En los últimos días surgió una nueva polémica que tuvo como centro de debate, nuevamente, al rugby. En Ahora Nosotras dialogamos con el comunicador, activista LGBT e integrante del programa Altavoz, Beltrán Horisberger, quien nos aportó su mirada como exjugador de rugby sobre la necesidad de repensar las masculinidades, lo que sucede en la comunidad deportiva, entre otros temas.

Veamos primero cómo surgió este nuevo conflicto que toma como protagonistas a Los Pumas. Tras la lamentable pérdida de Diego Armando Maradona, las muestras de afecto hacia el futbolista se hicieron ver a nivel nacional e internacional, tanto en personas anónimas como en figuras públicas. En ese sentido, fue recibida con mucha decepción el «tibio» homenaje del seleccionado nacional de rugby, Los Pumas, para recordar al «10», principalmente en contraste con el realizado por sus rivales, All Blacks. El hecho cosechó mucho repudio en las redes sociales y, tal vez a modo de «venganza» de algún usuario, se reflotaron viejos tweets redactados por algunos jugadores que avivaron aún más el escándalo por su contenido ofensivo, clasista, racista y xenófobo. Situación que, una vez más, llevó a los medios de comunicación a preguntarse sobre el vínculo de este deporte con la violencia.

Al respecto, Beltrán Horisberger nos comenta sobre la propuesta de repensar las masculinidades y, asimismo, en lo personal los motivos que lo interpelan de esta temática.

«Desde mis redes sociales llevo adelante la responsabilidad de lo que digo, de comunicar para una sociedad más justa, ese es el lema en el cual trato de encolumnarme y, a través de él, para encarar todos los activismos que llevo. El por qué es simple y está plagado de complejidades. Soy una masculinidad no convencional, tanto por mi biografía como por mi orientación sexual. Soy una masculinidad marica que fue criado en un contexto de rugby de un club elitista del Interior. Decidí conciliar esa identidad marica con la idea de continuar jugando al rugby. Lo cual no pasa con muchos varones de la comunidad LGBT cuando fuimos parte de una comunidad que, de alguna forma, nos violentó o nos planteó desafíos para poder ser libremente quienes somos. Muchos se expulsan, se exilian y no vuelven, yo quise seguir jugando y problematizar justamente la homofobia en el deporte. Así fue como empecé y una cosa fue llevando a la otra, comencé a incursionar en el modelaje de talles grandes, a encontrarme con la gordofobia en la industria de la moda, a nivel social y médico. Descubrí una potencia muy importante en trasladar todos esos problemas que a mí me pegaban en muchos casos de una forma sutil al lado de otras experiencias menos privilegiadas que la mía, pero bueno, yo tenía el poder discursivo de poner eso en agenda a través de las redes sociales y de la comunicación efectiva de ciertas temáticas.»

Se discute constantemente cómo se maneja la comunidad deportiva del rugby, en estos días nuevamente se debatió el tema a raíz de la circulación de los tweets de Pablo Matera, Guido Petti y Santiago Socino. ¿Qué podés comentarnos?

«Entendamos que hay un rugby de la superficie que es la punta del iceberg y hay un deporte por debajo que es mucho más grande pero que, lamentablemente, no conocemos y no podemos enunciar. Me gusta plantear dos discusiones que creo son interesantes. Una es ‘la falta de mea culpa’ de la comunidad hegemónica del rugby, hacerse cargo de los cambios culturales que tienen en la cartera pendiente sobre cómo se producen las masculinidades en las comunidades del rugby. Se sabe que es un deporte que invade mucho la vida privada de los jugadores, siempre se habló del ‘formamos personas y no solamente deportistas’, de que ‘ser rugby no es lo mismo que jugar al rugby’ y ‘los valores del rugby’, cosas que yo mamé de chiquito también pero de grande encontré ciertas incongruencias. Había algo escrito y, por otro lado, hechos puntuales que se ven en las noches cuando sale el equipo a bailar, que se ve en el asesinato de Fernando Báez, que se ve en los tweets. Después está la saña del por qué están un poco en la mira, con sentido y sin sentido, en una sociedad en la que el fútbol goza de dominancia simbólica, el rugby es su oposición. El rugby clasista versus el carácter popular del fútbol, el problema es que se demoniza el deporte, y digo si pensamos que el problema es solamente el deporte, que alrededor del rugby hay una cultura violenta y machista y resolvemos cancelarlo como pasó en enero, estamos haciendo la vista gorda a otras cuestiones como, por ejemplo, el universo de los barrabravas. Una amiga periodista marcó muy bien esto, diciendo que cuando cancelamos algo es como que nos tapamos un ojo, no miro para ese lado pero no cancelo a quienes son de mi signo político», señala Beltrán.

A veces se genera la sensación de que ante estas conductas, las «sanciones» son insuficientes y no brindan soluciones de fondo.

¿Cuál considerás que debería ser la actitud a asumir ante estos temas?

«En todos estos problemas que hacen mella en la cultura, se ha demostrado en la historia que una cosa es legislación y otra solución a largo plazo. Hace 10 años que tenemos la Ley de Matrimonio Igualitario en la Argentina pero la homofobia y los discursos de odio a las personas LGBT no han terminado de cesar. Hacen falta políticas serias y un compromiso de trabajo a largo plazo y constante, donde haya un seguimiento para resolver este problema, para hacernos cargo lo que nos toca. No decir hoy ‘lo cancelo a Matera’ y dura lo que dura la noticia. Algo de lo que se habló mucho fue de la edad de estos chicos -los tweets fueron de hace casi diez años-, pero ellos estaban a un año de formar parte de Los Pumitas e integraban una institución deportiva, en la cual eran referentes, porque si uno llegó ahí es porque a los 17 años ya se destacaba. Una institución estaba haciendo oídos sordos, no me digas que un entrenador o alguien se tendría que haber enterado de las conductas de estos pibes, ahí no hubo una institución que consideraba que había algo digno de problematizar. Lo importante para estas instituciones clasistas es la reputación, hacen la vista gorda, no se hacen cargo de acobijar a personas que niegan la dictadura o validan el atentado a la AMIA, cuestiones que en el discurso social están condenadas pero no en la cultura» concluye.

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