Sorpresivamente, falleció Alfredo Oscar Graciani de un paro cardio respiratorio a los 56 años. Jugador identificado con Boca Juniors, club para el que convirtió 83 goles en un total de 250 partidos y que lo ubica como el 14° goleador histórico del «Xeneize».

Debutó en Atlanta en 1981, donde hizo las inferiores y en el que logró el ascenso. En el club de Villa Crespo disputó 59 partidos en la Primera B y 30 en Primera A, y marcó una suma de 18 goles entre ambas divisiones. Desde sus inicios, exhibía las cualidades de un delantero con olfato para la ubicación estratégica en búsqueda del gol. Su posición era la de extremo o puntero (como se decía en la época) y desde allí trazaba diagonales punzantes, de ahí el apodo acuñado por Víctor Hugo Morales de «el alfil» Graciani, también conocido como «murciélago».

En 1985 llegó el gran quiebre en su carrera: traspasado, en el verano de ese año, a Boca Juniors, que tenía como director técnico a Alfredo Distéfano, en un equipo que estuvo al borde del descenso. Graciani llegó a un Boca marcado entre la transición de los últimos coletazos de lo que fue el periodo de oro de la institución, de la mano del «Toto» Lorenzo, y la nueva sangre con jugadores que además debían suplir ese enorme espacio dejado por la salida de Diego Maradona en 1982. Durante su etapa en Boca tuvo de compañeros en la delantera a Jorge Comas y a Jorge «la Chancha» Rinaldi, y en el final de este primer ciclo a Diego Latorre y nada menos que a Gabriel Batistuta. Ganó dos títulos internacionales: la Supercopa de 1989 en la que venció en la final a Independiente y la Recopa en 1990 ante Nacional de Medellín, final que se disputó en Miami. Con la camiseta azul y oro le marcó 7 goles a River Plate, equipo al que más le convirtió en su carrera.

En 1992 se iría a Racing Club, donde jugaría apenas un año para regresar a Boca, aunque solo participó en un puñado de encuentros. Su destino lo llevaría por Deportivo Español (1994), Atlético Tucumán (1995-1996), Argentinos Juniors (1996-1997), FC Lugano (1997) y finalmente Caracas FC (1998), club en el que se retiraría a los 33 años. El saldo de su carrera profesional fue de 446 partidos y 130 goles en 17 años.

Identificado con Boca, su último tuit fue un buen augurio en el comienzo de una nueva edición de la Copa Libertadores para el equipo que hoy dirige Miguel Ángel Russo. El mayor de los recuerdos para los hinchas está en esa gesta casi opacada por los logros, esos que eclipsan el trabajo y la entrega de, por ejemplo, «el alfil», quien se cargó (junto a sus compañeros) las épocas más oscuras del club de la Ribera. Entre 1985 y 1991, Boca no solo sufrió una sequía deportiva de logros sino que, también, tenía graves problemas financieros, al punto de no tener dinero en la caja para pagar el consumo de electricidad del estadio.

Las alegrías de los goles gritados por Graciani fueron pequeños destellos de luz en el medio del infierno que vivía la institución y, además de un goleador explosivo, se lo podía definir como «el mejor saltador de carteles de publicidad». No se olvidarán sus gritos ni tampoco su sonrisa que esbozaba picardía, ese rasgo necesario que debe tener todo goleador.