Desde 1948, la relación palestino-israelí viene en detrimento y también se generó una grieta. Sí, así como lo lees, en Medio Oriente también hay grieta. La de los que apoyan a Israel en su expansión y derecho a conformar un Estado y, del otro lado, los palestinos que apoyan la devolución de sus territorios y la no desaparición como Estado. ¿Cuál de los dos tiene razón? Quizás ninguno, quizás ambos. La realidad es que desde que comenzó el conflicto -que ya lleva más de medio siglo- los únicos que ganan son la violencia y el odio.

Ya vimos varios capítulos en esta historia y el más reciente iba a suceder este miércoles 1° de julio. Estados unidos en enero de este año diseñó el famoso «Plan de Paz», tal como lo llamó Donald Trump, un plan donde -según sus términos- ambas naciones aceptarían y saldrían victoriosas. Por el lado de Israel anexaría los territorios ya ocupados por los colonos en Cisjordania y así también se le daría total dominio del Valle de Jordán y, por su parte, Palestina tendría una autonomía limitada y la división de su territorio, algo que no convenció para nada a la autoridad palestina.

¿Plan de paz o incoherencia urgente?

¿Alguien hizo algún chequeo de este plan? Anexar los polémicos territorios ocupados por Cisjordania a Israel desataría la ira no solo de los palestinos sino de gran parte de la comunidad internacional. La anexión iba a ser este 1° de julio y, según el mandatario norteamericano, todos saldrían contentos y terminaría con un conflicto eterno. A contramano de esto, solo se generó mayor división y un gran apoyo internacional a la no aceptación del plan.

Gran Bretaña, el gran aliado y mano derecha de Estados Unidos, puso el grito en el cielo a través de su primer ministro, Boris Johnson, quien se refirió al suceso al expresar que no van a reconocer el plan de anexar los territorios ocupados de Cisjordania. También afirmó no estar de acuerdo y que viola la ley internacional, ya que es una ocupación ilegal sobre ese territorio. Asimismo, se pronunció en que no reconocerá ningún cambio en las fronteras anteriores a 1967. Pone en riesgo la frágil estabilidad regional y el leve acercamiento a los países árabes.

Para Boris Johnson, la única solución posible es volver a una mesa de negociaciones entre ambas partes en la que israelíes y palestinos se sienten para acordar la mejor opción, cosa que hace tiempo no sucede. Este plan trajo controversias, sobre todo en la comunidad internacional, porque trajo divisiones que no se pensaron de ante mano, divisiones generadas hasta dentro de la misma sociedad israelí.

Algunos países europeos amenazaron con sancionar a Israel en caso de anexar esos territorios, así como también hubo rechazo global al plan como, por ejemplo, en la Organización de las Naciones Unidas (ONU), la Liga Árabe, el Consejo de Seguridad, entre otros. Esta iniciativa no es viable y, si te quedan dudas, observá el rechazo mundial que generó no solo en las potencias sino hasta en países «con poco peso» geopolítico.

Lo llamaron «Plan de Ppaz», pero no acercó nada de eso en la región sino que trajo más odio y problemas, como si al mundo no le faltaran ante la situación pandémica que estamos viviendo. ¿Era el momento de realizar esta movida? ¿Era necesario? Algo salió mal, ya que por el momento no se realizará y, ojalá, ambas partes vuelvan a sentarse a dialogar y entiendan que lo que vive el mundo es una oportunidad para el cambio.