Nicolás Entel es el showrunner de «Rompan todo», la serie documental que recorre la historia del rock latinoamericano y que se estrenó en Netflix el 16 de diciembre del año pasado. Nos contó cómo fue producir este ambicioso proyecto que cuenta con decenas de entrevistas a estrellas de la región, material de archivo y mucha música.

«Misión casi imposible»

Si bien estamos acostumbrados a que el estreno de series se da en plataformas o en televisión, estos eventos tienen algunos aspectos que fueron afectados por el contexto. «A pesar del lío que armamos, lanzar algo en plena pandemia es algo un poco ‘anti climático’ porque no tenés fiesta, no tenés proyección en público, al ser un proyecto de Netflix no tenés festivales… hubiese sido hermoso lanzar esto sin pandemia, porque me imagino que se hubiese juntado a tocar arriba del escenario una banda de músicos de rock en español nunca vista y hubiera sido una noche muy especial. Lo que sí estaba planeado y hubo que suspender es que Maldita Vecindad, una de las bandas más importantes para mí de la historia del rock en América Latina, iban a tocar en un camión por las calles de la Ciudad de México, y el día que estaba planeado, México cambió el semáforo de COVID-19 de amarillo a rojo, entonces no pudo ni hacerse eso».

Fuera de esto, pensar en un documental sobre la historia del rock con todas esas estrellas reunidas debe ser el sueño de cualquier amante de ese género y esa cultura. «Me animo a decir que es una misión casi imposible y casi irrepetible, y digo ‘casi’ por respeto a aquellos que quieren intentarlo, pero básicamente el trabajo que hay detrás de juntar a los entrevistados, derechos y archivo es una locura. Me llamaron porque conocían mi trabajo y me preguntaron si tenía ideas para una docuserie en español, y yo me puse a pensar y les avisé que quería hacer algo que funcione en toda la región y quería que sea una bomba. Inmediatamente lo llamé a Picky Talarico, que trabaja hace más de una década en la intersección entre la música y el cine, y lo llamamos a Gustavo Santaolalla porque nos pareció que era la persona correcta. Si uno quiere hacer un documental de rock con una mirada regional, ahí tenés al tipo que estuvo en más movidas en cuanto a subgéneros y en más países, quizás el único que se le parece en cuanto a carrera es Cachorro López», detalla Entel.

«No vas a encontrar ni un documental de rock en inglés con 130 canciones licenciadas»

Sobre el tiempo que demoró realizar una producción de esta magnitud, Nicolás nos cuenta que «lo bueno es que como tuvimos un presupuesto aprobado por Netflix detrás, hicimos relativamente rápido. Desde que presenté la primera idea a Netflix hasta que estrenamos pasaron dos años y, como referencia, ‘Pecados de mi padre’ (su trabajo anterior) me ha llevado cuatro o cinco. Y tiene que ver con que tuvimos un equipo muy grande, por ejemplo, en archivo en algún momento hubo 10 personas. Fue la primera vez en mi vida que hice un documental en el que yo no hago todo».

Sobre la magnitud del material en crudo a pulir para llegar al resultado final, agrega: «Filmamos casi 100 entrevistas a un promedio de dos horas por entrevistado y con el archivo hicimos todo al revés, y es que en muchos casos no editamos en función del archivo que teníamos sino que editamos en función de la historia que estábamos contando y después salíamos a buscar archivo de vuelta. El gran problema del archivo en América Latina es que tener el archivo en tus manos es la mitad más fácil, hay una mitad muchísimo más complicada que es que solemos estar muy flojos de papeles, entonces aunque lo tenga, si no puedo usarlo porque alguien me va a hacer un juicio porque no tengo los permisos correspondientes no me sirve de nada». Al respecto, cita como ejemplo el caso del guitarrista Javier Bátiz que sostenía que una canción había sido grabada en BMG (que ahora es parte de Sony) y Sony no encontraba ni en sus archivos digitalizados ni en papel un registro de que hubieran trabajado con Bátiz, y tuvieron que hacer un acuerdo para volver registrarla y que se pueda usar en «Rompan todo».

Y por supuesto que abordamos las críticas recibidas sobre aquello que no incluye el documental y que una porción del público critica pero, ¿cuánto de lo que quisieron hacer no estuvo dentro de las posibilidades reales de los realizadores? «Teníamos tres limitaciones: la primera fue la combinación de tiempo y presupuesto, tuvimos un presupuesto que creo que en no ficción de América Latina no lo tuvo nadie, pero eso no quiere decir que sea elástico, llega hasta donde llega. Cuando alguien me dice que me faltó tal canción… tenemos 130 canciones, no vas a encontrar ni un documental de rock en inglés con 130 canciones licenciadas, es una locura. La segunda fue esa combinación entre cosas legales y cosas que no existen, en América Latina los canales de televisión para ahorrar plata reutilizaban los cassettes, entonces si tocó Serú Girán en el viejo ATC en el año 80′, capaz que grabaron encima un episodio de ‘Señorita Maestra’ o lo que sea. Y la tercera limitación es que no todo el mundo quiere darte las cosas y la gente está en su derecho, un buen ejemplo es Adrián Dárgelos de los Babasónicos, que no nos quiso dar entrevista, está en su derecho y no me ofende para nada, nos licenciaron una canción y se los agradezco y terminamos de armar la escena con material de archivo».

América Latina y el poder político

Nicolás Entel agrega: «Yo miraría hacia otro punto de vista, ponele que vos sos la fan número uno de los Redondos, y… no vas a mirar este documental para aprender sobre los Redondos, ya sabés todo de ellos, mirá un documental que sean dos horas sobre los Redondos para eso. Además de ser una banda maravillosa, son muy difíciles de conseguir y que nos hayan dejado usar lo poco que hemos utilizado, incluyendo un himno maravilloso del rock argentino como es ‘Jijiji’, si realmente te gustan los Redondos en lugar de decir ‘qué poco hay’ dirías ‘che, que increíble que hayan conseguido esto’. Aprovechá esta oportunidad para aprender de lo que no sabés, Nito Mestre dijo en una entrevista que le encantó aprender sobre los países que no conocía porque en la historia del rock nacional él estaba ahí».

También hablamos sobre la forma de crear una única linea narrativa limpiando el material. «Estábamos privilegiando un punto de vista de América Latina, entonces hay muchas bandas que fueron muy importantes a nivel local que decidimos dejar afuera a darle menos importancia», y puntualmente preguntamos por la forma de trazar la influencia directa de los sucesos políticos en la evolución de la forma de la música. «Es prácticamente imposible contar la historia de lo que sea en América Latina sin contar la historia del poder político», sostiene, y agrega: «Yo crecí en una Buenos Aires donde todavía, al menos la generación de mis padres, se creían esta estupidez de que éramos los europeos de América Latina, creo que ha ido cambiando y que nos hemos dado cuenta que no es así, y que cada vez abrazamos más el ser latinoamericanos. Pero, al mismo tiempo, con el lanzamiento de este documental me di cuenta que muchos que hablan de la ‘Patria Grande’ son tremendamente y baratamente nacionalistas, escuché algunos comentarios acerca de ‘cómo va a estar en México, los mexicanos no saben de rock’ sin saber de lo que están hablando».

Sobre el formato de seis episodios nos aclara que «nosotros queríamos que fuera como un evento televisivo, el porcentaje de gente que empieza una serie y que la termina es bajo, y nosotros queríamos que la gente la termine, que sea una miniserie. Si hacés tres temporadas lo terminan viendo solamente los muy fanáticos del género. Y la otra cuestión es que Netflix nos dijo desde un principio: ‘nos encanta pero esto es carísimo para América Latina, por un tema de derechos cuesta el doble que cualquier cosa de no ficción, así que tenés 6 episodios»».

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