Recuerdo del colegio primario: la maestra nos dio diarios, pidió que recortemos buenas noticias… encontramos solo dos. Ahora acá ya tenemos una, aunque digital e imposible de recortar a mano.
Tiene media sanción en la Cámara de Diputados de la Nación el proyecto de ley contra el “bullying”, término empleado en referencia al acoso/hostigamiento escolar que, lamentablemente, se castellanizó por su grado de existencia (al igual que “stalker”). La cronología del bullying fue primero el hecho, luego su denominación y, si tenemos suerte, la línea continúa hacia la instauración de un derecho protegido. Se trata de intervenir en el acoso psicológico, verbal o físico.
No es menor que este proyecto haya surgido en base a los casos que se difundieron en los medios, los cuales solemos criticar por sus excentricidades y sus particulares notas de color que nos inmunizan, las ediciones que descontextualizan y tergiversan sentidos, la ficcionalizacion de casos reales y la banalización de temas importantes, la explotación del morbo y el sufrimiento. Bueno, en este caso ha sido diferente. El proyecto fue tratado ayer y contó con el apoyo de todos los partidos.

Simple y claro
El primer artículo es muy conciso: “La presente ley establece las bases para la promoción, intervención institucional y la investigación y recopilación de experiencias sobre la convivencia así como sobre el abordaje de la conflictividad en las instituciones educativas de todos los niveles y modalidades del sistema educativo nacional no universitario”. Sería muy bueno al igual que este, que todos los proyectos y las leyes abandonen los tecnicismos, en la medida de lo posible, para evitar barreras entre las personas y las leyes.
Cuidados
La diputada nacional por el Frente para la Victoria, Mara Brawer, es la ideóloga del proyecto de ley de prevención de situaciones violentas en las escuelas. Explicó que el fin es la no estigmatización, “para la promoción de la convivencia y el abordaje de la conflictividad en las instituciones educativas”. Fija la responsabilidad en el Ministerio de Educación. El acento es puesto en las escuelas y apunta a los vínculos en las escuelas y colegios. La diputada explicó: “si se pone el acento en el pibe, se lo estigmatiza”.
Además, resulta interesante y positivo el enfoque de las sanciones, que no pierden su carácter educativo, y buscan “enmarcarse en un proceso que posibilite hacerse responsable progresivamente de sus actos, garantizando el derecho del estudiante a ser escuchado y a formular su descargo”.
Serán igual de importantes las posibles campañas de concientización.
El hostigamiento escolar no es un juego de niños.