Las familias ensambladas también suelen ser llamadas amalgamadas, reconstituidas, mixtas y hasta familiastras.

¿Qué es una familia ensamblada?

Transitamos una época signada por el cambio. Si bien es una característica habitual en las personas en todas las etapas de la vida, en la actualidad se visibilizó más aún y se puso en práctica, literalmente.

Lo cierto es que, para bien o para mal, la sociedad cambia. Las personas varían de trabajo e incluso de profesión. Antes, la mayoría comenzaba y terminaba una carrera laboral en una misma empresa que jubilaba después de 30 años o más de fieles servicios. También el lugar donde viven, sus casas, se mudan varias veces a lo largo de sus vidas. Y no necesariamente nos unimos hasta que la muerte nos separe.

Ensamblada es una familia en la cual uno o ambos miembros de la actual pareja tiene/n hijo/s de uniones anteriores. Dentro de esta categoría, entran las segundas parejas de viudas/os tanto como de divorciados/as y de madres solteras. Después de la Segunda Guerra Mundial, la mayor parte de estos casos la conformaban las viudas de caídos en batalla.

Actualmente, el grueso de las familias ensambladas en el mundo occidental lo constituyen personas separadas o divorciadas con hijos. Esto implica que hay dos familias ensambladas por cada chico cuyos padres volvieron a formar pareja. En esta instancia, encontraremos a hijas e hijos que conviven con la pareja y otros que sus padres visitan algunas veces al mes.

Este grupo humano ya demográficamente significativo se incrementa día a día, acompañando el aumento mundial de número de divorcios en las últimas décadas. Sin embargo, es un concreto caso de cambio social no reconocido en lo institucional en nuestro país, ya que hasta hace poco tiempo atrás no había leyes que ampare ni reconozca. La vertiginosa estampida de familias conformadas con esta modalidad supera en tiempo a la velocidad de las instituciones.

Las familias ensambladas se enfrentan a pérdidas y cambios estructurales difíciles de sobrellevar y sostener. Como su palabra lo dice, ensambladas requiere la integración de dos familias diferentes, con distintas costumbres, enseñanzas, educaciones y estilos de vida, y podría seguir enunciando más variables más para acomodar. Mucho trabajo, esfuerzo y comprensión requiere este ensamble pero, sobre todas las cosas, todo esto se hace posible si hay amor. Porque de la mano del amor hay un por qué hacerlo y un para qué valdrá tiempo en este sacrificio con cara de «sí podemos juntos». Porque, además, recordemos que ambas cabezas de familia y descendencias (si las hay) vienen de pérdidas importantes y significativas en sus vidas.

Me parece oportuno citar textualmente a Virginia Satir, una notable autora y trabajadora social, psicoterapeuta, conocida por su enfoque de terapia familiar, quien dice al respecto: “El concepto tradicional de la familia es el de un lugar donde pueden encontrarse el amor, la comprensión y el apoyo, aún cuando todo lo demás haya fracasado. El lugar donde podemos recuperar el aliento y sacar nuevas energías para enfrentarnos mejor al mundo exterior. Sin embargo, para millones de familias conflictivas, esto resulta un mito”.

Concluyo el artículo diciendo que las familias ensambladas, en mi humilde opinión, son familias valientes, que le apuestan al volver a empezar, buscadores de oportunidades. La noticia alentadora es que en estas familias circula mucha vitalidad. Habitualmente hay niños de diferentes edades y/o adolescentes que interactúan en diferentes hogares y hermanos que terminan siendo «del corazón» a largo plazo. Asimismo, existen ventajas para los hijos, tales como tener vacaciones por partida doble, dos o más festejos de cumpleaños y un comportamiento social que pocas veces sale a la luz, y es que los niños tienen una aceptación natural a convivencias abiertas establecidas por este novedoso formato de familias ensambladas.

Me despido con una frase de Bert Hellinger, creador de las Constelaciones Familiares: “En un sistema familiar, si no hay orden el amor no fluye”.

Artículo elaborado especialmente para puntocero por Silvia Sproviero.