Tiene 84 años, vive en Japón en un hospital neuropsiquiátrico por decisión propia y todos los días camina hasta su taller para hacer, durante horas, lo único que dice la mantiene viva: pintar. ¿Se habrá imaginado alguna vez el furor que causaría en todo el mundo? En la otra parte del globo, acá, en Buenos Aires, ya más de 70.000 personas visitaron la exposición que hace un recorrido por su carrera.
Yayoi KusamaElla es Yayoi Kusama, “la mayor artista japonesa viva”. Vivió una infancia muy dura con un padre al que le gustaba tener relaciones con geishas y una madre que la obligaba a mirar y a contarle en detalle lo que había visto. Desde los 14 años tiene impulsos hacia el suicidio que, cuenta, es capaz de contener solo mediante su arte: “Hago mis obras para sobrevivir al dolor, al deseo de muerte”, explicó en una entrevista. Estas traumáticas experiencias se ven reflejadas en toda su obra, desde sus comienzos hasta la actualidad.
En 1957 dejó Japón para llegar a los Estados Unidos, donde se vivía el comienzo de un cambio en el paradigma artístico paralelamente a la liberación sexual por la creación de la pastilla anticonceptiva  que llegaría en los ´60. Se rodeó de los grandes artistas de la época como Mark Tobey y Jackson Pollock, ambos referentes del expresionismo abstracto, que la influenciaron y acompañaron en su trabajo. “Ella estuvo en el lugar correcto en el momento justo”, sostiene María Lía Munilla Lacasa, licenciada en Historia del Arte y doctora en Historia, quien fuera la guía durante el recorrido de la muestra en el Malba.
YAYOI happeningsKusama no quería pasar desapercibida. Logró que mucha gente la siguiera y llevó a cabo numerosos happenings en la calle, donde convocaba gente que quisiera desnudarse mientras ella los pintaba y filmaba. Eso sí, a ella nunca se la ve desnuda, su mirada es «desde afuera», como espectadora, quizás algo que viene desde su infancia.
Sus primeras obras de los años 50 son pequeños cuadros semi-abstractos en donde no hay una figura y fondo, sino que es pura trama. Estas pinturas tienen una clara influencia de Joan Miró que la artista se niega reconocer. Años más tarde decidió cortar con su pasado japonés y meterse en la movida artística norteamericana. Comenzó a utilizar metros y metros de tela que pintaba de la misma forma siguiendo patrones rítmicos. La muestra de las Infinity Nets (Red Infinita) la organizó con las telas grandes que luego las cortaría para armar diferentes cuadros. Las Infinity Nets se caracterizaban por la repetición obsesiva de pequeños arcos de pintura que se acumulaban en la superficie del lienzo.
kusama acumulacionesDe la pintura pasó a la escultura en una serie conocida como «Accumulations» (acumulaciones). Para realizar estas esculturas, Kusama utilizaba elementos cotidianos como sillas y, especialmente, objetos de uso femenino como tablas de planchar, utensilios de cocina, etc., a los que intervenía con falos hechos de tela y pintura. La multiplicidad de estos falos erectos pero blandos hacía que se anulara la sexualidad, lo que podía significar que la mujer era capaz de anular el poder masculino al utilizar objetos femeninos.
kusamaLa exposición continúa mostrando fragmentos de películas en donde mostraba los happenings y performances callejeros para pasar a la parte más original de la muestra: una habitación donde solo se puede entrar de a dos, rodeada de espejos y los elementos de tela fálicos donde ella solía quedarse dormida muchas veces. Luego uno entra a un cuarto oscuro, todo negro, puesto como si fuera el living y comedor de una casa pero lleno de lunares de colores. Desde allí se recorre un pasillo donde las paredes son espejos y las luces de led redondas, colgadas por todas partes, cambian de color. Lo que explicó la doctora Munilla Lacasa es que Kusama quiso mostrar que somos un punto en el universo. El recurso de los espejos, la oscuridad y el agua en el piso hacen que las luces reflejadas se multipliquen y un espacio pequeño parezca infinito.

¿Qué son esos lunares?
yayoi kusama tienda vuittonLa publicidad que tiene esta muestra en Buenos Aires hizo que todo el mundo notara los lunares que aparecen acompañando su nombre en los distintos rincones de la ciudad. Pero, ¿qué son estos lunares? Se llaman Polka Dots y mantienen un patrón de diseño consistente cuya cercanía depende de su diámetro. Este patrón no fue creado por Kusama pero ella lo utiliza en toda su obra. Para la exposición en el Malba vinieron miembros de la empresa Yayoi Kusama que sabían perfectamente cómo ubicar los lunares a lo largo y ancho de todo el museo (vidrios, escaleras, ascensor). Nada es al azar en esta muestra.
kusamaKusama utilizó tanto los Polka Dots y de una forma tan única que fue contratada para diseñar un modelo de carteras de Louis Vuitton. La marca armó la decoración de sus locales siguiendo el patrón de los Polka Dots. De hecho, la muestra finaliza en una habitación que, al inaugurarse, era completamente blanca y ahora se encuentra completamente cubierta de lunares que se entregan en la entrada del museo para pegar allí. Probablemente, esta parte haya sido hecha para que todos puedan sentirse un poco “artistas”, pero una de las reflexiones que nos deja esta muestra es: ¿hasta qué punto esto es arte y hasta dónde una mercantilización de la imagen?

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