El 2 de abril de 1922, en una Argentina aún lejos incluso del voto femenino, se celebraba una jornada de elecciones presidenciales en las que se impuso la fórmula radical Marcelo T. de Alvear y Elpidio González. El 14 de abril de ese mismo año nacía María Luisa Bemberg, con pocas generaciones de distancia de Otto Bemberg, fundador de la Cervecería Quilmes. Producto de su época, no recibió educación formal y fue criada con el objetivo de continuar los mandatos patriarcales.

El 17 de octubre de 1945 una multitud se movilizaba a Plaza de Mayo para exigir la liberación del entonces coronel Juan Domingo Perón, sellando en la historia argentina el Día de la Lealtad Peronista. A la vez, se casaba María Luisa Bemberg con el arquitecto Carlos María Miguens, con quien tendría cuatro hijos. Con todos los mandatos cumplidos para sentirse realizada en los estándares con los que se había criado, decidió romper los esquemas, separarse y transformar su paso por la vida: «Hay que haber tenido cuatro hijos para saber que no bastan».

Unión Feminista Argentina

Entre los años 1966 y 1973 sucedió la dictadura cívico-militar que había derrocado a Arturo Illia mediante un golpe de Estado. Paralelamente, florecía la primera agrupación feminista de nuestra historia: la Unión Feminista Argentina (UFA) en 1970, fundada por María Luisa Bemberg y Gabriela Christeller. Además, surgían sus primeras intervenciones en el ambiente cinematográfico. En el año 1971, bajo el gobierno de facto de Alejandro Agustín Lanusse, escribió el guión de «Crónica de una señora» que dirigió Raúl de la Torre. Y en el año 1972 filmó su cortometraje «El mundo de la mujer».

En este cortometraje une distintos ejes trazados para el desempeño femenino en la sociedad de ese entonces, con una habilidad para la narración audiovisual, cuanto menos, evidente. Filmado en la exposición «La mujer y su mundo» que se realizó en la Sociedad Rural de Palermo, con textos extraídos del propio catálogo de la muestra; fragmentos del Libro Azul de Para ti «Guia para saber cuál es la mujer ideal para cada hombre, cómo debe hacer para conquistarlo, y conservar el amor»; y el cuento de «la Cenicienta».

«Juguetes»

En 1974 murió Juan Domingo Perón y asumió la presidencia Isabel Martínez de Perón. En el año 1975 estalló la crisis económica con el «Rodrigazo». Bemberg en este entonces escribe «Triángulo de cuatro», que dirigió Fernando Ayala. Pero es en el año 1978, mientras Argentina gana la Copa Mundial Masculina de Fútbol en el medio de un país que desbordaba sangre, cuando ella realizó su segundo cortometraje (y emblemático) «Juguetes».

Este segundo film se articula de forma muy similar al anterior, de pura denuncia comienza con una placa que expresa «desde la infancia las expectativas de conducta son distintas para cada sexo. Se educa a los hijos de manera específica, para que actúen de manera específica», y sentencia que «los cuentos y los juguetes no son inocentes: son la primera presión cultural». Con este disparador vuelve a una exposición en La Rural en la que entrevista a decenas de niños y niñas sobre sus gustos y expectativas para el futuro, logra una vez más fundamentar y articular de forma clarísima la pequeña gran tesis que propone en los primeros instantes. Y dicho cortometraje finaliza con una dedicatoria maravillosa, que habla del optimismo sobre el cual se cimientan las voluntades de transformación: «A Bárbara con esperanza».

«Momentos»

Luego, en 1981, se atrevió a dirigir su ópera prima, «Momentos», que mantiene relación con sus dos guiones previos, cierra una suerte de «trilogía sobre las mujeres de la clase media». Vale citar a Leonor Calvera: «junto con los dos largometrajes anteriores confiados a manos ajenas, conforman una pintura de mujeres de clase media y alta con una existencia que no eligieron, la heredaron. El eje temático es que estas vidas solo en apariencia son armoniosas. Un suceso, un sentimiento, una infidelidad, las empuja a la transgresión y al replanteo de su ser en el mundo». De este momento, con motivo del estreno y de sus cualidades como directora de cine, Bemberg declara: «Sabía que si mi película salía mal no iban a decir ‘¡qué bestia, la Bemberg!’ sino ‘¿No ven que las mujeres no sirven para hacer cine?’, y ahí caían en la volteada millones de mujeres inocentes».

En 1982 estrenó «Señora de nadie» (frase con la que se autodenominaba ella misma luego de separarse), con la que quiebra las verdades absolutas de la institución de la familia. En la película una mujer descubre que su marido la engaña y ve desmoronarse a su alrededor la construcción de su vida. Decide entonces irse de su casa y dejar a sus hijos al cuidado de su padre. Y nos detenemos en este punto porque, posteriormente, no es fácil recordar (ni siquiera en nuestra actualidad) películas en las que una mujer decida alejarse ni siquiera un poco de sus hijos, y mucho menos para reconstruirse como una persona cuya felicidad no depende exclusivamente de ellos.

«Camila»

Con el retorno de la democracia en el año 1983, la historia de Camila O’Gorman y el cura Uladislao Gutiérrez durante los tiempos rosistas fue llevada a la pantalla grande por María Luisa con «Camila» en el año 1984. Posteriormente fue nominada al Oscar como mejor película de habla no inglesa. Un film atravesado por el contexto político que representa y que redimensiona la noción plana de las tragedias románticas históricas que se llevan al cine.

En el año 1986, «Miss Mary» retrata la vida de la aristocracia terrateniente a través de los ojos de una institutriz inglesa que vive en la estancia con la familia. La película está ubicada en el contexto de 1945 con flashbacks constantes hacia la Década Infame, para ir y venir en la conformación social de esta familia y cómo estas características se relacionan con su ordenamiento puertas adentro.

«Yo, la peor de todas», en el año 1990, cuenta la vida de Sor Juana que, según la propia cineasta retomada una vez más por Leonor Calvera, «fue la primera feminista del continente americano». Rebelde, por momentos iracunda, con un enorme afán de conocimiento y un profundo sentido de la independencia, son cualidades con las que puede definirse tanto a María Luisa como a la monja. Bemberg eligió contar la historia de Sor Juana Inés de la Cruz, inspirada en un ensayo de Octavio Paz, mostrando los celos y envidias que despierta un espíritu libertario tanto como las pujas entre los poderes constituidos. Lo hizo con un estilo despojado, ascético, casi alegórico, con un distanciamiento que le dio a ese retrato profundidad, riqueza y trascendencia. Por ello fue premiada en Chicago, Cartagena, Venecia y La Habana».

El último filme de María Luisa fue «De eso no se habla» en el año 1994, que cambia su registro hacia un retrato más onírico y metafórico pero sostiene el espíritu de su filmografía. Ya enferma, escribe su última colaboración en el guión de «El impostor», basada en el cuento homónimo de Silvina Ocampo cuya realización en manos de Alejandro Maci no pudo llegar a ver. Falleció el 7 de abril de 1995.

La mirada de María Luisa Bemberg como directora constituye, desde sus raíces, un pensamiento feminista indiscutible. Construyó con rasgos autobiográficos la búsqueda incansable de su discurso que siempre apuntó a sacudir los estatutos patriarcales para que la mujer se reinvente a sí misma en libertad. Desde sus cortometrajes hasta su última película, retrató las batallas del feminismo más popular y cotidiano con una actualidad abrumadora. Invaluable, valiosa, hoy decidimos recordar a María Luisa Bemberg.

Un comentario de “Feminismo, cine y María Luisa Bemberg

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