Desde esta columna no queremos comparar la muerte de alguien con temas como la corrupción, el desmanejo de fondos, la falta de profesionalidad y varios conceptos más que caracterizan a nuestro fútbol pero, sin embargo, hay que sumarlo a la lista.

La crisis es cada vez más grande y lo de Santiago García el sábado 6 de febrero profundiza mucho más esta caída libre. En las últimas semanas nos enteramos de que no tendremos descensos hasta 2022, de que se firmó un contrato televisivo con una empresa con la que se habían peleado seis meses atrás y que, por nombrar un ejemplo, Independiente debía pagar deudas judicializadas con exjugadores por varios millones de dólares.

Para empezar, los torneos son cada vez más complejos de entender y con menor peso en la historia, con Boca Juniors y River Plate compitiendo mano a mano a nivel continental hace varios años, los torneos amateur y las copas nacionales ocupan cada vez menos atención del público y de los mismos planteles. Lo internacional es el foco porque genera ingresos en moneda extranjera en un país en que un dólar vale 150 pesos.

El nivel futbolístico de esos torneos que generan poca atracción es cada vez más bajo, poco tiempo neto de juego (la Superliga superaba apenas el 53%) y con equipos que utilizan un promedio de más de 30 jugadores para disputar 12 partidos. Como dato de color, Racing y Defensa y Justicia utilizaron 41 jugadores para disputar 11 partidos, la razón obviamente era su participación en copas internacionales. Propongo el desafío que busques cuántos jugadores usa Liverpool o Manchester City para disputar las cuatro competiciones que tiene en una temporada comprimida por pandemia.

La poca profesionalidad de la dirigencia, la partida de referentes que necesita nuestro fútbol como es el caso de Diego Milito y su dirección deportiva que puso a Racing debajo de Boca y River en los últimos años. Aquel video donde el exgoleador de Inter de Milán afirma que no está dispuesto a volver a la práctica de los 90′ es una señal de alarma que pocos y pocas tomaron en cuenta. Los Moyano, Blanco, Tinelli y D’Onofrío son parte de esa década poco feliz para nuestro país.

La exportación de talento es otra arista que alarma en lo que tiene que ver con formación y futuro de nuestra selección. Según datos de Big Data Sports, las rutas migratorias tienen a la Argentina exportando jugadores a Chile y Uruguay, como destinos principales. Dos países que tuvieron a Nacional y a Coquimbo como exponentes importantes en las competiciones internacionales. Torneos de bajo nivel futbolístico, poca competitividad y profesionales ávidos de dólares para poder asegurar sus próximos años de vida. Acá también te propongo que pienses los últimos pases importantes de jugadores argentinos a clubes top de las 5 ligas más importantes.

Por último, un concepto que hila con lo de director deportivo, la profesionalización de áreas en el tema psicológico, algo tan complejo como la mente humana en sí. La aparición del nombre de Sandra Rossi en el cuerpo técnico de Marcelo Gallardo fue algo rutilante para nuestro fútbol. La salud mental de los jugadores y las jugadoras está invisibilizada y bastardeada. Con frases como «son millonarios, tienen todo, no se pueden quejar» se profundizan problemas y se deja solo a los mal llamados «ídolos», como en el caso de Santiago García.

A modo de conclusión, los medios importantes también están desprofesionalizados, se habla de dos equipos todo el tiempo, se le da micrófono a personas con palmarés deportivo pero pobre a nivel social y formativo. Como tuiteó hace unas semanas Matías Baldo, ahora con cuenta suspendida luego de denunciar el maltrato de Manzur a Morro: «La mejor manera de oponerse a estos personajes es no mirarlos y poner otro canal». El fútbol argentino pide ayuda, está incomunicado, secuestrado por gangsters, que no hicieron ni el primer año de la carrera de Gestión en Entidades Deportivas.

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