El 2 de febrero el Parlamento Europeo decidió, con 582 votos a favor y 40 en contra, que se proponga antes del verano europeo una nueva legislación para que los cargadores de los dispositivos electrónicos, como tablets o smartphones, sean universales. Con esta medida se pretende reducir los residuos electrónicos

Anualmente se generan en todo el mundo más de 40 millones de toneladas de basura electrónica, los Residuos de Aparatos Eléctricos y Electrónicos (RAEE). “Se consideran aparatos eléctricos y electrónicos (AEE) a todos los que, para funcionar debidamente, necesitan corriente eléctrica o campos electromagnéticos, y los aparatos necesarios para generar, transmitir y medir tales corrientes y campos, que están destinados a ser utilizados con una tensión nominal no superior a 1.000 voltios en corriente alterna y 1.500 voltios en corriente continua”, según el Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente en España.

Esta problemática crece muy rápido, tres veces superior al ritmo del resto de residuos sólidos urbanos. De hecho, la cantidad de basura electrónica que se genera ya llega a los elevadísimos niveles de residuos de envases de plástico, con la diferencia de que los RAEE son mucho más peligrosos si no se tratan correctamente.

Uno de los motivos de esta petición es reducir los residuos electrónicos y fomentar que los consumidores sean más sostenibles. No es la primera vez que la Unión Europea pide esta estandarización, a pesar de enfrentarse a grandes empresas como Apple. Hay que recordar que la Comisión Europea presentó el pasado diciembre el Pacto Verde Europeo y, bajo este pacto verde de liderazgo digital y concienciación verde, esta medida es más necesaria que nunca.

Residuos tóxicos

Los RAEE están compuestos por varios elementos tóxicos, con el consiguiente impacto en el medio ambiente y los riesgos que suponen para la salud pública. Entre las sustancias más habituales que contienen se encuentran elementos como el cadmio, el plomo, el óxido de plomo, plata, cobre, antimonio, el níquel y el mercurio, entre otros.

Las malas maneras en el tratamiento de los RAEE se dan principalmente en países que no cuentan con la infraestructura suficiente, como los países de Latinoamérica y Sudeste Asiático y África, en los que se intenta abaratar los costes del reciclaje utilizando métodos que ponen en peligro la salud de los trabajadores y generan un impacto medioambiental muy negativo.

Entre los métodos ilícitos que se llevan a cabo y sin ningún tipo de control para la separación de las materias primas valiosas que contienen los RAEE, destaca el llamado “reciclaje informal”, que consiste en usar productos tóxicos al aire libre (que produce una combustión abierta) y el uso del baño de ácido (meter los aparatos en ácido sulfúrico).

El Objetivo de Desarrollo Sostenible de la ONU número 12 indica la necesidad de “garantizar modalidades de consumo y producción sostenibles”. Referido a los RAEE, esto supone lograr una gestión ecológicamente racional de los productos químicos y de todos los desechos a lo largo de su ciclo de vida, además de reducir la liberación de tóxicos a la atmósfera, el agua y el suelo para minimizar sus efectos negativos en la salud y el medio ambiente.