Digamos no a las dicotomías vacuas. «Si supones que no existe esperanza, entonces garantizas que no habrá esperanza. Si supones que existe un instinto hacia la libertad, entonces existen oportunidades de cambiar las cosas» alguna vez expresó Noam Chomsky.
Las dicotomías nos empobrecen, plantear un problema en términos de dualidad es básico e inútil para un verdadero debate. Puede servir para anular otros posibles o no dejar traslucir otras perspectivas. La «corpo» y la «opo» suenan como «el gobierno vs el campo» en 2008. No tiene sentido.

Foto: Nicolás Poggi


Resulta particularmente llamativo cómo muchas personas que suelen despotricar contra el gobierno sin demasiados argumentos concretos encuentran cada domingo algo para repetir después. Comentan indignados hechos que se mencionan. Es muy positivo que la gente se exprese por el medio que sea, pero sería bueno que cada uno formule sus propios argumentos, en todos los ámbitos, para que las ideas circulantes sean mayores y nos enriquezcan, en lugar de seguir alimentando las polarizaciones. Si nos tomamos el tiempo de separar la información de la opinión siempre algo podremos construir.
Lo ideal sería que todas las posturas ideológicas y políticas de la sociedad civil encuentren eco en un partido político. Esta dinámica es uno de los pilares de un sistema democrático que, en términos históricos, no es tan viejo en el país. No darla por sentada no significa vivir en el pasado, ni ser un setentista (de hecho, adhiero a la frase “el pasado está más lejos que la muerte”, sirve mucho para seguir adelante: el pasado no vive en ningún lado y la muerte uno suele imaginarla lejana). Sirve para agradecer este sistema que con tantas penas costó construir y que, si bien tiene sus fallas, es el mejor modelo posible.
Resulta contradictorio  escuchar planteos desde los cuales se reconocen como plenamente nacionalistas pero desprecian a más de la mitad del país (por la elección en el ultimo sufragio). Un país es la gente… y los representantes los reflejan. Así como la televisión refleja la sociedad que tenemos, aunque no nos guste.
La hibridez del programa dominical de Jorge Lanata con «Bailando por un sueño» se observa hasta en el personaje de «la sueca» y las caricaturas de políticos. El dejo de humor quizás busca hacerlo accesible a un público al que le interesa criticar la política pero no está interesado en la política en sí. Escucho hablar de Lanata como si fuera un nuevo líder, o un nuevo partido. Y en realidad, justamente la problemática radica en que muchos sectores de la sociedad civil no encuentran un partido que los represente.
La falta de representación de partidos políticos para los pensamientos liberales no es algo nuevo en nuestra historia.
Por otro lado, cuando las personas se unen en pos de algo negativo, es decir cuando su punto en común es el desprecio y hasta el odio por representantes elegidos por la mayoría, no queda margen para la construcción.
Cuando la unión se basa en la negación sobre algo, una vez que ese algo cae, también cae la unión.