La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que cada año se producen 25 millones de intoxicaciones por venenos agroquímicos en el mundo, y alrededor de 20.000 muertes provocadas por ellas, calculándose que el 99% ocurren en las naciones “en desarrollo”, como las nuestras.

En procura de arbitrar los medios necesarios para preservar la salud de los pampeanos y la tutela del ambiente, el Gobierno Provincial dispuso, el 30 de enero, prohibir la comercialización de todo tipo de agroquímicos hasta que estén dadas las condiciones que garanticen los estándares de seguridad que exige la ley. Sin embargo, dicha normativa solo cuestiona la habilitación y funcionamiento del Sistema de Gestión Integral de Envases Vacíos de Productos Fitosanitarios correspondiente a la Fundación Campo Limpio.

Una industria que no para

La industria de los agroquímicos tuvo un desarrollo creciente después de la Segunda Guerra Mundial y tuvo su cúspide con la revolución verde cuando, como respuesta al desarrollo capitalista, la gestión del ecosistema fue sacar el máximo producto a los cultivos, llevando a la pérdida de un capital genético y cultural necesario, poniendo a producir a toda máquina a las industrias de venenos para el agro, permitiendo el florecimiento de los grandes emporios transnacionales. Pero la aplicación de estos insumos sintéticos, variedades mejoradas, pesticidas y demás crearon graves problemas, no solo en el deterioro del suelo y del ecosistema en general sino también en la economía del agricultor, traduciéndose esto en incrementos cada vez mayores en costos de producción en los diferentes cultivos, y en costos de salud.

La mayoría de los productos que hoy consumimos y compramos en el mercado están cultivados a ritmos acelerados y cuidados con pesticidas y productos agrotóxicos. Poco sabemos de ellos y de los efectos que trae su consumo. El más popular es el glifosato. Con este se lucha en vano en la erradicación de cultivos ilícitos en países como Colombia. De manera indiscriminada y desde el cielo por años, contaminó fuentes hídricas y territorios nativos.

El glifosato es un herbicida sistémico que actúa en post-emergencia y en barbecho químico (preparación del suelo con herbicidas previo a la siembra directa), no selectivo, de amplio espectro, usado para matar plantas no deseadas como pastos anuales y perennes, hierbas de hoja ancha y especies leñosas. Al principio se lo catalogó como levemente tóxico para ir posicionándolo en categorías más peligrosas a medida que su uso demostraba sus efectos. Es más peligroso por vía dérmica (piel) o inhalatoria (respirado) que por ingestión, muy irritante para las membranas mucosas, especialmente ojos y boca. Sus efectos sobre los ojos hicieron que la Agencia de Protección Medioambiental lo reclasificara como muy tóxico.

La formulación del famoso herbicida al cual nos referíamos tiene, además, algunos “ingredientes inertes” que en realidad son también altamente tóxicos. Algunos de ellos y sus efectos sobre la salud, según el doctor Jorge Kacksewer, docente de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires son los siguientes.

Sulfato de amonio

Causa irritación de los ojos, náusea, diarrea, reacciones alérgicas respiratorias, daño irreversible en exposición prolongada.

Benzisotiazolona

Eccema (irritación de la piel con costras), fotorreacción en individuos sensibles.

3-yodo-2-propinilbutilcarbamato

Irritación severa de los ojos, mayor frecuencia de aborto, alergia en la piel.

Isobutano

Náusea, depresión del sistema nervioso, dificultad en la respiración.

Metil pirrolidinona

Irritación severa de los ojos, aborto y bajo peso al nacer en animales de laboratorio.

Ácido pelargónico

Irritación severa de piel y ojos, irritación del tracto respiratorio.

Polioxietileno – amina (POEA)

Ulceración de los ojos, lesiones en la piel (eritema, inflamación, exudación, ulceración), náusea, diarrea.

Hidróxido de potasio

Lesiones irreversibles en los ojos, ulceraciones profundas en la piel, ulceraciones severas del tracto digestivo, irritación severa del tracto respiratorio.

Sulfito sódico

Irritación severa en ojos y piel, vómitos y diarrea, alergia en la piel, reacciones alérgicas severas.

Ácido sórbico

Irritación en la piel, náusea, vómito, neumonitis química, daño en la garganta, reacciones alérgicas.

Isopropilamina

Sustancia extremadamente cáustica de membranas mucosas y tejidos de tracto respiratorio superior. Lagrimeo, laringitis, jaquecas severas, náusea.

Hecha la ley, hecha la trampa

La medida tomada en La Pampa argentina se da por el incumplimiento por parte de la Fundación Campo Limpio de los requerimientos establecidos en la Ley Nacional N° 27.279, en la que se determina la construcción de los Centros de Acopios Transitorio de los envases y el sistema de trazabilidad de los bidones.

La prohibición de comercialización se implementó a través de una disposición de la Subsecretaria de Ambiente y lleva la firma de su titular, Fabián Titarelli, quien rechazó el pedido de prórroga formulado por la Fundación Campo Limpio para cumplir con los requerimientos que impone la ley en relación a los depósitos en los que deberían acopiarse los envases después de ser utilizados.

Al respecto, se aclara en el artículo cuarto de la disposición que la prohibición estará vigente hasta el momento en que la Autoridad de Aplicación disponga el cese del incumplimiento, previa habilitación y funcionamiento del Sistema de Gestión Integral de Envases Vacíos de Productos Fitosanitarios correspondiente a la Fundación Campo Limpio.

El Gobierno Provincial intima a la Fundación “a poner en funcionamiento el Sistema de recolección itinerante a través de empresas operadoras y/o de transporte habilitadas para la operación y transporte interjurisdiccional de residuos peligrosos en el plazo de veinte días corridos, debiendo presentar su propuesta en el plazo de diez días corridos a los efectos de su aprobación, conforme lo expresado en los precedentes considerandos, bajo apercibimiento de realizarlo la Autoridad de Aplicación a costa de la Fundación Campo Limpio”.

Luchar contra los fabricantes

Las normas actuales que regulan y permiten la comercialización de productos químicos sintéticos son inadecuadas. Se desarrollaron sobre la base del riesgo de cáncer y de graves anomalías de nacimiento y calculan estos riesgos en poblaciones inmersas en este tipo de cultivos. No toman en consideración la vulnerabilidad especial de los niños antes del nacimiento y en las primeras etapas de vida, y los efectos en el sistema hormonal.

Las normas oficiales y los métodos de prueba de la toxicidad evalúan actualmente cada sustancia química por sí misma. En el mundo real, encontramos complejas mezclas de sustancias químicas a las que se agregan los insecticidas domiciliarios, los conservantes agregados a los alimentos y diferentes tipos de radiaciones a que nos somete el hecho de vivir rodeados de aparatos electrónicos, nunca hay una sola.

Los fabricantes utilizan las leyes de protección de secretos comerciales para negar al público el acceso a la información sobre la composición de sus productos. Con 100.000 sustancias químicas sintéticas en el mercado en todo el mundo y 1.000 nuevas sustancias más cada año, hay poca esperanza de descubrir su suerte en los ecosistemas o sus efectos para los seres humanos y otros seres vivos hasta que el daño esté hecho. Una política adecuada para reducir la amenaza de las sustancias químicas que alteran el sistema hormonal requiere la prohibición inmediata de plaguicidas como el endosulfan o el glifosato, así lo asegura Elsa Nivi en su libro «Efectos sobre la salud y el ambiente de herbicidas que contienen glifosato».

Finalmente, podemos ver que la agricultura ecológica, sin plaguicidas y otras sustancias químicas, es la única alternativa sostenible, el único modelo que logra elevar los niveles de producción de alimentos y eliminar la necesidad del uso de estas toxinas artificiales que poco a poco degradan el medio ambiente y complican la salud mundial.