En 1988, la Red de Salud de las Mujeres Latinoamericanas y del Caribe propuso instaurar el Día de Acción por la Salud de las Mujeres como un derecho humano para abordar las múltiples causas de enfermedad y muerte que afectan a las mujeres y promover su atención, prevención y tratamiento. El hecho ocurrió en una asamblea de mujeres llevada cabo el 28 de mayo, conocida con el nombre de Red Mundial de Mujeres por los Derechos Sexuales y Reproductivos.

La pandemia y la medida de Aislamiento Social Preventivo Obligatorio disparó la cifra de femicidios y encontró en el encierro un cómplice perfecto para el encubrimiento y el silencio. Según la organización La casa del Encuentro (que tiene como misión erradicar toda forma de violencia, abuso y discriminación hacia las mujeres, adolescentes, niñas y niños, desde una perspectiva integral por los derechos humanos) en el periodo del 20 de marzo al 14 de mayo se perpetraron 49 femicidios en Argentina y 4 de las víctimas eran niñas y 1 de cada 5 mujeres había realizado previamente las denuncias correspondientes.

El Observatorio de Femicidios Adriana Marisel Zambrano de la Casa del Encuentro da a conocer el informe de femicidios ocurridos durante este periodo como forma de visibilizar que la violencia aumenta en la convivencia obligada, lo que convierte a la vivienda en el lugar más inseguro. Parece ser la violencia a la mujer un virus que no tiene cura y se extiende por Latinoamérica. En países como Colombia, Perú y México se redobló la apuesta de líneas telefónicas de denuncia luego del llamado de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para hacer frente a la problemática. Sin embargo, la violencia no se detiene y devora sin parar mujeres y niñas.

El secretario general de la ONU, António Guterres, pidió el 6 de abril a todos los países que incrementen su capacidad de respuesta ante estos casos de violencia. «Hagan de la prevención de la violencia contra las mujeres una parte clave de su respuesta nacional al COVID-19», dijo Guterres en un video publicado en las redes sociales de la organización.

El acceso a la salud integral y la respuesta ante la violencia y las denuncias anteriores a un femicidio dependen del lugar que las mujeres ocupan en la sociedad, de su posibilidad de acceder a los recursos materiales y simbólicos para vivir una vida digna, con igualdad de oportunidades, exenta de violencias, en la que la sexualidad y la reproducción se ejerzan desde la autonomía y la libertad. Una triste realidad que nos golpea a las mujeres en Latinoamérica es la desigualdad e indiferencia que deja huérfanos, miedo y dolor, naturalizando el hecho de morir.

Por último, recordamos con orgullo que hace 15 años atrás surgía en Argentina la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito, que en la actualmente mantiene vigente el debate y anima a los países hermanos a seguir su ejemplo.

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