Transitamos días complicados. Las altas temperaturas parecen acelerar el cansancio propio de diciembre y las ganas de que algo concluya: el año. Las interrupciones en las líneas de subte, las demoras, los ya trillados problemas de todo tipo con los trenes, un apagón (al cual no puede adjudicarse motivo), una marcha, y reitero, el calor, no cooperan. A esto le sumamos las noticias improbables: la caída de un balcón en una de las zonas más caras de la Ciudad de Buenos Aires y un cartel vial sobre un auto.
El clima no lo controlamos, las manifestaciones son democráticas y cuentan con una larga tradición y, lamentablemente, estamos acostumbrados a los problemas e imprevistos de transporte. El conflicto con los trenes parece responder a un problema gremial, más allá de que suelen esbozarse razones tales como accidentes en determinadas estaciones que imposibilitan la prestación del servicio. La indignación de la gente muchas veces se relaciona con la falta de información clara, sobre la frecuencia y el restablecimiento del servicio. Esto conduce a que la pérdida de tiempo sea aún mayor.

Foto: @Krocita


Uno puede llegar a pensar que se desprenderá un balcón de una construcción antigua, pero que caiga uno de un edificio nuevo situado en Avenida del Libertador al 3.100 no… esto sucedió ayer jueves 8 de noviembre. Hubo una sola persona afectada, con heridas leves.
La segunda noticia inimaginable también aconteció ayer y refiere a otra caída, la de un cartel vial sobre un auto a la altura del kilómetro 56 de la Panamericana, Ramal Pilar. El hecho ocurrió antes de las 12 del mediodía en sentido a Capital. El auto quedó destruido y el pasajero herido, quien fue trasladado al Hospital de Pilar.

Uno no considera que este tipo de cuestiones vayan a suceder, porque en dicho caso nuestras neurosis estarían todas extrapoladas, y no podríamos circular en este mundo tan particular (aunque es el único que conocemos). Necesitamos la falacia naturalista, confiar en que mañana saldrá el sol, aún cuando no tenemos certeza al respecto.