Voy a contarles sobre uno de los héroes, para mí, más importantes de la Mitología Griega, especialmente por la cantidad de símbolos que representa. Por supuesto que hablo de Hércules, más conocido en Grecia como Heracles. Cómo no sentir fascinación desde un principio, si su nombre significa “La Divina Gloria del Alma”.

Hércules era el hijo del Dios más grande del Olimpo (Zeus griego o Júpiter romano) y de una mortal: Alcmena. Por ser hijo de una Divinidad le correspondía por derecho propio ocupar un lugar en el Olimpo. Pero sucede que Hera, la legítima esposa de Zeus, no iba a permitir tan fácilmente que esto sucediera, ya que tenía que soportar la denigración de haber sido traicionada por el Dios más carismático o poderoso del Olimpo.

Cómo nació este héroe

Zeus yació con Alcmena tras adoptar la apariencia del marido de esta, Anfitrión de Tebas, que había dejado su hogar para ir a la guerra contra Atenas. Zeus llevaba mucho tiempo esperando este momento y, sin que se diera cuenta Alcmena, quedó embarazada de gemelos. Zeus hacía mucho que tenía su ojo puesto en Alcmena, la veía tan bondadosa, tan alegre y, principalmente, tan inmaculada, que él tenía que conquistarla de una manera poco convencional, ya que ella era tan proba que nunca iba a engañar a su marido y Zeus esto lo sabía. Si bien para él esto no pasaba más que de una aventura, también sabía que cuando dejara embarazada a Alcmena esta engendraría a uno de los héroes más grandes de la historia. Por esa razón, tampoco quería hacer las cosas a las apuradas. Zeus le pidió a Apolo (El Sol) que extendiera la noche y el día. Que caminara lentamente por el firmamento con su carro solar y que extendiera esas 24 horas en 36, porque necesitaba de ese tiempo para que su hijo, cuando se transformara en un semi dios, pudiera cumplir con su propósito, ser un dios por derecho propio y no por linaje.

Terminada la larga noche, Zeus, sin descubrir a Alcmena su verdadera identidad, le regala una copa que dice haber recibido de sus soldados como trofeo de victoria. Posterior a este acto se marcha, siempre sin dejar a Alcmena el menor indicio o sospecha de no ser el verdadero Anfitrión, quien llega al amanecer y percibe que ella lo recibe con cierta frialdad. Al referirle los pormenores de la campaña, Alcmena expresa haberlo oído la noche anterior, lo que alarma a Anfitrión, que llama a Tiresias (el adivino ciego más grande de Grecia) para que le ilustre sobre lo que haya podido suceder. Al enterarse Anfitrión de la inocencia de Alcmena no la deja sola, sino que la acompaña en la crianza de su hijo.

Zeus sabía que había fecundado al héroe más grande, por eso al llegar al Olimpo se jactó de su paternidad ante una mortal, pero lo que él no preveía eran los celos e irritabilidad de su mujer (Hera) cuando se enteró de una más de tantas aventuras de su marido. Aunque lo que más le molestó a Hera es que Zeus quería que Heracles tuviese un lugar en el Olimpo.

Zeus tuvo que protegerlo continuamente de los ataques de Hera: ella se sentía tan denigrada y deshonrada que siempre enviaba maldiciones al pequeño. Cuando nació Hércules, a los pocos minutos nació su hermano gemelo Ificles. A los ocho meses Hera dejó en sus cunas dos serpientes, pero Heracles, a diferencia de su hermano que lloraba, tomó al animal y lo estranguló. Con este acto de valentía, Alcmena descubrió cuál de los dos hermanos era el niño divino. Con el correr de los años, Hércules creció y se entrenó con su padre terrenal en todas las artes, incluso en la guerra: se hizo habilidoso con el arco y flecha, tenía mucha fortaleza, era dinámico y sobre todo rebelde. A los 18 años mató al León del monte Citerón y con esa hazaña le llegó la adultez.Pero Hera no tenía paz, y su terquedad la llevaba a tener muchos problemas con Zeus. Estaba dispuesta a matar a Hércules sea como sea y tuvo una idea: le dijo a Zeus que la única manera por la que Heracles llegaría al Olimpo sería a través de 12 trabajos que ella misma vigilaría. Las pruebas debían ser cada vez más exigentes y peligrosas. Si las superaba, dejaría que Heracles ocupe un lugar en el Olimpo.

Zeus sintió que estos trabajos eran muy duros de sobrellevar, era muy difícil que pudiera alcanzar el Olimpo, por lo tanto, convocó a algunos dioses y les pidió que le otorgaran a Heracles algunos regalos para dichas pruebas: Hefestos le regaló un pectoral de oro, Minerva le entregó una túnica tejida por ella misma, Mercurio una espada de rara fineza y diseño, Apolo le dio el arco y las flechas y Neptuno unos caballos. Y fue así como comenzaron los 12 trabajos de Hércules. Ahora vayamos al simbolismo de lo relatado.

¿Qué simbolizan los gemelos?

Heracles e Ificles representan al hombre, es el dos en uno que tenemos dentro, al hombre dual, al hombre que ante una crisis puede tomar dos caminos: o evadirse, quejarse (Ificles y su llanto), el miedoso, el hombre sin brújula, desorientado que siempre espera que los otros hagan el esfuerzo por él (Madre corriendo hacia la cuna), el que no genera  anticuerpos porque siempre se respalda “en” para ser sostenido. Ificles es la máscara que sacamos o ponemos a conveniencia por lo tanto no es real. En cambio, Heracles representa “la identidad”: que es con lo que podemos hacer frente a cualquier prueba: con esta siempre hay fuerza para superar los obstáculos, con identidad nada ni nadie te maneja, ni te pueden sacar de tu eje. Con identidad te reconocen y te respetan, de la misma manera que Alcmena reconoció cuál era el hijo de Zeus. La máscara queda siempre al descubierto, la identidad actúa y enfrenta con valor, sin miedos, sin temores y levanta en alto las serpientes con esa actitud que dice: “Este soy yo”.Hercules es el hombre que toma en sus manos el problema, lo enfrenta, se hace cargo y, por una cuestión de voluntad y de supervivencia, mata sin miramientos todo aquello que le hace mal y lo quiere destruir. Es el hombre que Enrique Rojas en su libro “El hombre Light” lo define como el “hombre sólido”. La serpiente en simbología tiene varias interpretaciones, pero quiero quedarme con dos en el caso de este mito y ellas son: la falsa realidad y la verdad. Enrique Rojas dice: “El hombre sólido es el que busca la verdad, para que esta le haga avanzar hacia un mejor desarrollo personal”.

Foto: www.historiacultural.com

Además de ver la dualidad en los gemelos también se ve representado porque es terrestre por parte de madre, o sea de la tierra, por tanto de la materia y esta es la que nos nutre y alimenta en el aspecto físico. Pero también era un ser divino por parte del padre, es decir, del espíritu.

Heracles es la “Divina Gloria del Alma” y, si bien es quien establece pruebas para que no llegue a su meta, Hera representa todo aquello a lo que él se va a enfrentar para descubrirse a sí mismo, para saber hasta dónde puede llegar.

Los 12 trabajos están relacionados de manera cósmica con los signos del zodiaco, por lo tanto él no podía ser engendrado en 24 horas. Zeus necesitaba como mínimo 36 y, si colocamos un cero se transforma en 360: ciclo completo de la rueda zodiacal. La misma por la que tiene que enfrentar a todos los arquetipos zodiacales. Solo después de haber transitado dicha rueda, Heracles puede ingresar como un dios al reino de su padre.

Zeus sabía las cualidades que su hijo tenía, pero las pruebas habían sido designadas por una diosa, ella estaba convencida que un simple mortal no podría, pero Heracles no era un simple mortal, era casi un dios. Igualmente, el astuto Zeus pidió que se le entreguen algunos obsequios. Estos cuando vienen de los dioses representan los dones con los que venimos a trabajar cuando nacemos. Y cada uno le regaló lo mejor que tenía de sí.

Hefesto, dios de la forja y del fuego, el gran artesano, forjó un pectoral de oro, símbolo de protección, especialmente para su corazón, para que pudiera sentirse fuerte y amparado en su sentir. Este escudo le daba seguridad en su emoción y le permitía medir a su rival y captar la intención de la emoción de la prueba. El oro es el metal más preciado que el hombre podía tener y ese escudo cerca del pecho hacía que su liderazgo (brillo) traspasara fronteras y vinieran a pedirle ayuda para resolver los problemas de los diferentes pueblos o comarcas.

Minerva le regaló una túnica tejida por ella misma, era fina y se ajustaba al cuerpo, lo vigorizaba y lo hacía sentir pleno y joven, nada podía pasar ni herirlo. La túnica representaba la piel, el aspecto de cómo lucía frente a sus rivales y especialmente frente a las mujeres. Hércules era muy apuesto, musculoso, varonil, y muy magnético, acaso ¿cuando sos un líder no te ven así aunque no lo seas? Además, Minerva es la diosa de la guerra, pero en la estrategia y no del combate, y hay muchos trabajos que no requerían fuerza sino inteligencia estratégica.

Mercurio, el dios de la inteligencia, le regaló una espada (símbolo de la mente) y le dijo que la espada debía “dividir y cortar”, lo que en términos simbólicos le quiso decir: tu mente debe adquirir destreza, discernir y moverse con precisión para saber cuándo actuar o cuándo quedarse quieto. La habilidad de la mente en el hombre está en saber cuándo son los ciclos de movimiento y cuándo los ciclos de quietud. El hombre occidental tiende mucho a la actividad y ahí tropieza siempre con el mismo problema, cuando en realidad hay que tomarse los cinco minutos para pensar y saber cómo actuar.

Apolo es el dios del fuego, el dios de la luz y la verdad, creador de la lira, la medicina, la música y la poesía. Era habilidoso con el arco y la flecha y estos fueron los regalos que le hizo, para que pudiera ser certero en el blanco y siempre tuviera metas en la vida para llegar finalmente a su propósito, que era superar los doce trabajos.

Neptuno es el dios de las aguas, es uno de los más importantes dentro de la trilogía Griega (Zeus/Júpiter, Neptuno/Poseidón y Hades o Plutón). Neptuno le regaló unos caballos, símbolo de la naturaleza animal en el hombre, de la naturaleza pasional y terrenal. El caballo sabe y se deja montar solo por un jinete firme. Las pasiones también saben cuándo dominarte o controlarte, cuándo llevarte al Olimpo o a lo más profundo del infierno. Heracles tenía que adiestrar aún a esos caballos, debía tener el control de su vida, sin disciplina era muy factible que perdiera la lucha.

Bueno, como verán, es fascinante la mitología vista desde este ángulo y la historia de Heracles resulta interesante para un análisis, por lo que pronto voy a continuar con su vida, con su historia. No lean nunca la letra muerta de esta materia, porque si lo hacemos de esta manera, la mitología es un gran escenario de descontrol y prostitución. El símbolo es la parte interna del mito y cada uno de estos símbolos nos invita a descubrirnos, de la misma manera que lo llevó a Hércules a transformarse en un dios por esfuerzo propio.

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