El gobierno peruano decidió levantar la cuarentena impuesta por la propagación del COVID-19 tras 107 días de confinamiento, decisión riesgosa, por cierto, dado el incremento de casos. En este sentido, cabe señalar también que, al igual que muchos países de la región, Perú cuenta con un gran número de feminicidios y violaciones en el transcurso de estos más de cien días. Es una certeza que la violencia machista y patriarcal no dio tregua ni siquiera durante el aislamiento.

A diferencia de nuestro país, los medios peruanos suelen utilizar el término feminicidio, concepto que alude al acto de asesinar a una mujer por su condición de género ante la inactividad e incumplimiento del Estado, y hace hincapié en la negligencia de los responsables de prevenir y erradicar estos crímenes.

Previamente a la cuarentena, la desaparición de mujeres ya era un gran problema, con un promedio de cinco casos denunciados al día. Conflicto que, por cierto, se incrementó, y las cifras son alarmantes. Hacia finales del mes de julio, el defensor del Pueblo, Walter Gutiérrez, declaró: “Solo en la cuarentena 900 mujeres fueron reportadas desaparecidas, necesitamos saber qué pasó con ellas».

Asimismo, la responsable del área de Derechos de la Mujer de la Defensoría, Eliana Revollar, señaló el desgano por parte de la policía y fiscalía al recibir estos casos, ya que lejos de darles prioridad, en coherencia con las cifras de feminicidios ya existente, parten de la idea de que estas mujeres abandonan sus hogares y familias voluntariamente. Actitud que, a todas luces, demanda por una capacitación en género en esos ámbitos. Al respecto, cabe señalar que el año pasado hubo 166 feminicidios que inicialmente se reportaron como desapariciones.

En estos meses de cuarentena la violencia no cesó. El Ministerio de la Mujer declaró que se registraron 12 feminicidios, 26 tentativas, 226 niñas y adolescentes víctimas de violencia sexual y aproximadamente 28.000 denuncias por violencia doméstica.