«Weed, Greed & Legalization» es un documental en el que se trata la legalización del cannabis desde el punto de vista medicinal y del negocio capitalista que puede significar si no se toman las decisiones correctas. El mismo relata cómo en diferentes regiones de Estados Unidos, donde es legal, la creciente industria genera una «carrera» por ver cuál será la marca líder en el mercado del cannabis. Y, de esta manera, acaparar el negocio y hacerlo rentable para unos pocos.

Por otro lado, muestra que mientras se legaliza la marihuana, todavía se sigue enviando al ejército a combatir contra los carteles narco en México. Según los campesinos que trabajan la tierra, las ventas de cannabis bajaron rotundamente desde que se comenzó con la legalización y que las acciones que realiza Estados Unidos contra ellos es solo para quedarse con sus suelos y usarlos para cultivar su propia marihuana legal.

Los “drug dealers” estadounidenses se debilitaron con la legalización del cannabis, ya que perdieron una gran parte de su clientela. No desaparecieron, ya que todavía tienen el mercado de la heroína y la cocaína, pero es un mercado menor y que ellos no eligen por ser más riesgoso.

También cuenta la experiencia de los Países Bajos, donde el cannabis no es legal pero, desde la década del 70′, está permitido su comercio en los coffee shop. Esto se debió a que el Estado no quería que los jóvenes tengan que recurrir al mercado ilegal y arriesgarse a comprar en la calle. Lo curioso es que están habilitados a vender cannabis, pero los dueños de estos establecimientos no pueden comprar para abastecerse y tampoco pueden producir, haciendo que, irónicamente, el mercado negro siga existiendo. Hay una propuesta que busca que esta «puerta de atrás» ilegal deje de serlo y permitir a los distribuidores acceder a un producto habilitado por el Estado.

Por su parte, en Estados Unidos las campañas de legalización comenzaron con un fin social y buscaban erradicar la demonización de quienes las usaban con fines medicinales. Estas eran financiadas por empresarios como George Soros, quien actualmente sigue aportando gran parte de su dinero a la causa a través de una Organización No Gubernamental (ONG), que tuvo un papel muy importante en la legalización de la marihuana en nuestro vecino Uruguay.

El modelo de legalización del otro lado del Río de la Plata, en contraste con el de Estados Unidos y con el de Países Bajos, no busca generar un negocio del cannabis. Cada persona puede registrarse como cultivador y tener sus propias plantas en su casa o afiliarse a un club de cultivo. La regulación por parte del Estado busca preservar la salud de las personas, poniéndoles un limite de 40 gramos por mes.

Otra forma de conseguir el cannabis es a través de las farmacias, siendo el único país en el mundo con este modelo. Las variedades que se venden en las farmacias tienen una psico actividad menor a la que existía antes en el mercado negro. Esto, sumado a que la alta demanda provoca que el abastecimiento se acabe en un día o dos, genera que todavía exista un pequeño mercado ilegal del cannabis en Uruguay. El país charrúa también exporta parte del cannabis que produce a países de Europa como Suiza. Ahí, laboratorios producen distintos productos medicinales como cremas, aceites y tinturas.

Al respecto, la legalización del cannabis debe ser un asunto de salud pública regulado por el Estado. No debería permitirse que sea un negocio manejado por grandes empresas como lo son las alcoholeras y las tabacaleras. De suceder esto, va a generar que se sigan enriqueciendo las mismas personas de siempre a costa de una lucha que lleva más de 40 años y que tiene un fin puramente social: que se deje de criminalizar a quienes quieren ejercer su derecho a consumir libremente cannabis.