“Había niños pequeños, rubios, morenos, con pecas, y todos ellos sucios, pero observaba siempre con espanto que ninguno de esos rostros tenía un defecto especial”, se manifiesta en “El señor de las Moscas” de William Golding.

Martin Falci estrenó su ópera prima “La hermandad”, documental de latitudes tucumanas que retrata con una enorme ternura un campamento de varones en el que 500 alumnos del colegio Gymnasium conviven con la naturaleza.

La placa negra que introduce a la película siembra el punto de partida ineludible: “En 2017, meses antes de la filmación de esta película, muere apuñalado Matías Albornoz Piccinetti, ‘El Paver’, alumno del último curso. El campamento llevó su nombre”.

Luego todo se vuelve luz, los niños de diez años van a vivir esta experiencia por primera vez y la cámara los sigue desde el momento en el que se limpian los besos de sus madres y parten hacia lo desconocido. Una carpa en especial reúne a un grupo de individualidades diversas y divertidas que se vuelven rápidamente protagonistas.

“Un mes antes empecé a visitar el colegio como egresado y los empecé a observar. Mi idea era elegir una variedad de perfiles que me hiciera acordar a mi grupo de amigos o a cualquier grupo de amigos. Era importante poner la cámara en chicos puntuales porque así íbamos a poder entender el progreso, cómo entran esos chicos y cómo se van”, nos cuenta el director.

En la superficie los juegos salvajes, los cuerpos pintados de colores y el barro por todos lados que divierten y, en una lectura apenas más aguda, las muestras de aliento, de cuidado e inclusión que demuestran que la infancia tiene una potencialidad humana maravillosa.

Los chicos del último curso, que tendrán entre 16 y 18 años, son los tutores de los más pequeños. Los más grandes por el solo hecho de ser más grandes representan algo importante para los pequeños que están empezando a delinear sus personalidades y boyan en la búsqueda de pertenecer a algo.

En ese sentido, la película propone observar de cerca el reflejo de la construcción de la masculinidad en plena coyuntura. El hecho trágico y la actualidad social les demandan repensar sus enseñanzas y comportamientos pero, aunque los modelos arcaicos se desarman de a pedazos, aún se sostienen y no se permiten plenamente la sensibilidad y la ternura.

“El hecho de que un compañero de los chicos más grandes había muerto apuñalado ese año mostraba que en este campamento había algo de que ellos querían ‘ser mejores’ aunque, quizás, la película muestra que no tienen todas las herramientas y hay cosas que se les escapan, pero había algo de eso”, agrega Martín Falci.

Entre el reflejo de las masculinidades y la construcción de sus códigos también se filtran un montón de aristas que incomodan un poco. La niñez es todo permeabilidad, y lo que proyectan debería interpelarnos para proponer cambios reales que atraviesen la infancia transversalmente y alimenten lo que mencionamos como potencialidad humana.

“Desde el principio, la película iba a generar muchos blancos y negros, pocos grises por la necesidad de posicionarse en ‘qué está bien o está mal’, y la verdad hay cosas que están bien y muchas cosas que están mal. ¿La culpa es de los chicos, de la institución, los medios? ¿Qué están reflejando esos chicos? Desde ese lugar yo no podía juzgarlos, y en ese lugar de no juzgar hubo muchos reproches… y yo creo que juzgarlos hubiera sido muy amarillista y muy fácil”

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