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Podríamos decir que son las dos caras de una moneda. Pero en lugar de tener cara y ceca, tenemos el libro de un lado y el escritor del otro. Y como si eso fuera una determinación más allá de la voluntad humana, sus homenajes se celebran en fechas cercanas. En Argentina se conmemora el Día del Escritor el 13 de junio y el del Libro el 15 del mismo mes.
La elección de la primera fecha mencionada se la debemos a que el día 13 de junio de 1874 nació Leopoldo Lugones, quien nació en la localidad cordobesa de Villa María del Río Seco, en el corazón de la provincia. Entre muchas de las acciones y obras que llevó a cabo Lugones fundó la Sociedad Argentina de Escritores (SADE) y fue el primer presidente de la misma. Luego del suicido de Lugones, la SADE decidió que en la fecha de su nacimiento se conmemorara el Día del Escritor.
El Día del Libro
Como decía, el escritor y el libro son dos figuras muy cercanas y sus homenajes también. Apenas dos días después del escritor nos encontramos con la fecha homenaje a los textos. La obra aparece después de su autor.
librosEl Día del Libro se celebró por primera vez en 1908 con la organización de la «Fiesta del Libro». En esa oportunidad se entregaron los premios de un concurso literario instituido por el Consejo Nacional de Mujeres. Este Consejo armó una comisión con el objetivo de promover  la buena lectura y el arte de leer. Esta se llamó “Biblioteca del Consejo de Mujeres”. Para estimular el gusto  y el hábito de la lectura se organizaron encuentros mensuales del arte de leer y, una vez al año, se realizaría la “Fiesta del libro”. En el programa de dicha celebración habría concursos literarios, concursos de lectura en castellano y en idiomas extranjeros.
En 1924, por medio del Decreto Nº 1038, el Gobierno Nacional le otorgó carácter oficial a la «Fiesta del Libro». El 11 de junio de 1941, el Ministerio de Educación resolvió  que, desde ese momento, el 15 de de ese mes se celebre el «Día del Libro».
Sumados a estas actividades también se dictaron cursos de lectura destinados especialmente para gente de menores recursos: se distribuyeron libros y se fundaron bibliotecas, con el foco en los establecimientos penales del país, en las escuelas más apartadas que existían en los denominados (en esa época) territorios nacionales. Además, grandes cantidades de libros fueron cedidos por las grandes fábricas, que tenían un alto porcentaje de su personal constituido por mujeres. Tampoco fueron olvidados los hospitales en esta obra de llevar la lectura a todos los puntos del país. Para el año 1936 ya se habían repartido, aproximadamente, cerca de treinta mil libros y unos veinte mil ejemplares de publicaciones periódicas.
La imaginación y el futuro de los libros
librosMuchas veces se dice que los libros y la lectura estimulan la imaginación. Algo que en esta época de tanta electrónica y computadores, Internet y las tan populares redes sociales hacen que parezca algo de un pasado muy remoto. Pero a pesar del infinito mundo de opciones que nos brinda una web cada día más al alcance de la mano de todos, el placer de hojear y deleitarse con un libro de verdad no tiene semejante.
Según nos dice Ana María Shua, el reto a la imaginación no es solo para el lector, también abarca al creador. “Ser escritor es el título más grande que puede alcanzar el ser humano”, expresa la autora de “Los amores de Laurita” y explica que un escritor comparte algunas características con Dios, como tener la posibilidad de crear mundos, “si bien en escala más pequeña”, aclara.
libros El trabajo del escritor no tiene límites, señala Álvaro Abos. “Ser escritor es un trabajo sin límites y con total libertad, el escritor tiene la libertad de su imaginación y de su esfuerzo”. El autor de “El país del aguante”, que también es periodista, señala las diferencias entre ambas profesiones. “Ambos escriben oraciones, ordenan palabras. Pero el periodista está limitado por algo, por la cantidad de líneas, por un tema determinado”. Abos manifiesta que su elección por este oficio se debió a querer imitar “los libros que me gustan, para emular a los escritores que me gustaban, que eran miles”. Y el gusto por la lectura y la escritura le viene “desde que aprendí a escribir, y leía los libros de le escuela, la colección Robin Hood”, un entusiasmo que todavía mantiene.
El único límite que Abos menciona en su trabajo como escritor “me lo pongo yo mismo”, así como la necesaria documentación y recopilación de información necesaria en los casos en que escribe un ensayo.
Como sucede con los diarios, y con la vida en general, la tecnología pone su impronta y los libros no se quedan afuera. Ante la aparición de los ebooks, de los libros electrónicos, ¿qué piensan estos escritores?
ebooksPor el lado de Shua, tener un lector de libros electrónicos “es muy placentero, my cómodo, no me molesta” aunque no todo es a favor, ya que marca como inconveniente la imposibilidad de hojear, de releer, de volver atrás. “Si quiero releer algo que no me acuerdo, no es como las páginas. Para Shua el futuro de los libros está claro: “es el ebook, pero falta más de lo que la gente piensa para que sea común”. Los libros en papel, señala Shua, van a ser “más caros, un artículo de consumo de élite”, se va a popularizar el ebook.
Contrariamente a su colega, Abos cree y espera que el libro de papel siga existiendo. “Soy lector de libros de papel. Existe desde hace cinco siglos, desde que existe la imprenta”. Para Abos, el ebook es una proyección a futuro. “Como sostiene Umberto Eco, es más fugaz, no hay evidencia de que vaya a durar”. Y como para reafirmar esta postura nos deja un dato interesante: “El año pasado se editaron en España 60 mil títulos nuevos en papel y en Argentina 25 mil”.