Con un libreto que -lamentablemente- conocemos de sobra en América Latina, el gobierno ecuatoriano encabezado por el banquero Guillermo Lasso dio violenta respuesta a la manifestación social y ciudadana que se inició hace más de dos semanas.

Si bien el disparador inmediato fue el último aumento experimentado por el precio del combustible, se trata de una situación engendrada desde hace varios años.

Ya durante la primera quincena de octubre de 2019, tras el paquete de medidas anunciado por el entonces presidente Lenin Moreno, que recortó fuertemente el gasto social, un estallido ciudadano se tomó las calles de gran parte de las ciudades ecuatorianas.

Tal como sucedió en Colombia y en Chile, la forma de enfrentar las movilizaciones por parte del Ejecutivo fue a través de su criminalización: lo hizo con quienes se levantaron en 2019 y lo volvió a perpetrar ahora, con una represión brutal que ya se llevó la vida de seis personas y dejó a más de 500 heridas.

Nuevamente, también, se sirvió de las armas de la persecución política. Muestra clara fue la detención del dirigente indígena Leónidas Iza, líder de la Confederación de Nacionalidades Indígenas de Ecuador (CONAIE), a quien el gobierno local acusó de “anarquista”, de “engañar al sector indígena” y de “promover el derrocamiento de Lasso”. Ya está dicho, un libreto conocido.

La respuesta al petitorio de diez puntos señalado por la CONAIE, fue insuficiente.

El economista español y director del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (CELAG), Alfredo Serrano, en su intervención en una de las últimas ediciones del programa La Base, dedicada a la situación en Ecuador, al hablar de la forma de relacionar la elección de Guillermo Lasso en 2019 con el conflicto que hoy vive el país, apuntó un par de cuestiones necesarias de ser entendidas.

Por un lado, indicó que una elección no resuelve las fisuras políticas, especialmente cuando se trata de una crisis de la envergadura como la que vive Ecuador, que data de años sin ser atendidas las demandas sociales. Otro de los elementos que menciona el académico hace referencia a los complejos que muestran muchos presidentes, en particular de la derecha latinoamericana. «El complejo de superioridad cuando ganan por la mínima», dice Serrano, que en el caso de Lasso se tradujo en una fuerza real del 14% del patrón electoral.

Tal como sucedió con Mauricio Macri en la Argentina, y en el acceso a la segunda presidencia de Sebastián Piñera en Chile, al actual mandatario ecuatoriano «le traicionó ese complejo de superioridad, porque la legalidad para ser presidente no es lo mismo que la legitimidad para ejercer la presidencia», apunta el director del CELAG.

Ese complejo también se vio reflejado en una incapacidad de hacer una lectura de la situación social, a la vez de pretender profundizar un modelo, el neoliberal, que hizo avanzar las desigualdades en buena parte del continente y del mundo, en beneficio de las corporaciones.

Una vuelta por periódicos y portales de noticias de diversos países, al menos por aquellos que le dan algo de espacio a lo que sucede en Ecuador, da cuenta de una incertidumbre que hace difícil y complejo aventurar la forma en que se resolverá el conflicto. Más todavía ante un escenario global que muestra muy pocos buenos augurios.

Artículo elaborado especialmente para puntocero por Felipe Bauerle.

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