Un hilo conductor une a estas dos películas del FICiP 2018. La injerencia estadounidense en los demás países del continente americano, en la región que denominaban “el patio trasero” en los tiempos de la Guerra Fría. Diplomática, política, económica y militarmente hacían lo que fuera necesario para evitar que se instauraran gobiernos de corte socialista, populares o comunistas. Para los norteamericanos, la experiencia cubana ya era suficiente y principalmente durante la década del 70′ los gobiernos militares en los países sudamericanos les aseguraban el dominio en estas regiones.

Droga, poder y corrupción

“Paraguay, drug & banana” es una película que muestra la relación de la politica y el narcotráfico en la actualidad paraguaya es rastreada desde sus orígenes, con la llegada de un narcotraficante de origen francés, Auguste Joseph Ricord, quien abrió las primeras rutas de tráfico de heroína de Europa al Paraguay y de aquí a Estados Unidos, con la protección y complicidad de los altos funcionarios de la dictadura de Alfredo Stroessner.

El film muestra las presiones de esos poderosos sobre la población para poder seguir con sus negocios con la complicidad de gobiernos corruptos, instituciones débiles y altamente dependientes de los intereses políticos y económicos de potencias extranjeras.

Asesinatos de periodistas, campesinos, religiosos y funcionarios judiciales son el reflejo de una lucha de poder y de negocios oscuros que llega a un clímax con el relato por parte del policía Salvador Ibarrola, quien encontró y atrapó a Ricord en 1971, ante la presión ejercida por el gobierno estadounidense. Sus pintorescos dichos son un fresco del grado de corrupción en que estaban metidos el propio Stroessner y varios de sus colaboradores, principalmente el general Andrés Rodríguez. Y acá volvemos a ver la mano del “norte”. Rodríguez, consuegro de Stroessner, y quien lo derrocó, era uno de los grandes narcotraficantes paraguayos aliados a otros poderosos personajes del país, pactó con los estadounidenses la caída de Stroessner y su acceso al poder. Estábamos a fines de la década de los 80′ y la Guerra Fría estaba en sus postrimerías. Estados Unidos tenía que dar otra imagen y respaldó al sucesor, evitando su pasado.

“Paraguay, drug & banana” se atreve a llamar narcotraficante a quien otros consideran el padre de la democracia paraguaya, con una documentada exposición que acusa a la clase política de ser cómplice del gran flagelo criminal. Y sobre esta cuestión hay una escena reveladora: la sesión del Congreso en la que se rechaza el pedido de desafuero al senador vitalicio Andrés Rodríguez para ser investigado ante las acusaciones de ser narcotraficante. Se suceden infinidad de discursos en defensa del “padre de la democracia”. Un ejemplo más de la complicidad entre política y delito.

Golpe al socialismo

La película “Allende en su laberinto” relata las últimas horas, el último día de gobierno y de vida de Salvador Allende, el líder de Unidad Popular que finalmente había accedido a la presidencia de Chile luego de tres intentos fallidos.

La narración de las últimas horas de Allende y sus más cercanos colaboradores dentro del palacio de gobierno de La Moneda, durante el brutal golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973, muestra la tensión que se vivía en el interior del edificio a medida que avanzaba el levantamiento militar y las esperanzas de una salida pacífica se iban desvaneciendo. Los incesantes e infructuosos intentos de comunicarse con los distintos jefes militares de la aviación, del ejército y de la Marina demuestran cómo se iba cerrando el cerco sobre la democracia chilena que, finalmente, sería destrozada.

Es interesante ver la preocupación del mandatario chileno por comunicarse con el general Augusto Pinochet, quien sería su sucesor, en un intento de conocer la postura de quien era jefe del Ejército ante la noticia del levantamiento de la Marina y la posible revuelta en armas. Todo le hacía pensar que Pinochet respaldaría el orden constitucional.

El gobierno de la Unidad Popular era fuertemente resistido por los grupos de poder chileno y la oligarquía. A eso se sumaba el respaldo del gobierno norteamericano de Richard Nixon y la CIA a las Fuerzas Armadas chilenas para derrocar a Allende. Ya en junio de 1973 se había producido un conato de golpe, el “tanquetazo”, protagonizado por el Regimiento Blindado N° 2 liderado por el teniente coronel Roberto Souper. Esta sublevación fue sofocada por el entonces jefe del ejército, el general Prats, y sus generales más cercanos: Augusto Pinochet, Guillermo Pickering y Mario Sepúlveda. Analistas políticos esgrimen que la falta de apoyo del Regimiento de Infantería N° 1 conseguida hábilmente por Pinochet fue la causa del fracaso.

Traición consumada

Tras la renuncia de Prats y reemplazo por Pinochet a pedido de su antecesor, varios miembros de las cúpulas militares estaban decididos a dar el golpe. Faltaba el apoyo principal, el de Pinochet. Sin embargo, hasta el 8 de septiembre este no había dado una respuesta definitiva. Durante el 9 de septiembre, en una reunión con Allende, propuso realizar un plebiscito para salir de la crisis política a través de una vía democrática. Sin embargo, posteriormente se sumó a la sublevación militar. La traición estaba consumada.

Acompañado por su grupo de fieles colaboradores, Allende se debate entre dos pasiones: la humana y la política. La primera lo lleva a renunciar y evitar un derramamiento de sangre de inocentes. La otra lo obliga a permanecer en su puesto y ser leal a sus convicciones y a sus promesas al pueblo.

Finalmente, triunfa el hombre democrático, el que grita “Allende no se rinde” y, mientras duda a cada paso que da, sigue su camino en medio de los bombardeos. Creyente de la democracia y de los sacrificios que esta acarrea, ve caer a sus amigos y colaboradores más cercanos hasta que da su vida por sus ideales.

Su último discurso, recreado casi íntegramente, es una imagen cabal de sus ideas y su postura política. Había dejado un mensaje a los que sobrevivieran: que dieran a conocer al país, al mundo, la traición de la habían sido objeto con la esperanza de que la revolución solamente había siso demorada, pero que finalmente llegaría, que la “vía pacífica al socialismo” era posible.

“Paraguay, drug & banana”

Paraguay, 2016, 90 minutos, documental, SAM 13.

El 18 de octubre de 1970, una avioneta Cessna monomotor, proveniente de Paraguay, aterrizó en el aeropuerto de Miami. La misma llevaba 42,5 de kilos de heroína casi pura, por un valor de 10 millones de dólares. Cuando los oficiales antinarcóticos descubrieron quién estaba detrás del tráfico, la noticia alarmó al gobierno de Richard Nixon. Se trataba del francés Auguste Joseph Ricord, el rey de la heroína, quién era investigado por el FBI. Con él, otro nombre clave saldría al tapete público: general Andrés Rodríguez, posteriormente presidente de Paraguay.

Director: Juan Manuel Salinas Aguirre. Música: Derlis González. Voz en off: Jorge Ramos. Testimonios: Salvador Ibarrola, Adalberto Fox, Carlos Martini, Epifanio Méndez Vall, Gilda Burgstaller, Ana María Morra, entre otros.

“Allende en su laberinto”

Chile, Venezuela, 2014, 90 minutos, ficción, ATP.

El film narra las últimas horas del expresidente Salvador Allende en La Moneda. Angustia, desesperación, solidaridad, amor. Emociones que se mezclan y se superponen a cada minuto que pasa. La cuenta atrás para un resultado que marcará para siempre la historia de Chile.

Director: Miguel Littin. Guión: Miguel Littin. Fotografía: Cristián Petit-Laurent. Montaje: Rodolfo Wedeles. Música: Daniel Muñoz, Roque Valdero, Horacio Videla, Juvel Vielma, Aline Kuppenheim, Gustavo Camacho. Sonido: Juan Cristóbal Meza. A: Cristina Littin Menz. P: Karina Jury. D: Cristina Littin Menz.

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