El acompañamiento terapéutico se presenta como un nuevo camino del psicoanálisis, ya que se aplica desde su aparición como una alternativa de atención en caso de pacientes graves, en crisis, internaciones o externaciones, según la singularidad de cada caso. Este dispositivo se realiza de forma personalizada y acotada a una determinada estrategia, realizada por personas formadas especialmente para ocupar dicho rol. Su formación y posición en el tratamiento hace del acompañante terapéutico un agente de salud diferente de otros profesionales intervinientes en el tratamiento de un sujeto, como pueden ser: psiquiatra, psicólogo, psicopedagoga, terapista ocupacional, musicoterapeuta, etc.Pensamos que el acompañamiento terapéutico se inserta en las grietas tanto del discurso psiquiátrico como psicoanalítico, inscribiéndose como herramienta de ambos tratamientos. Lejos de competir, resultan ser fundamentalmente complementarios.

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En muchas ocasiones la indicación de acompañamientos terapéuticos se realiza de forma indiscriminada tanto por psiquiatras como por analistas. Allí donde no se sabe qué hacer con un paciente, se ofrece el acompañamiento como parte del menú que ofrecen las instituciones para los tratamientos. La función del acompañante en el tratamiento no puede definirse a priori, ya que así se la explicaría de una forma estandarizada, aislada y sin relación a una práctica específica, desconociendo la singularidad de cada caso. Su ubicación en el tratamiento funciona como otro recurso que brinda la permanencia de una presencia, que no es posible para el responsable del tratamiento, brindando una alternativa o complemento a otras intervenciones como las internaciones, los psicofármacos o el tratamiento psicológico dentro de un consultorio. Debemos tener siempre en cuenta en la práctica del acompañamiento terapéutico el entrecruzamiento de estos modelos teóricos, ya que en la mayoría de los casos resulta imprescindible un tratamiento interdisciplinario, el cual no debe borrar las diferencias conceptuales, sino que debe articularlas según el campo de acción de cada una. Su función no radica en ser el auxiliar del paciente, sino prestarse en presencia y en cuerpo a que el acompañante pueda brindar herramientas al paciente para afrontar distintas situaciones de la vida cotidiana. Se trata de una escucha, particular, que no por ser reticente deja de ser activa.
El acompañante funciona como el secretario del paciente, el que escucha el testimonio que tiene para darnos sobre lo real que se le presenta como insoportable.Son momentos terapéuticos que se desarrollan en la ciudad y en la cotidianidad del paciente. El transitar por la ciudad, acompañar un recorrido, responder  a los signos de la civilización y ser parte de ella, llevar a cabo una compra, son situaciones cotidianas que señalan el compromiso de un sujeto con su particularidad y con la forma en que esta se enlaza con lo social.

Para finalizar, creo importante destacar que la intervención del acompañante terapéutico apunta no a corregir, educar o adaptar, sino a promover las construcciones y enmarcar las producciones inéditas del paciente, como este habita su mundo.
Nota elaborada para .cero por Eugenia Carrera, licenciada en Psicología.