Una de las experiencias más gratificantes del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata es «Hora Cero», un ciclo de proyecciones de medianoche que habitualmente cuenta con la presentación del programador Pablo Conde y la participación de una sala colmada de públicos conectados por el gusto hacia lo experimental y las ganas de pasar un buen rato.

Este año la pandemia de coronavirus desarmó por completo los planes, pero la posibilidad de disfrutar buenas películas se mantiene intacta. Y la francesa «Teddy» cuadra perfecto en la ecuación.

La primera producción de los hermanos Ludovic y Zoran Boukherma en soledad es una comedia sobre las frustraciones de un joven que observa que sus pares «progresan» en sus vidas, la facilidad con la que una persona se resguarda en creencias ante la hostilidad que reina en el mundo y la falta de oportunidades para facilitar el desarrollo de las nuevas generaciones que carecen de recursos. Todo eso y mucho más en un tono caricaturesco que, particularmente, muy bien sabe surfear el cine francés.

Teddy Pruvost (o Pruveau) -interpretado por Anthony Bajon- tiene un trabajo relativamente estable pero que no es de su agrado. Su familia, o intento de serlo, es tan disfuncional como sus días y su mayor interés pasa por descubrir qué bestia asola el pueblo. Su novia, Rebecca (Christine Gautier), es el disparador para que la vida de Teddy deba replantearse completamente y, en el medio de todo este entorno, no sabemos con certeza si hicieron efecto los alucinógenos o estamos ante la conversión (con momentos de repulsión extrema para satisfacer el gusto del habitué de «Hora Cero») de un nuevo hombre lobo.

Pero si la frustración es una constante en lo cotidiano, ¿la particularidad podría cambiar el escenario o confirmaría la misma dirección?