Hace tiempo ya que Netflix incluye en su catálogo numerosos especiales de comedia de distintas figuras más o menos reconocidas a nivel internacional. La premisa puede ser acompañar al artista en sus shows de stand-up en vivo para registrarlos o, incluso, realizar fechas especialmente preparadas para que la plataforma tome el material y tiempo después tenerlo disponible en nuestros dispositivos electrónicos. De esta manera, en el año 2016 Bo Burnham realizó «Make Happy» que fue, básicamente, su último trabajo antes de una larga pausa de cinco años que se tomó para atender su salud mental.

Aún disponible en Netflix, «Make Happy» mostraba a un Bo Burnham punzante con respecto a los consumos culturales y, claramente, en conflicto con el comportamiento del propio público consumidor y en especial de cierto tipo de entretenimiento cuya inserción social pareciera que tiene como objetivo distraer de los acontecimientos del mundo y sus problemas. Pero al margen de estas preocupaciones que marcan su repertorio temático, se manifiesta una evidente aflicción mucho más profunda y personal que deja ver en las letras de sus números musicales: cómo se refiere al suicidio, a la felicidad que no siente, a su imposibilidad por resolver angustias y ansiedades. Es llamativo cómo el público se ríe y aplaude de forma indistinta como haciendo valer la entrada que pagaron, mientras una persona está claramente sufriendo arriba del escenario.

No es para nada difícil entender el tiempo que se tomó desde ese momento para reponerse, y tampoco es algo que evite mencionar en su nuevo especial llamado «Bo Burnham: Inside», de hecho, cuenta que su intención en enero del 2020 era volver a hacer presentaciones en vivo pero apareció la pandemia de coronavirus que lo impidió.

El impacto de esta pandemia en la salud mental es de público conocimiento: el aislamiento, la incertidumbre, el miedo, entre muchas otras cosas, afectaron directamente a una cantidad de personas tuvieran o no un trastorno previo. Por otra parte, aunque en la misma línea, desde que comenzaron los primeros confinamientos estrictos se puso en cuestión la idea de «productividad» y de «creatividad» por imposiciones que empujaban a que había que «hacer algo» con lo que estaba pasando. Con ello vino la culpa, la ansiedad y demás… pero para Bo Burnham, que tenía energías listas para producir algo y que necesitaba ocupar su mente, esto se tradujo en la posibilidad de tomarse todo ese tiempo para hacer un nuevo show especial destinado a la visualización a través de una pantalla, y así fue que en más de un año gestó «Inside».

¿Qué vemos en «Inside»?

Un cuarto pequeño (aunque con un muy buen tiro de cámara) y un hombre orquesta que produce, escribe, dirige, musicaliza y protagoniza una serie de pequeños números musicales o performances que parodian las dinámicas sociales de la virtualidad (especialmente las exacerbadas por la pandemia), también la superficialidad de algunas posturas sobre los conflictos o polémicas en boga. Y muchas más reflexiones introspectivas sobre la depresión y la ansiedad con las que es fácil empatizar y, aún más, si se reconoce en uno mismo alguno de esos síntomas. El repertorio temático es casi el mismo que hace cinco años, pero se nota madurez y una conceptualización más ordenada.

Además, muestra un poco del detrás de escena que puede dar una idea del trabajo exhaustivo que requirió producirlo, pero no lo hace para excusarse porque, de hecho, no lo necesita, la calidad integral es sorprendente y la creatividad para resolver la puesta en escena es notable. Asimismo, la impecable factura técnica, los efectos de luces y los temas pegadizos mantienen una retórica muy afilada e inteligente. El resultado es un espectáculo de estímulos en donde las partes se potencian para causar efectos humorísticos, reflexivos y sensibles por igual.