El año 2001 tuvo un cambio paradigmático a nivel tecnología, en la economía y las nuevas guerras en la modernidad. Luego de los famosos ataques a las Torres Gemelas que quedaron en la visión y memoria de la humanidad, aún con dudas sobre su organización, la geopolítica se modificó. Afganistán, un país de Asia insertado entre dos grandes naciones como lo son Irán y Pakistán, sería el escenario de una de las contiendas que daría el inicio a estas nuevas guerras.

Durante semanas visualizamos a través de la TV la ofensiva estadounidense y, lo que en los 90′ vimos una vez cada tanto, en Afganistán se dio con mayor claridad (ni hablar de lo que pasaría en Siria, una cuasi vivencia in situ). Atrapar a Osama Bin Laden fue el motivo de aquella envestida, un examigo de Norteamérica en la guerra contra los rusos para sacarlos de Afganistán y que luego, como todo enemigo creado por Occidente, se volvió en contra.

Así comenzó la ofensiva, y los talibanes ocupaban el poder en aquella nación, una que primero (y principalmente) producía la mayor cantidad de opio en el mundo, una nación de montañas y largas extensiones de territorio «sin nada». Kabul, su capital, sería el escenario de las invasiones estadounidenses y que, junto a los rebeldes, lograron sacar aquella espina del régimen talibán.

Pero los años pasaron, y las criticas aumentaron acerca del porqué el ejército de los Estados Unidos seguía haciendo base en dicho país, ya que su objetivo estaba cumplido: capturar a Osama Bin Laden que, curiosamente, no estaba en Afganistán sino en un país vecino, aliado de Estados Unidos por mucho tiempo, Pakistán. Las acciones del ejército occidental fueron reduciéndose a pesar de contar con bases en aquel país y luego de que los afganos obtuvieran el poder que, sin embargo, no pudieron controlar al 100% debido a los atentados que sufrieron por el Estado Islámico (ISIS).

La gestión de Barack Obama comentó sobre el retiro de las fuerzas, pero nada de eso sucedió, hasta que llegó al poder Donald Trump, quien definitivamente firmó el retiro de sus tropas. Tampoco sucedió a corto plazo y, al finalizar su mandato, aún mantenían tropas que se extendieron hasta la asunción de Joe Biden: “El pueblo afgano debe hacerse cargo de su lucha”. Así, Biden decidió retirar a las fuerzas y hasta el momento 40% aguarda en tierra asiática para regresar a su hogar.

Este accionar y la debilidad de las tropas afganas hicieron que la ofensiva talibán haya revivido y, luego de años de contención, su ejército resurgiera más «entero» que nunca. El pasado jueves las tropas talibanes tomaron el control de la tercera ciudad más importante, Herat, así afirmaron los responsables de las fuerzas de seguridad locales.

Asimismo, los talibanes ya habían tomado la ciudad de Ghazni, muy cercana a Kabul, y lo que hasta el jueves eran 11 localidades, este viernes llegaron a 17 y siguen avanzando hacia la capital, ya casi rodeada por las fuerzas extremistas.

Por otra parte, en Qatar se mantiene un diálogo de negociación entre talibanes y el gobierno para frenar esta avanzada y negociar una repartición del territorio, cosa que los talibanes no están dispuestos a hacer.

Nada de lo antes mencionado resulta esperanzador y algunos voceros del ejército norteamericano aseguraron que la ciudad de Kabul podría caer en manos de los talibanes en 90 días. Esto traería consecuencias terribles hacia su población, debido a la posible implementación de leyes más duras, así como también el posible movimiento migratorio que ya se está generando internamente.

Más de la mitad del territorio ya está en manos de los talibanes y, posiblemente, tomen el control total del país. Una situación similar a la de Siria se avecina, sobre todo en el caso de los movimientos migratorios que podrían dirigirse hacia Pakistán u otros territorios en la región.

Un panorama más que desolador y un abandono total por los mismos que en su momento dieron una mano, que hoy la sueltan no solo al gobierno local sino al pueblo afgano, que volverá a vivir el asedio y la mano dura de los talibanes, quienes podrían juntarse con los restos de lo que quedó de la Yihad islámica o el mismo ISIS, que no tiene mucho territorio pero que vería con buenos ojos hacer base en Afganistán para rearmarse, en un país en declive luego de una leve esperanza hacia su pueblo, hoy los afganos están en peligro.

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