«Tarará: la historia de Chernobil en Cuba» cuenta una historia poco conocida sobre los niños y las niñas afectados por el accidente nuclear en Ucrania que viajaron a Cuba como parte de un proyecto solidario que funcionó en dicha localidad durante el momento más difícil de la economía cubana en los años 90′. Conversamos con su director, Ernesto Fontán, sobre el proceso que lo llevó a contar esta historia poco difundida.

La relación de Ernesto con Cuba y la Revolución Cubana empieza, incluso, desde antes de nacer, ya que su nombre llega en honor a Ernesto «Che» Guevara. «Me crié en una casa muy politizada, muy amante de la Revolución Cubana y así fui creciendo escuchando Silvio Rodríguez mientras iba jugando con los Playmobil”, cuenta Ernesto.

Su amor por Cuba se unió a su vocación audiovisual cuando comenzó a participar del Espacio de la Fraternidad Argentino Cubana (EFAC). «En el espacio hacemos muchas actividades culturales, entonces puedo desarrollar mi amor por la Audiovisión y la vertiente más militante con las actividades más políticas o de solidaridad con Cuba”.

Así como la relación entre Ernesto y Cuba antecede al quehacer audiovisual, este documental tiene un camino inverso al de la mayoría de las piezas: primero vino la idea de hacer un largometraje, luego llegó la historia: a partir de la organización de un recital gratuito de Silvio Rodriguez en Avellaneda durante 2018, la presidenta del EFAC propuso seguir pensando en grande y llevar adelante la realización de una película. A partir de ese momento comenzaron a buscar qué contar: “Generalmente, uno piensa en una idea, la escribe y la lleva a la práctica. Acá cuando yo me senté a escribir un guion -una especie de preboceto para poder viajar a Cuba con algo sólido-, muy poquitas semanas antes de viajar apareció la historia de Tarará y fue una caja de Pandora que se abrió”.

Cuando cayó la Unión Soviética, se disolvió el “campo socialista” y Cuba entró en una crisis económica muy profunda. Aleida Guevara, médica internacionalista (e hija del «Che») lo explica de la siguiente manera en una de las entrevistas del film: “Piensa en una persona que está en el techo pintando y, de pronto, pierde la escalera: tocamos fondo”. En ese contexto tan difícil se puso en marcha el proyecto de Tarará, en el cual se preparó a la ciudad para recibir a niños y niñas afectados por la explosión de Chernobil para ser tratados por especialistas cubanos.

Pero en Tarará no solo se trató la salud física. También se brindó educación, contención y actividades recreativas y culturales que aún hoy son recordadas con mucho cariño por quienes formaron parte del programa, como se puede ver en el caso de Alexandr Savchenko y Vladimir Rudenko, quienes se quedaron en Cuba hasta hoy y cuentan su experiencia personal en este documental.

Con la experiencia de Tarará como base, el documental explora la idiosincrasia cubana a partir de entrevistas a médicos, historiadores, poetas y trovadores que recrean algo de la historia de la revolución y los valores que rigen a su comunidad. “Por qué el cubano es solidario, es algo que todavía estamos tratando de descubrir”, cuenta Ernesto. “En la película, el historiador Elier Ramírez dice algo como que la revolución fue una revolución cultural profunda donde cambió cierto paradigma”. Algo en lo que muchos de los entrevistados hacen hincapié es en la figura de José Martí, “un prócer, escritor, poeta, un intelectual descomunal” y Ernesto Fontán se arma de su famosa frase «Patria es humanidad». “Para describir un poco esta cosa del humanismo, de no estar mirándose solamente a uno mismo. Son una isla, el contacto es el mar, no tienen otra cosa alrededor y, sin embargo, piensan global”.

La historia de Tarará trae la tragedia de Chernobil a este continente y la llena de toda esa humanidad de la que hablaba José Martí.