No hay cargo, protocolo, responsabilidades ni una imagen que conformar para una situación tan particular y única como la que vivió la presidente de Brasil, Dilma Rousseff, al momento de recibir el informe final de la Comisión Nacional de la Verdad.

Este documento sobre las violaciones de los derechos humanos vividas en el país vecino durante la dictadura en el periodo de dos décadas, entre el 31 de marzo de 1964 y hasta que comenzó la presidencia de Tancredo Neves en 1985, provocó las lágrimas de la mandataria que, recordemos, fue apresada y torturada cuando tenía solo 23 años. Además, y tal como lo recordó con su discurso, Dilma durante su tiempo en prisión (aproximadamente tres años) perdió amigos y compañeros militantes y, muchos de ellos, aún continúan desaparecidos.

Coincidente con el Día Internacional de los Derechos Humanos, expresó que, “así como respetamos y honramos -y siempre lo haremos- a todos los que lucharon por la democracia, a todos los que cayeron en esa lucha enfrentando la truculencia ilegal del Estado, también reconocemos y honramos los pactos políticos que nos llevaron a la redemocratización”, en referencia a la aclaración de que no impulsará suprimir la Ley de Amnistía vigente en Brasil desde el año 1979.

En cuanto al documento entregado en mano a Dilma Rousseff este miércoles 10 de diciembre y que abarcó casi tres años de trabajo e investigación, el texto concluye en que bajo la dictadura hubo 434 muertos y desaparecidos. Asimismo, en los próximos días se publicarán más detalles sobre la recopilación.

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