Desde el comienzo de la cuarentena, e incluso antes de ella, nos informamos de forma acelerada, consumimos noticias de todo tipo y cada vez con más datos falsos o salidos de contexto. Las redes sociales replican y producen contenido 24 horas al día pero, ¿qué sucede cuando de la información depende la vida? ¿Cúal es nuestra responsabilidad en el consumo de noticias falsas ¿Sabías que hay una epidemia de información en la pandemia? Periodistas, científicos y organizaciones de verificación de datos alertan sobre la gravedad de la situación y comparten consejos para no caer en la infodemia, la epidemia informativa en la pandemia.

Pecar por inocentes

Circula en Facebook una publicación en la que, acompañada de una foto, presentan a “Aníbal Ansalas” como un médico del Hospital Llano de la ciudad de Corrientes, quien “falleció después de haber ayudado a curarse a muchas personas del temido COVID-19” . La persona que aparece en la foto en realidad es Ángel Muñoz, un actor pornográfico español cuyo nombre artístico es “Jordi El Nino Polla”, tal como se verifica en la base de datos online de la industria del cine y la televisión y en la base de datos de películas para adultos. Este caso fue verificado por Chequeado en Argentina, el principal proyecto de la Fundación La Voz Pública, un medio digital no partidario y sin fines de lucro que se dedica a la verificación del discurso público, la lucha contra la desinformación, la promoción del acceso a la información y la apertura de datos.

Este mismo caso que se permitió verificar Chequeado aparece en Colombia con un contexto parecido, o en Perú con la foto de Mia Khalifa, una modelo libanesa, empresaria y personalidad de la industria del porno. La publicación es compartida en los muros de millones de usuarios de Facebook y se viraliza rápidamente. Los cautos se ríen, los inocentes se indignan. A 4 días de ser verificada esta publicación como falsa, aún se comparte.

Organizaciones como Chequeado en Argentina, ColombiaCheck en Colombia y La Red Internacional de Verificación de Datos (IFCN) en Estados Unidos trabajan para separar la ficción de la realidad. IFCN es una unidad del Instituto Poynter dedicada a reunir a verificadores de datos en todo el mundo. La IFCN se lanzó en septiembre de 2015 para apoyar una creciente generación de iniciativas de verificación de hechos mediante la promoción de mejores prácticas e intercambios en este campo. Por su parte, ColombiaCheck nace en Colombia en el 2016 con el mismo objetivo: detener las noticias falsas y los datos dudosos en los contenidos y discursos en los medios.

Buscar las fuentes, llegar al fondo

Ante la libertad con la que se manejan los contenidos en las redes y el caudal de noticias falsas, es aconsejable siempre leer las noticias hasta el final y verificar su fuente, es decir, de dónde se extrajo la información, qué página la pública y quién es su autor o autora.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) identifica a esta “desinfodemia” como una verdadera “segunda enfermedad” que acompaña a la pandemia del COVID-19, que es “una sobreabundancia de información, algunas veces precisa yotras no, que dificulta que las personas encuentren fuentes fidedignas y orientación confiable cuando la necesitan”.

En una nota temática de la serie de la UNESCO «Tendencias mundiales en libertad de expresión y desarrollo de los medios de comunicación», se reflejan las estadísticas que permiten identificar las tendencias sobre el alcance y la difusión de la “desinfodemia” que son escasas. Sin embargo, las cifras con las que contamos actualmente apuntan a un alcance y difusión en escala masiva.

Sobre la base de un análisis de aprendizaje automático (machine learning) de 112 millones de posteos públicos realizados en 64 idiomas en distintas redes sociales, todos relacionados con la pandemia del COVID-19, la Fundación Bruno Kessler y sus investigadores detectaron que un 40% de los mensajes provenían de fuentes poco fiables.

Aproximadamente, un tercio de los usuarios de redes sociales informaron haber leído información falsa o engañosa sobre el coronavirus, según señaló un estudio del Instituto Reuters realizado en 6 países. El Centro Pew, por su parte, constata que las personas que suelen utilizar las redes sociales para acceder a las noticias tienen mayores posibilidades de verse expuestas a contenido falso.

Otro estudio elaborado por la Fundación Observatorio de “Infodemia” COVID-19, que utilizó técnicas de aprendizaje automático, encontró que casi el 42% de los más de 178 millones de tweets relacionados con el COVID-19 fueron producidos por bots. El 40% de ellos, además, fueron calificados como “no fiables”. Asimismo, en marzo fueron identificados en Facebook alrededor de 40 millones de mensajes problemáticos relacionados con COVID-19 (acompañadas de advertencias sobre su contenido), de acuerdo con la compañía. “Cientos de miles de fuentes y elementos de información errónea pueden acarrear un daño físico inminente” y fueron también eliminadas, agregó la empresa.

Aproximadamente, 19 millones de los casi 50 millones de tweets relacionados con el COVID-19 y analizados mediante inteligencia artificial (38% del total) por Blackbird.AI fueron considerados como “información o contenido manipulado” y 8 millones de correos electrónicos fraudulentos sobre coronavirus son bloqueados diariamente por Google en su servicio de correo electrónico Gmail.

Además, Newsguard identificó 191 sitios web en Europa y América del Norte que publicaron información falsa sobre el virus y la AlianzaCoronaVirusFacts descubrió –y desacreditó– más de 3.500 informaciones falsas o engañosas circuladas en más de 70 países y en más de 40 idiomas.

La sociedad de la información

Las sociedades de la información se caracterizan por basarse en el conocimiento y en los esfuerzos por convertir la información en conocimiento. Cuanto mayor es la cantidad de información generada por una sociedad, mayor es la necesidad de convertirla en conocimiento.

Otra dimensión de tales sociedades es la velocidad con que tal información se genera, transmite y procesa. En la actualidad, la información puede obtenerse de manera prácticamente instantánea y, muchas veces, a partir de la misma fuente que la produce, sin distinción de lugar. Finalmente, las actividades ligadas a la información no son tan dependientes del transporte y de la existencia de concentraciones humanas como las actividades industriales. Esto permite un reacondicionamiento espacial caracterizado por la descentralización y la dispersión de las poblaciones y servicios, plasmó Ortiz Chaparro en su libro «La sociedad de la información».

Esta Sociedad de la Información es, por lo tanto, realidad y posibilidad. Hay que verla como un proceso en el que ya nos encontramos, pero cuyo punto de llegada y consolidación parece aún lejano. Existiendo los cimientos para que la sociedad contemporánea despliegue sus mejores potencialidades gracias al intercambio de información y también para que la información llegue a derivar en conocimiento.

No es poco lo que falta por hacer en busca de esa meta y resulta necesario desplegar ambiciosas tareas no solo en la cobertura de las redes informáticas (ello incluye la disponibilidad de equipos y de conexiones necesarias para todos tener acceso a la Internet) sino, junto con ello, en la capacitación de los ciudadanos para saber aprovecharlas creativa y eficientemente.