En los últimos días se generó gran revuelo por la publicación de un vídeo en redes sociales donde aparece una esbelta Oriana Sabatini mostrando sus «imperfecciones» tras un «atracón». En dicho posteo, ella expresa: «Después de diez años de convivir con trastornos alimenticios, pasando de una anorexia hasta el trastorno por atracón, hoy me pintó subir esto (…) No vengo acá a darles ninguna lección ni a convertirme en la gurú del amor propio, claramente, porque la que sigue aprendiendo soy yo, pero si esto te puede ayudar, buenísimo; es lo que me hubiese gustado ver cuando era adolescente». Sin dudas, las declaraciones de la joven modelo se viralizaron a través de réplicas en posteos y notas periodísticas.

Del mismo modo, contó con detractores que cuestionan el lugar de privilegio desde el cual se expresa, ya que es famosa, convencionalmente bella, tiene acceso a medios de comunicación y, principalmente, subió el video porque actualmente se siente conforme (bien por Oriana) y acepta lo que ella percibe como imperfecciones.

Asimismo, se dio un debate entre mujeres «hegemónicas» y «disidentes», y algún medio de comunicación llamó a no cuestionar a quien padece más los estereotipos de belleza.

No es la intención personalizar y desacreditar la lucha de Sabatini contra la anorexia, celebramos su recuperación. Sin embargo, desde este (humilde) lugar considero que, si bien todas las mujeres estamos sometidas a determinados mandatos de lo que «debería ser un cuerpo perfecto», no todas lo sufrimos de igual forma, y restarle importancia es invisibilizar a quienes luchan con ello de forma cotidiana.

Me gustaría recordar las palabras de la bailarina, actriz y performer Jimena Carol, quien hace unos meses brindó una nota para puntocero y decía respecto al activismo gordo: “Yo les diría que la industria de la moda, del cine, el transporte, etcétera, pensó en un solo tipo de cuerpo y dejó afuera a otros cuerpos que están por fuera de lo socialmente aceptado, hay cuerpos que son más grandes y otros más chicos. El hecho es que estos últimos no se suelen violentar, sobre ellos no hay memes, si ves una persona muy flaca no hacés chistes o no atacás. En los cuerpos gordos no, da la sensación de que yo llego a un lugar con mi cuerpo y habilito al resto a que me pregunte por mi salud, mis rodillas, por mi ropa y a que me digan que soy linda de cara y que solo me falta adelgazar un poquito, que va a estar todo bien”.

Reflexionemos sobre algunas cuestiones

¿Cómo sería la recepción de este vídeo si la protagonista fuera una mujer gorda, mayor, negra y lesbiana? Es muy posible que no tuviera la misma repercusión, ¿verdad? ¿Padece de la misma forma la adolescente que consigue el pantalón de moda en su talle que aquella que debe conformarse con lo que hay? ¿Es lo mismo una mujer que puede cuidar su alimentación que otra que vive al día y come lo que puede pagar? Ante un trastorno alimenticio, ¿una piba que vive en el barrio 1-11-14 recibe la misma atención médica y psicológica? ¿Las personas reaccionamos de la misma forma cuando nos dicen «estás más flaca» que ante el «estás más gorda?».

Ningún sufrimiento es cuestionable, eso no se discute, pero no podemos ser necios en negar la realidad: hay elementos como el poder adquisitivo, la etnia, el estatus social y hasta la religión, que provocan que las desigualdades de género no impacten en todas de la misma manera. Negarlo es invalidar y minimizar la lucha de muchísimas mujeres anónimas.

En este sentido, la modelo y activista “body positive” Brenda Mato, en Radio U se refirió a la Ley de Talles, que al ser aprobada en el Congreso, al día de hoy no es aplicada. Breda dijo: “Las encuestas indican que 7 de cada 10 personas tienen problemas para encontrar su talle. Las marcas nos hacen creer que el problema siempre es nuestro cuerpo y no que ellas hacen lo que quieren con los talles. Vestirse es parte de nuestros derechos. Nadie tiene que modificar su cuerpo para poder usar una prenda. No somos un talle, usamos un talle, y este varía mucho dependiendo de la marca».

No es una grieta entre «hegemónicas» y «disidentes» pero no, no padecen lo mismo. Por eso, es necesaria la inmediata implementación de la Ley de Talles, existen diversidad de cuerpos, más allá de los que venden las revistas.

Asimismo, contar con comunicadores con perspectiva de género y, finalmente pero no menos importante, es necesario educarnos como sociedad en estas cuestiones a través, entre otros aspectos, de la aplicación efectiva de la Ley de Educación Sexual Integral (ESI) para aprender a respetar y valorar la corporalidad propia y ajena.