La primera modificación de las políticas de natalidad en China tuvo lugar en el año 2016, cuando el gobierno otorgó un límite de dos descendientes, con el objetivo de contrarrestar la alta tasa de envejecimiento de la población.

Hacia finales del mes de mayo del corriente año, según informó la agencia de noticias Xinhua, en una reunión del Comité Central del Partido Comunista Chino presidida por el presidente del país, Xi Jinping, se dispuso que las parejas casadas podrán tener hasta tres hijos o hijas. Asimismo, se contemplarán penalidades para quienes incumplan las medidas establecidas.

Esta decisión tomada unilateralmente por el gobierno se podría considerar como un retroceso en cuanto a políticas de derechos humanos, ya que afecta de manera directa la salud reproductiva y sexual de miles de ciudadanos chinos, quienes independientemente a su edad, género o estado civil, deberían contar con la libertad de decidir sobre el tener o no descendencia.

Respecto a esta “regla de los tres hijos”, Joshua Rosenzweig, director del Equipo de China de Amnistía Internacional, declaró lo siguiente: “No incumbe a los gobiernos regular cuántos hijos o hijas tiene la gente. En lugar de ‘optimizar’ su política de natalidad, China debería respetar las opciones vitales de las personas y poner fin a todo control invasivo y punitivo de las decisiones individuales sobre planificación familiar”.