Los estereotipos del heavy metal tienen una construcción social importante. La vestimenta, el pelo y la actitud son la reacción directa de la acción de la cultura popular, la cual los marginó y discriminó por no estar en el status quo, aunque hay un lugar en el mundo donde la minoría es lo popular: los países nórdicos, cuna del black metal y el único lugar donde se escucha heavy metal todo el día, todos los días.

Pero, ¿por qué hablar de Suecia, Dinamarca, Noruega, Islandia y Dinamarca? Bueno, solo vamos a concentrarnos en Noruega, que es donde el black metal llegó a su punto máximo en los años 90′. Si bien el término fue creado por la banda inglesa Venom en los 80′, no fue hasta una década más tarde con la llegada de la banda Mayhem que todo iba a cambiar.

El conjunto fue formado en 1984 por el baterista «Manheim”, el bajista “Necrobutcher” y su guitarrista principal, «Euronymous». Solo vas a escuchar este último nombre, porque es el más importante. En 1988 se sumaría el último eslabón en esta cadena de maldición, el vocalista «Dead», quien se unió a este conjunto de perturbados noruegos y acá es donde comenzó una de las más salvajes historias de la música pesada.

«Dead» era una persona mentalmente inestable. Sufría de depresión y se lastimaba constantemente. Su forma de ser era todo lo que «Euronymous» quería para la banda: tétrico, perturbador y con un aura maligna. Una noche, en un recital, mientras «Dead» cantaba, este sacó un cuchillo de carnicero y comenzó a cortarse las venas en el escenario. Salpicó a todos. Lejos de la lógica reacción de gritar o preocuparse, el público quedó totalmente desquiciado. Gritaban, saltaban y sonreían ante semejante acto de autodesprecio.

Luego de aquel recital, un joven metalero quedó impactado por todo lo que vio. A la salida, el joven encaró a «Euronymous» y le dijo que le encantaba lo que escuchó. El guitarrista, todavía sumergido en su personaje, señaló con desprecio un parche de la banda Scorpions que este jovencito tenía en su chaleco de jean y le dijo con la mirada perdida y con desprecio: «Scorpions…. poser» y se alejó. «Poser» era una forma despectiva de decirle «careta» a alguien que pretendía ser algo que no era.

Un día, en 1991, «Dead» se encontraba solo en la cabaña que todos alquilaban para sus fiestas, ensayos y shows privados. Tal vez, esa tarde, con la mirada fría y desolada, observaba el nublado paisaje del campo noruego mientras las primeras gotas de la tormenta caían, fue a buscar algo de la cocina y se dirigió hacia su cuarto en lo más alto de la cabaña. Una habitación que solo tenía un escritorio, un teléfono, un colchón sucio y una carta de despedida. El viento golpeaba la ventana del ático, el cuchillo cortaba las venas de «Dead» y el frío cañón de una escopeta se acomodaba en la boca del cantante.

Horas más tarde, «Euronymous» regresó a la cabaña. La escena con la que se encontró fue terrorífica. Charcos de sangre en el piso, las paredes que estaban verdes por el moho ahora estaban cubiertas de pedazos de cráneo, cerebro y un tono marrón, producto de la sangre secándose. «Euronymous» estaba en shock. Bajó a buscar algo y volvió a subir a toda prisa. No, no llamó a emergencias. Arregló el cuerpo, sacó unas fotos instantáneas, agarró pedazos del cráneo de su amigo y después convocó al resto de la banda. ¿Las fotos? La portada del álbum. ¿Los pedazos de cráneo? Un emblema para quienes estén en el «círculo interno».

Los meses pasaron. «Euronymous» puso una tienda de discos en Oslo llamada «Helvete» («infierno» en noruego). Una tarde, un joven de pelo largo entró en su tienda. Le preguntó si tenía algo de metal. «Euronymous» lo puso a prueba: «Traeme tres discos. Dejame ver si realmente te gusta el metal», le dijo al joven. «Euronymous» tenía discos de metal «careta» en todos lados, el truco era que los discos estaban escondidos y las personas debían encontrarlos para ganarse su aprobación. El joven pasó la prueba al elegir un álbum de Sodom. Mientras todos escuchan música, el joven fue invitado a ver el sótano del lugar. Se había ganado la aprobación y así nacería una amistad muy rara.

Pasaron los días y Varg Vikernes, el de la tienda de discos, se convirtió en el nuevo bajista de la banda. Compartió sus tardes con «Euronymous» y sus amigos, como también sus ideales. El odio a la sociedad, el anticristianismo, pensamientos políticos, la cultura del black metal, todo. Comenzó a ganarse el respeto de sus pares y, más aún, cuando formó su banda Burzum bajo la discográfica de «Euronymous».

Paralelamente, ocurrió algo que seguro escuchaste nombrar: las quemas de iglesias. En Noruega se encuentran los santuarios más antiguos de la era más religiosa del continente. Todas las mañanas aparecía una nueva reducida a cenizas. Una noche, Varg le comentó a «Euronymous» que él es el responsable de eso y que deberían de adjudicar estos actos al black metal. El guitarrista, dudoso de la revelación de su compañero, le comentó que quería ir a quemar una. Lo lograron sin problemas, pero uno de los amigos se quedó con ganas de algo más… estimulante.

Una noche, mientras esperaban a que los demás muchachos lleguen para ir a un bar, uno de los jóvenes confesó que apuñaló y mató a una persona en el parque a unas cuadras. Varg lo felicitó, «Euronymous» no sabía qué hacer, pero su mirada fue la de un joven que sabía que las cosas se fueron de las manos y que ya era tarde, muy tarde.

Vargs ya sospechaba que su compañero era «débil» y pensaba que era un «poser de mierda». Una noche, junto a un amigo de la banda, Vargs llegó al departamento de «Euronymous» y comenzaron a discutir. Mientras el guitarrista le abría la puerta a su amigo para echarlo, este sacó un cuchillo y comenzó a apuñalarlo en la espalda. Este imploraba por su vida, y lo volvió a apuñalar en la garganta. La sangre fluía por las escaleras como pequeñas bajadas de un río, entonces Vargs recuerda cuando se acercó por primera vez a «Euronymous». No, no fue en la tienda de discos. Fue ese joven metalero que vio cómo «Dead» se cortaba las venas en vivo y el mismo que «Euronymous» calificó como «careta». Con este recuerdo en mente, mientras bajaba las escaleras y sus pies se pegoteaban en el mármol por la sangre, dio su último golpe. Dos puñaladas extra en el cráneo de «Euronymous».

Unos días después fue arrestado y luego condenado a 21 años. La más grande hasta ese momento.

Hablar de algo bueno de todo esto es algo complejo. La portada del cuerpo sin vida de «Dead» es un ícono del metal. La quema de iglesias es un símbolo de rebelión ante un sistema religioso que se entromete en las decisiones políticas y culturales. Debido a estos actos, se replanteó la importancia de la religión en el mundo moderno. No sé si era la mejor forma, pero de alguna manera funcionó.

Le guste a quien le guste, el black metal fue un paradigma social que puso en jaque a la sociedad de esa época. Fue la voz violenta de unos jóvenes revolucionarios que no sabían hablar y el descargo artístico de quienes fueron aislados por la cultura popular.

Hoy la sociedad de estos países es la más próspera, avanzada y ejemplar en todo el mundo. Su gran apuesta estuvo marcada por la creación de nuevos modelos educativos y sanitarios orientados a generar riqueza y reducir las desigualdades entre sus ciudadanos, logrando ser el país número uno en el Índice de Desarrollo Humano por 8 años consecutivos. Implementaron nuevas leyes para el desarrollo ambiental, tienen el ranking más bajo de pobreza y, por supuesto, siguen escuchando metal todo el tiempo.

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