Facebook, un sitio web de redes sociales creada por Mark Zuckerberg surgió, en un principio, únicamente para los estudiantes de la Universidad de Harvard. En 2007 la plataforma se tradujo a otros idiomas con el fin de generar su expansión por fuera de Estados Unidos. En octubre de este año llegó a tener 1.000 millones de usuarios, lo que equivale a la población de Estados Unidos (311.999.354 habitantes) sumado a la Argentina (40.117.096), Brasil (193.017.646), Indonesia y Pakistán (ocupan el 4° y 5° lugar en cantidad de habitantes en el mundo). Las estadísticas sobre las fotos subidas son más impactantes: más de 83 millones de fotos subidas a diario.
Un mundo feliz
A juzgar por lo que figura en Facebook todos somos felices. Fotos de fiestas, cumpleaños, eventos, vacaciones y reuniones. Todos tenemos amigos, pero tiene más sentido a la inversa: nadie está solo. El artista amateur difunde, algunos juegan juegos (permiten que el usuario se mantenga en la plataforma y no se vaya a otra), se opina, etiqueta… te gusta.
Pero aquí, en este mundo, no estamos bajo la administración de soma. La aparente felicidad global deriva del componente visual, que resulta tan fuerte en Facebook. Estamos en una sociedad visual, la imagen es casi todo, y esta red social es, en gran medida, una red de fotografías relacionadas con la vida social de las personas. La fotografía no abandona la búsqueda de belleza, y las personas se encuentran ante una búsqueda de aprobación, aunque implícita, frente a la mirada del otro. El «me gusta» es aprobación y aceptación además de gusto. Y obviamente, nadie quiere verse mal, por lo cual se maquillan aspectos de la realidad o se evade mostrar lo negativo y deriva en algo bello, o mejor dicho, en la mejor versión posible. Aunque no sigamos este mecanismo de forma obsesiva, es una lógica subyacente.
Lo pienso como un diario para el futuro e imagino que las próximas generaciones verán los perfiles de usuarios de Facebook como podemos leer un diario intimo o cartas viejas ahora, y pensarán que todos teníamos vidas bastante espléndidas.
 “¿Lo que la vida separó que no lo junte Facebook?”
¿Aplicamos la idea de que la vida separa y Facebook no debe unir, o adherimos a algo más similar a «Gente que busca gente»? No sé si es posible evaluar si es bueno o malo que se una gente que se alejó por cuestiones de la vida. Además, la “unión” que puede surgir puede ser insignificante o dar paso a otra cosa, lo cual siempre dependerá de cada caso.  Es imposible generalizar. Lo curioso es el poder que ejerce esta red en la vida social. Brinda la herramienta para entablar contacto fácilmente con aquel que no vemos hace años (lo cual no sería únicamente característico de Facebook) dentro de una red donde compartimos nuestra vida y brindamos datos voluntariamente sobre nuestros vínculos reales y otras cuestiones. Y esto, de una forma particular con un lenguaje creado dentro y para Facebook, que luego desborda las pantallas e introduce lógicas nuevas en la sociedad.
En resumidas cuentas, buscar a alguien para chusmearle la vida es muy distinto a usar la red como un medio para retomar contacto con un ser querido o apreciado. Tantear a través de las imágenes y la escasa información brindada cómo le fue en la vida a una persona, es simplemente superficial. Facebook creó grandes stalkers, inofensivos en la mayoría de los casos, curiosos y nada más, pero stalkers al fin. De hecho, el término se ha castellanizado. Además Facebook brinda una herramienta muy peligrosa para la celotipia y la obsesividad. ¿Cuántas parejas sufren escenas de celos a través de cuestiones surgidas en Facebook?
Muro (o biografía) e inbox: de lo público a lo privado
El inbox parece ser una suerte de mini mail y el muro es un capítulo aparte. Lo que la mención reserva únicamente para el usuario en Twitter, Facebook lo publica sin piedad en su wall. Sin embargo, para ver el muro es necesario ser usuario. ¿Qué criterio usa cada uno para enviar algo vía inbox o muro?  ¿Y si mi criterio no coincide con el de aquel con quien me estoy comunicando? Yo solo sé que mi mamá y mis tías organizaron qué llevaba cada una (ensaladas, tortas, etc.) a una reunión familiar en el muro, pensando que estaban hablando en privado.
Tener o no tener
Actualmente, es más snob no tener Facebook que tener uno y no usarlo. No prestarle atención ni actualizarlo es un acto de rebeldía mayor que no ser usuario (para ello solo hace falta tener una casilla de correo). Llega un momento en el cual una persona joven que no forma parte plantea una suerte de resistencia necia, mientras se esmeran en marcar una diferencia. Si bien nadie tiene porqué sumarse, nadie es demasiado bueno para Facebook. Allí solo somos un ser feliz más. Insisto, tenerlo y no usarlo es casi como no tenerlo.
Por último, muchas de las críticas acerca de esta red se basan en el carácter público de los datos. Entiendo la crítica sobre la concesión de derechos, los cambios abruptos en las políticas de la red creada por Zuckerberg y la incapacidad de eliminar algo en la memoria una vez que se ha subido. Pero algunas críticas con respecto a lo público de Facebook parecen no tener en cuenta la posibilidad de regularlo mediante las políticas de privacidad que pueden personalizarse.
La barrera entre lo público y lo privado definitivamente va cambiando. Esto no implica que no podamos pensar antes de construirla. Flexibilizar no es obviar.