtica.

Palabras tomadas

Esta película comunica la aguda capacidad de Mitra Farahani para escuchar, que permite que el artista participe directamente, sin saberlo, en las decisiones finales del montaje. De esta manera, lo que podría convertirse en una serie de sugerencias perdidas en los audios (donde Mohassess indica qué es lo mejor para ciertas transiciones), se transforma en el hilo que conecta algunas secuencias e imágenes de sus trabajos con las tomas de las conversaciones entre ambos. Una evidente muestra del respeto que la directora sentía por él.

Sobre el desencanto

Mohassess destruyó gran parte de sus creaciones, desencantado con la forma en la que el mundo trataba el material. Tanto la censura como el vandalismo fueron factores que le llevaron a cuestionarse la relevancia de su trabajo, convirtiéndolo en un hombre que en la mayoría de las ocasiones pintaba o esculpía para satisfacer un impulso natural y no para desarrollar una carrera celebrada. Según sus propias palabras: «La ignorancia había triunfado en el mundo», y definitivamente no quería formar parte de él.

Su oficio cumplió con el fin de mantenerlo vivo, fue la expresión de sus emociones y pensamientos respecto a incidentes sociopolíticos como la Guerra del Golfo, la explosión nuclear en Chernobyl o el asesinato de Martin Luther King. Todos acontecimientos que daban cuenta para Mohassess de la desesperanzadora evolución de la raza humana.

La mirada del otro

«El Picasso de Persia» (2013) logra explicar con éxito el desconocimiento y olvido que cubren la figura de Bahman Mohassess, ya que la desvinculación que el artista sufrió luego del exilio con su país natal, el rechazo que le producía la nueva forma de gobierno en Irán y su desprecio por la insensatez social en el mundo, lo llevaron a refugiarse en un oscuro rincón en el que su obra, literalmente, se perdió rasgada, mutilada o tirada como basura por sus propias manos. Qué bueno que otros la rescataron, permitiéndonos conocer un poco su genialidad.