«Los Nibelungos: la muerte de Sigfrido» (1924) es una película con un gran desarrollo de producción dirigida por Fritz Lang y coescrita junto a Thea von Harbou (su esposa durante esa época) quien, además, es la autora de la novela «Metrópolis», en la que se basó la clásica película de ciencia ficción del mismo nombre, también dirigida por Lang en 1927, y en la que Harbou se unió, una vez más, en la redacción del guion junto al director. Tal y como ocurriría en otras producciones como «M, el vampiro de Düsseldorf» (1931) y «El testamento del Dr. Mabuse» (1933).

La trama

La película se inspiró en «El Cantar de los Nibelungos», considerado el poema heroico más importante de la cultura germánica, y en tres óperas del compositor Richard Wagner, que retomaron dicha epopeya para la exaltación del espíritu alemán y la revaloración de su acervo cultural. El film narra el viaje de Sigfrido: desde su despreocupada vida en el bosque (donde aprendía el oficio de herrería junto a su maestro Mine), su posterior búsqueda del amor encarnado en la princesa Krimilda del reino de Burgundia -a quien solo conoce de las historias que le fueron relatadas por los hombres de la región-, pasando por la mítica batalla contra el dragón Fafnir, hasta el logro de su objetivo (desposar a Krimilda), para después culminar con su muerte.

Sombras sobre todos

El desenvolvimiento de los acontecimientos en la película dan muestra de las virtudes del espíritu humano tanto como de su lado más oscuro. Probablemente, esta sea la razón de su vigencia ya que, además, dicha oscuridad se acrecienta conforme avanza la historia, produciendo cambios en los personajes que los convierten en seres sin escrúpulos, egoístas y cegados por el poder.

«Los Nibelungos: la Muerte de Sigfrido» es, en realidad, la primera parte de este relato, porque originalmente el film duraba aproximadamente 5 horas, por lo que Lang decidió dividirla en dos partes y hacer un estreno con espacio de dos meses entre cada película. Para comprender en su totalidad la transformación de los protagonistas, es necesario ver ambas. La segunda mitad se titula «Los Nibelungos: la Venganza de Krimilda» (1924) y resulta mucho más sombría que la primera.

La estética

Este clásico del cine alemán es una emocionante experiencia visual que, desde la fotografía y la realización de los escenarios, el vestuario, los peinados y el maquillaje, logra recrear un contexto medieval lleno de situaciones fantásticas que, teniendo en cuenta la tecnología disponible en la época, resultan recursos atractivos y con una clara búsqueda estética que, en la actualidad, pueden guiar nuestra lectura de la película no solo como una exponente de múltiples características del expresionismo alemán (la fuerte iluminación en los rostros de los personajes para destacar momentos altamente dramáticos, el uso del maquillaje para las caracterizaciones físicas de los actores o la exageración de los rasgos naturales de sus caras, la importancia de las sombras proyectadas en los espacios y, por supuesto, las desbordadas interpretaciones) sino que, además, cada una estas decisiones estéticas se complementan con la búsqueda de la simetría y del equilibrio visual en los planos (nada cercano al expresionismo), lograda gracias a la rigurosidad de Fritz Lang como director y a la precisión de Carl Hoffmann y Günther Rittau en la fotografía.

Por otro lado, la producción también cuenta con una inteligente interacción entre los escenarios y los vestuarios. En ambas propuestas se puede observar el uso de figuras geométricas para componer patrones que poseen elegancia y al mismo tiempo algo rudimentario.

El vestuario

Los responsables del vestuario en la película fueron Paul Gerd Guderian y Aenne Willkomm. Esta última también trabajó con Lang en «Metrópolis», donde nuevamente dio muestras de su capacidad de inventiva.

Volviendo al tema que nos compete, hay que decir que la propuesta del vestuario en Sigfrido da muestras de un claro manejo de los materiales y conocimientos históricos de la época, ya que se alternan con elocuencia metales, pieles y piedras para decorar en la realización de las armaduras, taparrabos, coronas y escudos.

El detalle de los diseños a la hora de ser ejecutados son claramente visibles frente a la cámara, así se pueden distinguir costuras en cruz sobre las capas o abrigos, sistemas de ensamblaje en los accesorios llevados por el Rey Gunther y contrastantes texturas en la túnica de Atila. Sin mencionar las imponentes vestimentas que utiliza Krimilda durante su venganza. Todo un despliegue de recursos y técnica que enriquecen todavía más la historia y el arco dramático de los personajes.

Relecturas del pasado

«Los Nibelungos: la muerte de Sigfrido» es una gran precursora en el género de películas épicas. Si estamos dispuestos a mirarla con paciencia (comprendiendo que son otros códigos de realización cinematográfica), probablemente nos sorprenda, ya que, como mencioné anteriormente, no perdió vigencia, y son diversas las reflexiones sociales y culturales que podemos hacer a partir de ella en la actualidad.

El film está disponible en la plataforma Qubit.tv, donde también conseguirás más de la filmografía del director austríaco.