El arte plástico es una buena forma de comunicar, llegar a los espectadores a través de la emoción o provocación, pero también se lo puede utilizar para divertir o hacer un trabajo de introspección y esto es lo que propone la muestra «Polesello joven 1958-1974», una excelente retrospectiva que se presenta en el MALBA, de los años más fructíferos de Rogelio Polesello, curada por la licenciada en historia del arte, escritora e investigadora en arte contemporáneo argentino e internacional Mercedes Casanegra (con una entrevista exclusiva que podés disfrutar al final de esta nota).

La muestra, que se podrá visitar hasta el 12 de octubre, reúne una selección de 120 piezas que pertenecen a colecciones públicas y privadas, como el Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA), el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires (MAMBA), el Museo de Arte Contemporáneo de Buenos Aires (MACBA), el Museo de Bahía Blanca (MBA-MAC), el Museo de Arte Moderno de Bogotá (MAMBO) y el Museo del Banco de la República de Bogotá, entre otras.

Sorprenden las monocopias, tintas, témperas y óleos de los años 1958 y 1959, según Marta Minujín, su amiga y colega, las mejores producciones de Polesello. También se pueden apreciar los trabajos de gran tamaño de principios de los años 60, como el mural de cinco metros de 1960-1966, nunca antes exhibido. Además, los visitantes se encontrarán con una vitrina relacionada con sus tapices para la Galería del Sol y diseño gráfico para publicaciones como «El arte del tejer», «Tiempo de Cine», afiches y catálogos de arte. En las últimas salas se encuentran exhibidos en diferentes formatos sus mágicos y característicos acrílicos tallados, que distorsionan o funcionan como lupas, en algunos casos deformando algunas de sus pinturas y en otras interactuando entre sí.

Polesello utilizó diversas posibilidades de la abstracción geométrica en pintura, grabado y objetos acrílicos y generó con este último efectos ópticos que descomponen la imagen. Quizás la maestría con la que utilizó el acrílico se debe a una actividad que descubrió cuando era un niño: «De chico jugaba en la casa de mis padres mirando a través de pequeños vidrios, sentía fascinación por la forma en que se reflejaba la luz y se multiplicaban los objetos a través del cristal», dijo el artista.

Además de haber sido influenciado por Paul Klee, entre otros, su padre fue fundamental para el desarrollo de su obra. «Él era constructor, un inmigrante italiano que vino de un lugar destruido para construir. Me ayudó a aceptar que a lo largo de la vida todas las cosas se destruyen. Eso es lo que hago en mis trabajos, a partir de la destrucción construyo», analizó Polesello unos meses antes de morir.

Entrevista sobre la exposición a su curadora, Mercedes Casanegra

¿Cómo fue tu experiencia para llegar a este resultado tan impresionante?

Si bien hacía tiempo que Polesello me había dicho de ser su curadora, lo que resultó fundamental fue el trabajo de archivo e investigación que hizo el MALBA. Él tenía 56 años de trabajos guardados en enormes cajas, todos juntos. Luego de mucho esfuerzo se decidió cuál era el período que se iba a tomar, 1958-1974, y me pareció que es un lapso de tiempo perfecto como mirada sobre su obra. Es muy rico, muy fructífero y en esos años prefiguró muchas de sus obras futuras, pero también, por el larguísimo tiempo que pasó, muchas generaciones no lo conocen.

¿Cómo describís a Polesello?

Él no fue de esos artistas que trabajaba en la soledad de su taller sino que empezó a trabajar en diseño gráfico antes de producir obra artística. Mientras él estaba haciendo la escuela de Bellas Artes ya trabajaba en una agencia de publicidad como diseñador gráfico. Su experiencia comenzó así, paralela con el arte. Tenía versatilidad para dedicarse no solo a un tipo de producción artística.

¿Qué es lo que más te conmueve de su obra?

Trabajar con la imagen en el mundo de hoy, que es una proliferación por billones, es todo un desafío. Lo que me pareció interesante de la imagen de Polesello, ya sea en su pintura o en sus obras de acrílico translúcido o de color, es que pueden ser miradas de una manera muy abierta, desde una imagen que puede parecer pasatista a una imagen de una gran profundidad existencial. Mirándote a través de sus juegos de lupas y sus juegos visuales te puede llamar a un trabajo introspectivo. Ese amplio abanico es una riqueza enorme.

Además de ser la curadora de esta muestra fuiste su amiga, ¿qué características destacás de él en lo personal?

Su calidad humana, era una persona muy especial, de enorme calidez, visión e inteligencia. Él necesitaba alimentar sus ojos y su cabeza constantemente de nuevas imágenes, era un ejercicio que hacía, veía diariamente todos los periódicos y revistas que podía, era un curioso increíble.

¿Y sobre su obra?

Su obra me parece única, en el año 1966 fueron muchos los artistas que comenzaron a trabajar el acrílico, yo debo decir que con la potencia de Polesello ninguno y, por más que hay otros muy respetables, la obra que más ha trascendido es la de él.

¿Cuál es tu expectativa a través de esta muestra?

A partir de esta muestra se va a difundir enormemente parte de su obra que no se tenía tan presente, como Polesello siguió produciendo siempre lo que se conocía o veía era lo último. Ir a las raíces va a completar la imagen que el público tiene de Polesello.