En las guerras que la humanidad vivió, los resultados son mas que claros y quedaron a la vista del mundo. Las naciones poderosas y victoriosas repartieron y ofrecieron ayuda económica a los caídos y, de esa manera, los aliados que hoy conocemos son las potencias con mayor poder en el planeta. Medio Oriente no escapa a esa lógica y a esos resultados que, durante años, nos mostraron la división y el reparto de territorios a favor de unos y en contra de otros.

La última semana, y como nos acostumbra durante su mandato, el presidente norteamericano Donald Trump presentó un plan de paz para el conflicto palestino-israelí que deja más incertidumbre que conformismo por ambas partes. El «plan del siglo», como lo llamaron algunos, no es más que la entrega del territorio obtenido por parte de Israel y una disminución del suyo al Estado palestino.

Por supuesto que las voces en contra de este acuerdo no se hicieron esperar. La Unión Europea (UE) fue una de las primeras en marcar su posición en contra a este plan, y dejó en claro que este no traerá paz sino que, por el contrario, provocará más ira e inestabilidad a una región de por sí compleja.

El titular de la UE, Josep Borrell, fue quien expresó la postura del bloque e informó que Europa no está de acuerdo y que la única solución es la que expresaron en el 2014 y que muestra el deseo de que convivan dos Estados cuyas condiciones se basan en retornar a las fronteras de 1967 como referencia. Esta propuesta incluía a la parte oriental de Jerusalén como futura capital de Palestina.

Por su parte, el plan presentado por Estados Unidos, y que solo Israel trabajó para que sea posible, muestra que todos los territorios anexados del Valle de Jordán y Cisjordania pasan a manos israelíes, así como también la capital del Estado de Israel será Jerusalén en su totalidad. Este plan «preocupa a la Unión Europea», como lo expresó Borrell.

Por el lado Palestino, que no tuvo presencia en la organización de esta iniciativa, a través de su autoridad, Mahmud Abas, mostró su total desacuerdo y rompió todas las relaciones con Israel, así como también con Estados Unidos. Otras posturas que se conocieron son las de la Liga Árabe que en su totalidad rechazaron el potencial acuerdo aunque hubo solo dos posturas a favor: Arabia Saudita y Egipto.

En definitiva, el plan muestra un total favorecimiento hacia Israel y a Palestina solo le restaría un 11% de su territorio de lo previsto en 1967, Arabia Saudita pidió que revean su posición y asegura que el acuerdo favorece más que nunca a los palestinos, no así la UE, que pide que se abstengan de realizar medidas unilaterales en contra del derecho internacional y alega que este plan fue realizado solo por Estados Unidos.

Para que entendamos un poco la situación del acuerdo y cómo sería el “Plan de Paz” para Palestina, se le otorgan algunos territorios del sur de Palestina, en su mayoría zonas desérticas. Para que se entienda: si trasladásemos el plan a la Argentina es como si a los palestinos entregaran las provincias de Tierra del Fuego, una porción de Río Negro y otro resto en Córdoba. Ese sería el panorama para el nuevo acuerdo de paz.

El tratado es parte de un asunto que se arrastra desde hace décadas y que, año tras año, no parece tener solución viable. No parece posible discutir una solución positiva. En conclusión, el autodenominado «plan del siglo» de Trump es un acuerdo con poco consenso y futuro poco prometedor para un conflicto histórico.