Hace varios días hubo un conflicto gremial en mi querido país, donde los subtes estuvieron paralizados por 10 días. ¡Caos total en la ciudad! ¿Qué les voy a decir sobre lo que padecimos en esos días la falta de juicio y sensatez?
Muchas veces me pregunto qué puedo hacer desde la esfera tan pequeña en la que me muevo, si aquellos que tienen el poder no hacen nada. Y enseguida me surgió una frase que muchas veces leí en los libros de un maestro oriental llamado “El Tibetano”, en donde siempre difunde La Buena Voluntad. Y justamente lo que más hizo falta en este tiempo fue la buena voluntad, y no quiero hablar de los gobernantes, porque si tengo que enumerar de lo que carecen terminamos con “que se vayan todos” que no le hace bien a nadie ni tampoco es la idea.
Este maestro oriental lo que más remarca es que el hombre no tiene que estar lleno de virtudes, es muy difícil encontrar semejante naturaleza humana, aunque la Buena Voluntad es transformadora y liberadora de hechos cotidianos. Dice que es relativamente simple de expresar y que en nuestra vida diaria puede hacer más que cualquier gobernante del mundo, porque es una actitud al bien común, al bien de expresar empatía y ponerse en el lugar del otro. Al hecho de integrarnos socialmente y saber que no estamos solos, y que la trama que nos conecta a todos se llama humanidad.
Este maestro remarca que la tónica de los años venideros será la tarea grupal a través de las buenas relaciones sociales para una correcta acción, y principalmente que la Buena Voluntad tiene el poder de contrarrestar el sentimiento de frustración y futilidad individual. Entonces por qué no nos ponemos las pilas y tratamos, dentro de nuestro alcance, de realizar un servicio activo, a comenzar a ser más prácticos y no tan teóricos. Esta es una forma inteligente de medir mi responsabilidad para con el otro, diríamos entonces, que la buena voluntad es una forma de responsabilidad ciudadana. Me hago responsable de mis actos y a la vez soy consiente del otro y tomo un compromiso. Si tuviéramos esta actitud, ¿cuántas cosas se podrían cambiar? Muchasssssssssss, más de las que creemos. Tengamos actitud al bien común, dediquémonos por un día a salir de nuestro ombligo y tengamos una buena actitud como, por ejemplo, atender urbanamente a quien nos eligió para comprar en nuestro negocio y no en otro, darle paso al peatón y no competir con el auto de al lado para ver quién llega más rápido hasta el semáforo,  que la empleada de la AFIP me atienda como corresponde y no trate de imitar a la empleada pública de Gasalla. ¿Es mucho pedir? A veces pareciera que sí.

Hace unos meses atrás me había agarrado el raye de preguntar a mis amigos: “si tuvieras el poder de cambiar el mundo, ¿lo harías?” Con la excepción de dos personas, las demás dijeron que sí, que ni lo dudaría, y cada una después explicó el primer punto de cambio, como la inseguridad, el hambre, la tristeza, la falta de empleo, que no haya maldad, y así un montón de cosas que terminó derivando en chistes hacia algunos personajes del mundo. Claro, con tamaña responsabilidad hay naturalezas que necesitan del chiste, es una forma de escape. Siguiendo con el relato, una de las cosas que me di cuenta es que el Ser Humano por naturaleza tiene su costado idealista, lástima que no somos prácticos en ese idealismo, todo queda en la mente y en el plano de la fantasía. En definitiva, ¿podemos cambiar el mundo? En su totalidad no podemos transformarlo, pero nuestro mundo sí podemos cambiarlo. Qué te parece esta formula para transformar nuestro entorno que en definitiva transforma el planeta:
SENTIDO COMÚN + EMPATÍA + RESPONSABILIDAD CIUDADANA = BUENA VOLUNTAD
Tenemos que estar a la altura de las circunstancias, la humanidad pide a gritos unidad, conciencia grupal, basta de mirarnos el ombligo, basta de creer que estamos separados, basta de barreras, personalismos, exclusivismos, egoísmos, tenemos que estar más unidos que nunca, seamos más prácticos y desarrollemos la Buena Voluntad, que no es más que voluntad al bien común.