Con el afán de continuar transitando cocinas internacionales y sabores excéntricos, caí en este lugar tan particular que amerita unas palabras. Debo admitir que no tenía mucha idea de la esencia de esta cocina y no la pasé del todo bien.
Antes que nada, quiero aclarar que la atmósfera de este restaurant es realmente única, eso es innegable. Muy tranquilo, ideal para conversar y despejar la cabeza. Mítico, algunos dirían, y un tanto zen. Su ambientación realmente transporta a este país tan reconocido por su riqueza cultural y comercial. Entre tanta descripción olvidé mencionar que estoy hablando de Mumbai–Indian Spirit. Hasta ahí vamos bien.
Una carta que prometía muchas cosas, no solo en los platos sino también en su seleccionada lista de tragos que combinaba, entre otros ingredientes, jengibre, mango y lemon grass. No quiero dejar de mencionar la selección de panes artesanales al horno de barro, con ajo, menta y el tradicional chapati.
Un mensaje en letra imprenta decía “Picante solo si usted lo pide” o algo así, si mal no recuerdo. Al momento de hacer el pedido, conociéndome, le dije a la camarera, por favor no muy picante y la respuesta fue «el plato viene estándar». En fin, como primera sugerencia, sacaría ese mensaje en letra imprenta, ya que de nada sirvió.
Me decidí por los currys de pollo, pollo tandoori (la especialidad), cordero y langostinos. Voy a hacer un stop y comentar que estos platos rondan los 75 pesos y el acompañamiento de vegetales y arroz se pide aparte, el agua sale 15 y el cubierto 12, para que tengan una idea de los precios. Estuve buscando por la web qué se entiende por cubierto o servicio de mesa y encontré distintas definiciones: algunas hablan del subsidio a los platos más caros, otras dicen que incluye la mantelería, vajilla, una copa de bienvenida o entrada y, a veces, dependiendo del lugar, la atención del personal. En este caso, ni siquiera una panera que amortiguara los jugos gástricos durante esta larga espera.
Luego de una hora, llegaron los platos… pero el camarero no sabía qué era qué y menos los comensales. A simple vista todos parecían iguales, al fin y al cabo, eran todos currys y del mismo color.
El primer bocado fue interesante, el segundo fuerte y el tercero un incendio, mi garganta ardía, prácticamente, en llamas. No había forma de sobrellevar la situación. El agua bajó a velocidad luz y por mi cabeza pasaban imágenes de Ben Stiller cenando con Polly en aquel lugar de comida hindú. Por suerte la historia no terminó en el toilette ni mi frente sudó de tal manera. Quiero aclarar que la calidad del plato fue excelente y los sabores y aromas únicos, pero no pude disfrutarlo porque cada bocado era un suplicio. Me vi forzada a pedir el arroz y el pan para poder seguir adelante con el plato, el cual tardó años en llegar, desafortunadamente. Nadie me explicó que el arroz y el pan eran requisitos obligatorios en esta cocina.
¿Qué les puedo decir? Si sus paladares aguantan y el estómago no les ruge pidiendo otro alimento, vayan. Los platos lo valen y lo van a disfrutar, de lo contrario, opten por otro destino. Acá les dejo mi vivencia y opinión, la decisión está en ustedes.