La persecución y asesinato de la comunidad trans en Bogotá es la radiografía perfecta del olvido estatal, el estigma, el prejuicio y la cobardía de una sociedad que excluye, señala y calla ante el dolor humano. La violencia sistemática, la discriminación y la transfobia institucional se exacerban con la pandemia y la organización Red Comunitaria Trans denuncia desaparición, violencia y negligencia estatal.

Con el lema #YoMarchoTrans, más de mil personas se movilizaron el 3 de julio en las calles de la capital por el derecho a habitar la calle, a decidir sobre sus cuerpos, por la libertad de expresión y por el derecho humano de ser como se desee y no morir por ello.

Mientras que en países como Argentina se celebra el Día del Orgullo, en Colombia la comunidad lejos está de celebrar y salen a las calles para visibilizar la violencia que viven en medio de una fuerte persecución por su condición en la pandemia. Los colectivos denuncian abandono por parte de la Alcaldía Mayor de Bogotá y con mensajes contundentes reclaman a Claudia López, la mandataria de la capital, que detenga los operativos que violentan en las calles y hostigan a las personas que hacen parte del colectivo. Además, reclaman ayuda en medio de una pandemia que no las deja trabajar. Más de 100 días de cuarentena y solo 172 mercados para las personas LGBTIQ+ fueron la llama que encendió la dinamita de una lucha que, históricamente, estuvo oculta y relegada en Colombia. Esa deuda que no se salda y ahora no se podrá esconder debajo de la alfombra, porque la comunidad trans existe y está en pie de lucha.

Son pocos los medios de comunicación que abiertamente hacen eco de la situación. La atención se dirige a las redes de corrupción, narcotráfico y politiquería que por estos días se destapa en el gobierno de turno. Los colombianos, cada vez más agobiados por la avalancha de información, no ven la cruda realidad de una política de represión en las calles en contra de los más vulnerables. La opinión pública no narra la crudeza con la que son arrestadas las trabajadoras sexuales, los vendedores ambulantes o los desplazados por la violencia en los barrios altos.

El domingo 28 a las 11:30 pm en el barrio de Tunjuelito, la Policía Metropolitana de Bogotá golpeó a una mujer trans: la tiró al piso, le dieron patadas, la arrastraron y la subieron en una moto. Sí, cuando muchos de ustedes celebraban el Mes del Orgullo, ella moría y era desaparecida sin dejar rastro. Así lo denuncia en su Facebook la Red Comunitaria Trans el día 1° de julio. Según la misma organización, en menos de un mes van 6 mujeres trans asesinadas.

La marea sigue agitando porque las siguen matando

Eilyn Catalina, de 21 años, ese mismo 28 de junio pero en Medellín, según información publicada en la cuenta del colectivo, «fue apuñalada hasta ser asesinada». De momento, no se conocen más detalles del caso. El colectivo lamentó que el asesinato de Eilyn ocurriera precisamente cuando se conmemora el Día Internacional del Orgullo LGBTIQ+. «No es el Día del Orgullo, no es un día de fiesta, no es un día para celebrar. Nos siguen matando, nos están matando», se lee en la publicación en Twitter.

Utilizando las redes sociales como medio de denuncia, videos, artículos y entrevistas dan muestra de la violencia perpetrada contra la comunidad LGBTIQ+. En un video publicado el 20 de junio en el Facebook de la Red Comunitaria Trans se puede evidenciar el ataque a un grupo con balas de goma y balines. El hecho denunciado fue descrito así: “Lo más grave es que este no es un hecho aislado. La Policía Nacional de los colombianos tiene un modus operandi que es agredir a las mujeres trans en sus construcciones identitarias, justo donde tienen el silicón, y esto genera complicaciones de salud muy graves, generándonos complicaciones de salud irreversibles”.

Pero no solo es la violencia policial la que se quiere erradicar, también la indiferencia civil que reproduce violencia. Esa misma indiferencia que por años exalta lo más absurdo de la narco cultura pero que se avergüenza de la lucha de un colectivo que se alza por el derecho a no morir por decidir sobre sus cuerpos. Que nadie, nunca, nos apague las ganas de luchar, las ganas de vivir, las ganas de combatir lo que hace el mundo invivible para tantas personas trans.