Irán tiene una de las tasas más altas de infección y mortalidad por COVID-19 y, en este contexto, varios periodistas fueron detenidos y enfrentan un juicio y posible pena de prisión por contradecir informaciones oficiales sobre la enfermedad. «Cuando se reprime la verdad, se pone en peligro la vida de todos, no solo de los periodistas», dijo a la agencia de noticias Inter Press Service el subdirector ejecutivo del Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ), Robert Mahoney.

Los regímenes autoritarios y represivos, desesperados por controlar la información sobre la propagación del coronavirus, intensificaron su hostigamiento a los periodistas que cuestionan la información oficial sobre los casos y su gestión ante el brote.

Reporteros sin fronteras

Fardin Moustafai, editor de un canal de noticias en la red Telegram, fue acusado formalmente este mes de publicar cifras que contradicen la información oficial sobre el progreso de la epidemia, según Reporteros sin Fronteras (RSF).

La organización de vigilancia sobre la libertad de prensa asegura que dos periodistas fueron detenidos para ser interrogados en Rasht, una de las ciudades iraníes más afectadas por la enfermedad, después de publicar información sobre la situación en la ciudad y el número de víctimas, mientras otros cuatro periodistas fueron interrogados por su información sobre la expansión de la epidemia.

Reza Moisi, jefe de la Mesa Afganistán-Irán en RSF, dijo a IPS que algunos periodistas que habían sido interrogados por sus informaciones están en espera de juicio y podrían ser condenados a penas de cárcel. «La represión de la libertad de prensa en Irán es sistemática y, por lo tanto, el control de la información allí es implacable. Esta represión se dirige a los periodistas, por supuesto, pero también al derecho del público a ser informado», señala Reza Mois.

En China, lugar en donde se originó el COVID-19, hay informaciones de periodistas locales que criticaron la respuesta del gobierno al coronavirus, por lo que fueron hostigados por las fuerzas de seguridad. Algunos incluso desaparecieron, presuntamente capturados por la policía y detenidos en un lugar desconocido, según denuncia el CPJ.

«Vimos a periodistas enfrentarse a la represión en lugares como China e Irán en el pasado. Hay gobiernos que quieren controlar la narrativa cuando algo embarazoso, algo con lo que parecen estar lidiando mal o se salió de su control, como sucedió en la pandemia”, afirmó el Subdirector del CPJ.

Estados Unidos sin reporteros en China

Además, en febrero tres periodistas del Wall Street Journal fueron expulsados ​​de China por un artículo sobre el impacto del COVID-19 en la economía china. Y esta semana las autoridades chinas revocaron sus credenciales a 13 periodistas que trabajaban para los diarios estadounidenses The Wall Street Journal, The New York Times y The Washington Post.

En respuesta, se restringió a medios de comunicación chinos que operan en el país, pero los tres medios condenaron la decisión. Dean Baquet, editor ejecutivo de The New York Times, dijo que era «especialmente irresponsable en un momento en que el mundo necesita el flujo libre y abierto de información creíble sobre la pandemia de coronavirus».

En Estados Unidos se incrementan las críticas sobre la forma en que la Casa Blanca informa sobre el coronavirus y su expansión. Los críticos opinan sobre las declaraciones científicamente infundadas, falsas, engañosas o confusas del presidente Donald Trump y otros funcionarios desde el comienzo de la expansión del virus.

Los medios de comunicación estadounidenses resaltan cómo Trump criticó a Nancy Messonnier, directora del Centro Nacional de Inmunización y Enfermedades Respiratorias, después que la experta contradijera públicamente las declaraciones del presidente.

Avecinando la elección presidencial, miembros de la administración Trump también atacaron abiertamente a los medios de comunicación por sus informes sobre COVID-19. A fines del mes pasado, por ejemplo, el jefe de gabinete interino de la Casa Blanca, David Mulvaney, dijo que los medios estaban exagerando los peligros de la enfermedad, en un intento de «derribar al presidente».

«El trabajo que hacen los periodistas para descubrir cosas, como la corrupción o los escándalos políticos es importante, pero a menudo no tiene un impacto inmediato en la vida de los ciudadanos comunes. Mientras que su trabajo ahora tiene consecuencias en tiempo real: podría ser una cuestión de vida o muerte», afirma el Subdirector de CPJ.

Detener noticias falsas

Al igual que en Argentina y países de Latinoamérica, los gobiernos de todo el mundo tomaron medidas para detener la propagación de engaños y noticias falsas sobre la enfermedad. Algo de esto fue drástico, incluida la criminalización y largas penas de prisión para las personas condenadas por publicar o compartir información errónea sobre el virus y su propagación en países de Asia y Medio Oriente.

Solo en China, hasta el 21 de febrero, el Ministerio de Seguridad Pública había registrado más de 5.500 casos de personas que «producían y diseminaban deliberadamente información falsa y dañina».

En Malasia, por ejemplo, decenas de personas, incluido un periodista, fueron arrestadas bajo la acusación de difundir información falsa sobre el virus a través de las redes sociales. En las últimas semanas se produjeron arrestos similares en Asia, en países como India, Tailandia e Indonesia.

Lynette Leonard, profesora asociada del Departamento de Periodismo y Comunicación de Masas de la Universidad Americana en Bulgaria, dijo que «la censura siempre es una preocupación, incluso en su forma de noticias falsas».

La experiencia nos demuestra que hasta en catástrofes naturales, bajo represión e incluso violencia, la represión y la prisión no callan a los periodistas.