El 2020 fue un año diferente en todas las actividades de la vida diaria, y la escolaridad no fue la excepción.

Las clases comenzaron normalmente los primeros días de marzo para todo el país, pero el 16 de ese mes se dictó el Aislamiento Social Preventivo Obligatorio, con lo cual las mismas pasaron a ser no presenciales. Se pensó que sería por 15 días, pero las circunstancias hicieron que, en la mayor parte de Argentina, se continuara de esta manera hasta finalizar el ciclo lectivo.

Nuevas metodologías de enseñanza y aprendizaje se comenzaron a ver: cuadernillos de trabajo, clases sincrónicas por diferentes plataformas, tareas de manera virtual y aparecieron en nuestro vocabulario diario nuevas palabras como Zoom, Meet, Classroom, etcétera. Cada institución eligió la forma en la que se comunicaba con sus alumnos para realizar la continuidad pedagógica, teniendo en cuenta el acceso a la tecnología de los alumnos tanto como la forma de trabajo de docentes.

Las madres y padres tuvieron que convertirse en «profes» de sus hijas e hijos, acompañándoles en las tareas, conexiones a clases, explicaciones de temas nuevos y eso hizo que la dinámica familiar sufra modificaciones. Ahora teníamos que realizar home office y también asistir en la escolarización a los menores de la casa.

Por su parte, las y los docentes también tuvieron que modificar su accionar, aprendiendo nuevas tecnologías y metodologías de enseñanza a distancia. Se tuvo que poner un esfuerzo extra para adaptarse a los tiempos que le demandaba la necesidad de respuesta y sus elementos de trabajo, ya que las aulas se encontraban cerradas.

Asimismo, el alumnado sintió este cambio, dado que sus docentes no siempre estaban en el momento para guiarlos en el proceso de aprendizaje y tuvieron que aprender a comunicarse con ellos de manera remota.

Con gran flexibilidad, todos los actores del sector educativo pudieron adaptarse y las clases se siguieron dictando. En nuevos horarios y con nuevas metodologías, se consiguió que la gran mayoría de los estudiantes alcancen los contenidos mínimos esperados, aunque algunos sectores quedaron marginados, dada la falta de recursos.

Hubo madres, padres, niñas y niños que necesitaron del apoyo de docentes particulares, psicólogos y psicopedagogas para que logren la continuidad pedagógica, y allí estuvo el trabajo de estos profesionales de manera virtual.

Cuasi regreso

Algunas provincias pudieron volver a la presencialidad al promediar la mitad del año escolar, pero la gran mayoría solo volvieron con actividades de socialización en el mes de noviembre y no para todos los estudiantes.

Los actos de egreso fueron también una polémica, tuvieron que hacerse respetando protocolos estrictos, dejando afuera a personas que fueron población de riesgo sanitario. Se vieron docentes repartiendo diplomas a domicilio, actos virtuales, familias que no pudieron asistir de manera completa por la cantidad de integrantes y se generaron muchas discusiones.

En cuanto a los aprendizajes adquiridos, se evaluaron de manera virtual con una nueva metodología de calificación, dejando de lado la numeración y apareciendo las siglas TEA, TEP y TED (trayectoria educativa avanzada, en proceso o discontinua, respectivamente). Asimismo, se dictaminó que el ciclo lectivo 2020 será una unidad pedagógica con el año 2021.

Finalmente, en febrero de 2021 vuelven las clases… ¿serán presenciales o estaremos ante el nacimiento de un nuevo paradigma educativo que incluya lo virtual como habitual?