En Ahora Nosotras charlamos con Florencia Guimaraes García. Ella es militante travesti, integrante de Furia Trava, coordinadora en la casa de Lohana y Diana y, además, es trabajadora en el Centro de Justicia de la Mujer en la Ciudad de Buenos Aires.

En esta entrevista se refirió al caso de su amiga y compañera Diana Sacayán y habló sobre la agenda y las demandas más inmediatas de la comunidad travesti-trans, que recrudeció con la pandemia de coronavirus y, entre otros temas, señaló la discriminación por parte de algunos sectores del feminismo.

Al presentar a Florencia es imposible no notar que trabaja muchísimo, que está presente en varios espacios que requieren de su responsabilidad y compromiso.

“Estoy a full, trabajo mucho, estoy en varios espacios. Estoy todo el tiempo luchando, trabajando, visibilizando, tratando de llevar adelante la agenda travesti-trans. Es muy necesario prestarle atención de parte de toda la sociedad, no solo nuestra comunidad. Ya es tiempo de que seamos parte de la agenda, no solo sentimental sino política de la sociedad”, afirma Florencia Guimaraes García.

¿Qué implica esa agenda en tiempos de pandemia y que golpea a tantos sectores?

“Es un momento muy difícil, que realmente desnudó lo que venimos gritando hace décadas la comunidad travesti-trans. Las condiciones de empobrecimiento y violencia estructural de nuestra comunidad, la falta de acceso al trabajo, es terrible. El 90% de la comunidad subsiste de la prostitución, no hay acceso a la vivienda. También se visibilizaron la violencia y los abusos de quienes nos alquilan, algunas viven en piezas alquiladas.

Si hablamos de que el 90% de las compañeras subsiste de la prostitución, en un primer momento del Aislamiento Social Preventivo Obligatorio (ASPO) se vieron imposibilitadas de salir al único lugar que, lamentablemente, nos fue asignado para ganar un peso y llenar la olla, que es la esquina. Visibilizó lo que nosotras sabemos, pero gran parte de la sociedad no lo sabe. Otra gran parte mira para el costado y otra lo legitima. Otros obstáculos tienen que ver con el acceso a la salud, educación y justicia. Nuestro colectivo está cercenado de esos derechos, que son humanos. Entonces, nuestra agenda se enfoca en el cupo e inclusión laboral travesti-trans, en la reparación histórica.

Muchas personas no lo saben, pero hasta hace unos años en algunas zonas de la ciudad y provincia de Buenos Aires y en algunas provincias siguen vigentes códigos contravencionales que criminalizaban por ser travestis y trans, había un código que era algo así como ‘vestimenta inadecuada al sexo’. Para el Estado éramos personas disfrazadas, éramos llevadas a comisarias durante días, en los 80′, incluso, a la cárcel de Devoto. Entonces se está pidiendo para el escaso sector que queda de mayores de 50 años de edad, una reparación histórica, un pedido de perdón por parte del Estado. Son compañeras sobrevivientes, contadas con los dedos de las manos, tenemos que decir que todavía la expectativa de vida de nuestra comunidad sigue siendo de 35 años, que es equivalente a la expectativa durante el Medioevo.»

Considerando estos datos actuales sobre la realidad de la comunidad, ¿hay avances concretos a través de la Ley de Identidad de Género y con el Cupo Laboral Travesti-Trans?

¿Qué medidas deben incorporarse en lo inmediato?

“Hay muchas cosas que hemos logrado pero queda en lo discursivo, es letra muerta. Tenemos cupo laboral y la Ley Diana Sacayán, aprobada en 2015. Todavía no se implementa, estamos hablando de hace 5 años. Tenemos un decreto presidencial -cupo de que 1% trabaje en el Estado- que no está reglamentado. Entonces, necesitamos que las políticas públicas que tenemos realmente sean ejecutadas, y necesitamos muchísimas políticas públicas más, como es el acceso a la vivienda, luchar para que en los planes federales de vivienda haya un cupo para la población travesti-trans. Necesitamos seguir trabajando para que la Educación Sexual Integral (ESI) incluya a todas las identidades y corporalidades, que sea no biologicista. Seguir trabajando con lo que respecta a la salud, que es algo terrible. La segunda causa de muerte de la comunidad travesti-trans tiene que ver con la aplicación de aceites industriales y de cirugías clandestinas. Las primeras causas siguen relacionadas con VIH sida y otras Enfermedades de Trasmisión Sexual (ETS).

Lo que hay que tener en cuenta y que está estadísticamente comprobado es que las feminidades travestis y trans somos expulsadas de nuestros hogares entre los 11 y 18 años, muchas van al sistema prostituyente aún siendo niñas y adolescentes. Yo quisiera que imaginen cómo puede llegar el cuerpo y la subjetividad de esa persona a los 35 años después de haber atravesado esos tipos de violencia. Todo este tipo de violencias lleva al desencadenante que son los travesticidios sociales, las muertes evitables, más allá del travesticidio como crimen de odio. Y acá me quiero detener, porque en las últimas semanas ocurrió un retroceso terrible en materia de derechos humanos.

Estos años hemos luchado para llevar adelante el juicio de Diana sacayán, impulsora y creadora del cupo laboral trans en Argentina, asesinada en 2015. Llegamos al juicio, se condenó a uno de sus travesticidas y hace dos semanas se decidió quitar la figura de travesticidio o crimen de odio, en un juicio que fue premiado y sentó precedente a nivel internacional. Ahora, de un plumazo, borran todo esto y causan un gran daño. Es un claro mensaje de la justicia machista y patriarcal: no nos interesan sus muertes, mucho menos nos van a interesar sus vidas. Estamos hablando de derechos humanos, no pedimos nada excepcional, se necesitan políticas públicas para garantizar los derechos que cualquier persona necesita.”

¿Cuál es tu postura respecto a la discriminación hacia el colectivo trans en algunos sectores del feminismo?

¿Sufriste discriminación en el seno de la política?

“En lo discursivo parece que está todo piola porque tenemos algunas compañeras que hemos llegado. No es el común de nuestra comunidad. Cuando llegamos a estos lugares también atravesamos un montón de violencia por parte de diferentes personas, no solo varones. Tenemos la cuota del cupo LGTBI para la foto pero no le damos la participación real que deberían tener.

Hablan de leyes de paridad, pero hablan en términos de binarismo, solo varones y mujeres, y no incluyen a las demás identidades. En lo político y también en los medios de comunicación. Nos sigue rigiendo una sociedad que es heteronormativa, heterocentrista, entonces siempre vamos quedando de costado. Yo quisiera tener compañeras del movimiento LGTBI que estén legislando, que sean concejales, que nos representen como comunidad. La sociedad nos debe aún eso, nos sigue siendo negado.

Además, hay sectores del feminismo que aún nos siguen tratando como varones, que no tenemos que estar en esos espacios porque son para las mujeres, en términos de mujer hablando de personas cis-género, porque se guían por la genitalidad. Hay que recordar que la genitalidad no hace a la identidad, y acá hay una persona que es una demostración fiel de eso.

Por otra parte, hay sectores del feminismo que mercantilizan los espacios de construcción feminista, hablan de horizontalidad, cuando en realidad después se manejan como si fueran dueñas o patronas, y dicen que acá entra quien quiere. Tenemos que construir espacios horizontales, es muy difícil pero es posible, que todas las personas tengamos participación política porque estamos hablando de derechos.”

¿Qué actualización necesita la Ley de Educación Sexual Integral?

“Esta ley tiene que ser no biologicista, no binaria, laica y científica para poder apostar realmente a una sociedad más igualitaria, donde se respeten los derechos, donde se muestren muchas corporalidades y se hablen de infancias trans y travestis. Imaginen un ejemplo, cuando vas a la escuela y te muestran una filmina con dos corporalidades de varón con pene y nena con vulva, blancos y delgados por supuesto, si sos una infancia que no se identifica. Ahí ya te están dando un claro mensaje, están queriendo decir ‘vos estás mal y los que están alrededor están bien’, que estás fuera de lo normal. Ya nos vamos criando con esos valores biologicistas, racistas, ‘flaco-céntricos’. Debe ser mucho más amplia y contemplar a todas las identidades y corporalidades de todas las personas.”

¿Qué aporto tu mirada de fotógrafa para descubrir cosas de este mundo, de estos conflictos?

“Tomé la fotografía como una herramienta puramente política para visibilizar lo que no se muestra y para romper lo que sí se muestra, que es siempre desde un lado estigmatizante, ridiculizante. Siempre hemos visto fotografías de la comunidad trans como un cliché: el taco de acrílico de la trava con el reflejo del coche, el cuerpo desnudo de una trava en los bosques de Palermo. Siempre se ha mostrado solo eso. Lo primero que me movilizó cuando empecé a estudiar fotografía fue mostrar a mi comunidad en la calle, pero en la calle en la lucha, en las manifestaciones, desde los lugares políticos. Que la sociedad vea que nosotras estamos en una esquina porque son los lugares al que nos arrojan, pero nosotras exigimos no solo desde los lugares trans y travestis, porque nos atraviesa la clase que es la clase trabajadora.

También marchamos cuando mataron a Mariano Ferreyra, Luciano Arruga, un montón de femicidios, que salimos a la calle para apoyar despidos de trabajadores de la educación. Nos atraviesan multiplicidad de temáticas y para mí era muy rico poder mostrar eso.”