Lo que dejó la Asamblea General de la ONU

La semana pasada tuvo lugar la 79° Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en la ciudad estadounidense de New York. Fue una cumbre que dejó mucha tela para cortar, realizada en el contexto de la espiralización del conflicto bélico en Medio Oriente, de la cual derivó la invasión de Israel al sur del Líbano y el ataque con cohetes supersónicos de Irán a Israel. El organismo internacional recibió duras críticas de diversos presidentes pertenecientes a variados signos ideológicos, en una muestra de la inacción e incapacidad que caracteriza a la ONU en este momento histórico.

El presidente Javier Milei, debutante en la Asamblea General, brindó uno de los discursos más resonantes por su componente reaccionario y ultraconservador. El mandatario de extrema derecha dejó, en su paso por el atril, dos grandes definiciones de su política exterior. Por un lado, confirmó el retiro de la Argentina del llamado Pacto para el Futuro, que Milei calificó de “socialista”, pero al que adhiere el conjunto de la comunidad internacional, desde Estados Unidos hasta China, pasando por casi todos los países. Se trata de un acuerdo nutrido de la llamada Agenda 2030, que impulsa una serie de premisas centradas en cinco áreas principales: ciencia, tecnología e innovación y cooperación digital; desarrollo sostenible y financiación para el desarrollo; paz y seguridad internacional; transformación de la gobernanza global; y juventud y generaciones futuras.

Por otra parte, el Presidente anunció que «Argentina va a abandonar la posición de neutralidad y va a estar a la vanguardia en defensa de la libertad». Se trata de una frase impactante, aunque carente de novedad alguna, ya que Milei en la práctica desde el minuto cero de su presidencia alineó a la Argentina irrestrictamente con Israel en el conflicto en Medio Oriente y el genocidio en Gaza, y con Ucrania en su guerra contra Rusia.

Otro discurso trascendente fue el del presidente de Brasil, Luiz Inácio «Lula» da Silva. El mandatario del gigante sudamericano criticó frontalmente a la ONU, aunque desde una posición sustancialmente distinta a la de la ultraderecha, ya que planteó la existencia de un «desequilibrio de género» en el organismo, que nunca fue presidido por una mujer, y calificó de «inaceptable» que América Latina y África no tengan presencia en el Consejo de Seguridad de la ONU, compuesto por 15 integrantes, de los cuales cinco son permanentes y tienen derecho a veto: Estados Unidos, Francia, Reino Unido, China y Rusia.

«La crisis de la gobernanza global requiere transformaciones estructurales. La pandemia, los conflictos en Europa y Oriente Medio, la carrera armamentística y el cambio climático expusieron las limitaciones de las instituciones multilaterales, la mayoría de las cuales carecen de autoridad y medios para implementar y hacer cumplir los acuerdos. La legitimidad del Consejo de Seguridad mengua cada vez que aplica una doble vara o se niega a actuar ante las atrocidades», sostuvo Lula. «Estamos llegando al final del primer cuarto del Siglo XXI con las Naciones Unidas cada vez más vaciadas y paralizadas», dijo, y planteó que «la exclusión de América Latina y África de puestos permanentes en el Consejo de Seguridad es un eco inaceptable de las prácticas de dominación del pasado colonial». También apuntó, sin mencionarlos, al expresidente brasileño Jair Bolsonaro y al mandatario argentino Javier Milei. «En un mundo globalizado, no tiene sentido recurrir a un nacionalismo arcaico y aislacionista. Tampoco hay justificación para revivir las experiencias ultraliberales que solo empeoran las desigualdades en nuestra región», aseguró el jefe de Estado de Brasil.

El presidente estadounidense Joe Biden se despidió de la Asamblea General. En su último discurso, enfatizó en los riesgos de la escalada bélica en Medio Oriente. «El mundo no debe acobardarse ante los horrores del 7 de octubre», dijo respecto al ataque de Hamas, aunque sostuvo que un alto al fuego «traerá de vuelta a casa a los rehenes y garantizará la seguridad de Israel y Gaza libre del control de Hamas, aliviará el sufrimiento en Gaza y pondrá fin a esta guerra». Respecto al conflicto entre Israel y Hezbollah, planteó: «Una guerra a gran escala no beneficia a nadie. Aunque la situación se agravó, todavía es posible una solución diplomática». Días después, la invasión de Israel en el sur del Líbano y el posterior ataque con cohetes supersónicos de Irán en territorio israelí ensombreció la declaración de Biden.

Otro de los presidentes que se refirió al conflicto en Medio Oriente fue Gabriel Boric. El mandatario chileno criticó la masacre del 7 de octubre tanto como la invasión criminal en la Franja de Gaza ordenada por el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu. «Me niego a elegir entre el terrorismo de Hamas o la masacre y conducta genocida del Israel de Netanyahu. No tenemos por qué elegir entre barbaries. ¡Yo elijo la humanidad!», exclamó. Por su parte, una de las voces más resonantes al respecto fue la del presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abbas. «Párenlo ya. Detengan el asesinato de mujeres y niños. Detengan el genocidio. Dejen de enviar armas a Israel. Esta locura no puede seguir. Todo el mundo es responsable de lo que pasa en Gaza», dijo.

También hubo lugar para la guerra entre Rusia y Ucrania desastrada el 24 de febrero de 2022 luego de la invasión ordenada por el líder ruso, Vladimir Putin. «Cualquier incidente crítico en el sistema de energía podría causar un desastre nuclear. Un día así no debe llegar nunca. Moscú tiene que entenderlo, y eso depende en parte de su determinación y de la presión que se ponga sobre el agresor», dijo y aseguró: «Jamás aceptaremos una paz impuesta desde afuera», sostuvo el mandatario ucraniano, Volodimir Zelenski.