La leishmaniosis es una enfermedad parasitaria muy grave que afecta a miles de perros en Sudamérica, principalmente en Brasil, Paraguay y el noreste de la Argentina. Se transmite a través de la picadura de un pequeño insecto volador llamado flebótomo. Este se alimenta de sangre y suele mostrar su peor cara durante la noche, aunque se han dado casos por transmisión vertical, es decir, de madres a hijos. Se trata de una patología que afecta a animales y a humanos, aunque en esta ocasión nos centraremos en nuestros denominados «mejores amigos».
El nordeste de Argentina es la zona más afectada, principalmente la provincia de Misiones, considerada el epicentro según el doctor Octavio Estévez, clínico dedicado a esta enfermedad en la ciudad de Posadas (vale destacar que existieron casos en otros lugares como Corrientes, Formosa, Chaco y Entre Ríos). De acuerdo al área de expansión del insecto vector en Buenos Aires, no se han dado casos autóctonos porque las condiciones ambientales no permiten la convivencia con el flebótomo. Según el doctor, «en la ciudad porteña, como en otros sitios de la Argentina, se presentan casos no autóctonos porque no está presente el flebótomo».
Es una afección catalogada dentro de las enfermedades de denuncia obligatoria y se puede manifestar en cualquier época del año. En cuanto al tipo de razas que presentan mayor riesgo de contraerla, el experto afirmó que la leishmaniosis no es discriminatoria y afecta tanto a canes grandes como pequeños, de pelo largo o corto. De hecho, es falsa la creencia general de que los perros de pelo largo están más protegidos, pues este flebótomo pica principalmente en los labios, orejas y nariz. Entre 2006 y 2012, el doctor Estévez y su equipo en el área de Misiones han diagnosticado cerca de 3.000 casos de leishmaniosis canina. Los síntomas más frecuentes en estos lindos animalitos son los que se presentan en la piel (con una existencia aproximadamente en el 80% de los animales enfermos), seguido por la inflamación de los ganglios (en un 70% de los pacientes) y los síntomas generales como fiebre, apatía, adelgazamiento y atrofia muscular (presentes en un 40%) son también muy frecuentes.
Según Estévez, «el tratamiento que se aplica es muy variable, algunos necesitan más atenciones que otros, según el estado de la enfermedad en el cuerpo. Algunos lo necesitan de por vida, y son muy largos. Por tanto el coste es alto». Asimismo, el especialista afirmó: «Lo que nunca se debe hacer es dejar de revisar la enfermedad con los correspondientes análisis y monitoreos, ya que es crónica y de lo que se trata es de devolver al animalito una vida con la mayor calidad posible». Los veterinarios privados se enfrentan a dificultades diagnósticas, no porque el parásito mute, sino porque es difícil determinar cuándo un animal es negativo, o realizar el seguimiento de la evolución de la enfermedad cuando se carece de un método cuantitativo para medir en el suero los niveles de anticuerpos que van cambiando en el tiempo.
El diagnóstico de la enfermedad se realiza buscando el parásito mediante el examen microscópico de muestras obtenidas de ciertos tejidos de los animales. También se emplea un test rápido que, con una muestra de sangre del perro, a los pocos minutos se obtiene un diagnóstico (semejante a lo que sería un test de embarazo) y que sirve cuando se está frente a un animal sospechoso con síntomas compatibles. El problema que tiene este sistema es que no permite cuantificar la evolución de la enfermedad y, además, puede arrojar resultados equívocos en animales que no tienen síntomas. En este sentido, el doctor Octavio Estévez destacó que «los propietarios de los animales afectados están apostando por la recuperación de sus canes, incluso comprando las novedades en los medicamentos en el exterior», y añadió que «Argentina no cuenta con ninguna comercialización de vacunas contra la leishmaniosis porque el gobierno no ha aprobado su uso».
La cara más dura de esta afección la muestran, como siempre, los perros que no cuentan con la protección de sus amos ni con la de los organismos públicos. A los canes callejeros afectados, por lo general, se les aplica la eutanasia, pues son considerados por Sanidad una fuente potencial de contagio. Por ello, las autoridades no recomiendan las vacunas ni el tratamiento. El gremio veterinario continúa investigando la fórmula que permita hacer frente a la enfermedad y lucha por los derechos de los animales. Para finalizar, el doctor Estévez manifestó que «los canes deben ser socorridos sin descuidar la salud pública».
Artículo elaborado especialmente para puntocero por Lourdes Fajardo Aguado.