Finalizó el pasado viernes la 26° Conferencia de las Naciones Unidas contra el Cambio Climático, denominada COP26, que se extendió desde el 31 de octubre hasta el 12 de noviembre. El documento que se elaboró tras el evento tuvo la rúbrica de casi doscientos países y establece puntos básicos para llevar adelante la lucha contra el calentamiento global.

El texto, que no es vinculante, impulsa a que las naciones con mayor desarrollo dupliquen el dinero invertido en sus pares emergentes en la adaptación al cambio climático. Además, requiere a la totalidad de implicados a planificar cuáles son los objetivos para reducir las emisiones de dióxido de carbono para el año 2030. En tercer lugar, exhortan a reducir «el uso del carbón como fuente de energía y los subsidios a los combustibles fósiles ineficientes», al que China e India se opusieron, y Australia y Estados Unidos no firmaron. Finalmente, se intentará implementar algún tipo de proyecto relacionado al beneficio económico para aquellos países que son afectados por los gases de efecto invernadero producto de las regiones más industrializadas.

De todas maneras, aunque suenen promisorias las iniciativas, no se determinaron fechas concretas para la puesta en marcha del envío de dinero en el primer ítem citado. Al respecto, la directora ejecutiva de Greenpeace, Jennifer Morgan, celebró que «el lenguaje sobre el carbón y los subsidios ahora incluye una referencia a una transición justa y eso es bienvenido», aunque desde la entidad tildaron el acuerdo de «débil». «Es un llamado de atención a los intereses de los combustibles fósiles, el acuerdo es débil pero si lo desechan tendrán que responderle a la juventud, a la gente en primera línea de los impactos del clima y finalmente a la historia», detalló.

Asimismo, los dos principales países contaminantes (concentran el 80% de la emisión de dióxido de carbono en el planeta), China y Estados Unidos, manifestaron adhesión y bajar 30% las emisiones de gas metano, transitar hacia una energía limpia y bajar gradualmente el uso de carbón en sus economías. Vale citar que el metano es responsable de un tercio del calentamiento global y sus principales focos de producción se da por la cría de ganado bovino y la escasez de plantas de reciclado, ya que la contaminación por desechos no hace más que crecer a lo largo y ancho de la Tierra. El carbón, en cambio, genera aproximadamente 37% de la energía eléctrica.

Por otro lado, la mitad de las naciones firmantes comprenden el 85% de los bosques en el globo y prometieron frenar la deforestación para el inicio de la década entrante, aunque Indonesia catalogó la idea de «injusta» para el cuidado del planeta.

«Al final de cuentas, la declaración se queda corta al pedido de los países vulnerables al clima que exigen que las naciones regresen a la mesa todos los años con mayores ambiciones hasta que la brecha de los 1,5 C se alcance», advirtió Jennifer Morgan.